Desde septiembre soy madre.
Pero la palabra me parece tan grande que no puedo pronunciarla. Se me queda atrapada en la garganta.
Desde septiembre soy madre.
La empleo, por primera vez, cuando me llama la pediatra y se refiere a mí como la madre de la criatura. Yo la repito entre titubeos porque me parece una catedral en la que no quepo.
Desde septiembre soy madre.
Y tengo un cuerpo que a ratos no me pertenece porque sostiene a un pequeño ser que se nutre de él. Es como si te perteneciese más a ti que a mí misma. Y esto me parece increíblemente milagroso e igualmente extraño. Me fascina y me aterra la idea de ser tu madre. La ambivalencia lo abraza todo desde que estás aquí.
Desde septiembre soy madre.
Y pienso más en la muerte. Creo que nunca he querido tanto estar viva.
Desde septiembre soy madre.
Y tras cada pequeña siesta, asisto asombrada a que algo se mueva dentro de la cuna y que ese cuerpecito lo haya hecho yo.
Desde septiembre soy madre.
Y no sé conjugar a la vez los verbos crear y criar.
Desde septiembre soy madre.
Y detesto que se presuponga que hay cosas que ya no quiero hacer por ser madre.
Desde septiembre soy madre.
Y me he vuelto a enamorar de las amigas que me mandan audios, que me llaman, que están cerquita y hacen que este nuevo estar siga siendo sencillo.
Desde septiembre soy madre.
Y me aterra la figura de la madre como un tótem sacrificial, erigido sobre cuerpos exhaustos.
Desde septiembre soy madre.
¿Por qué la maternidad no forma parte de la literatura universal?
Desde septiembre soy madre.
Y siento una soledad compartida, ya me advirtieron las otras, pero opté por esta aventura y siento que no tengo derecho a quejarme.
Desde septiembre soy madre.
Y mi maternidad tardía es una historia compartida, generacional, la crisis también recortó, minó y retrasó nuestro deseo de criar.
Desde septiembre soy madre.
Y la palabra es una fisura, un abismo.
Desde septiembre soy madre.
Y un nuevo lenguaje emergió con tu llegada, haciendo que el sentido y la referencia de las cosas se modificara para siempre.
Desde septiembre soy madre.
Y pego el pelo que se me cae en el cristal de la ducha. Pienso en lo que me cuesta pensar desde que llegaste se me traba la lengua y olvido palabras. Me siento torpe. El pensamiento es mera reacción mamífera ahora.
Desde septiembre soy madre.
Y lo de la crianza en tribu me parece un animal mitológico.
Desde septiembre soy madre.
Y asisto al desamparo del posparto. Ahora que el bebé está fuera de mi cuerpo, este cuerpo ya no merece la pena ser cuidado. Es un territorio blando, expuesto. Nuestros cuerpos parecen ser más importantes con las criaturas dentro, con ellas fuera, son heridas a la intemperie.
Desde septiembre soy madre.
Y soy un mar de dudas, de aprendizaje y de memoria. Descubro que nada de lo que he hecho en mi vida me ha conectado tanto a la mía.
Desde septiembre soy madre.
Y escribo en el suelo —contigo al lado, cómo si no— para que no se me olvide que desde septiembre soy tu madre. Y ese posesivo es un lazo que espero que no te ahogue, que no te pese.
Desde septiembre soy madre.
Y te pienso como fenómeno atmosférico: meteorito, huracán, terremoto, volcán.
Desde septiembre soy madre.
Y el día que te parí me parí a mí misma también.
Desde septiembre soy madre.
Y si nunca entendí las guerras, las entiendo menos ahora.
Desde septiembre soy madre.
Y no, el dolor del parto no se olvida. Y no fue el día más feliz de mi vida. Sí lo fue el día que me devolviste la sonrisa.
Desde septiembre soy madre.
Y sigo buscando las palabras.
