“Las uvas de la ira”, John Ford (1940)
Durante la década de los años 30 del siglo XX, Norteamérica se ve asediada por una depresión económica que dispara el paro a unos niveles alarmantes. El drama que narra la novela de Steinbeck, Las uvas de la ira, fue llevado al cine bajo la visión crítica de uno de los destacados maestros del cine universal, John Ford. Una historia que posee un punto de partida inquietante. Tom Jaed sale de la cárcel en libertad condicional y se dirige a su tierra, Oklahoma, en estos tiempos denominada “Taza de polvo” por la sequedad atmosférica y la miseria que sufren sus habitantes. Su familia, una vez desahuciada, emprende viaje hacia California, con la esperanza de ser trabajadores que podrán recoger la fruta de la región. Advertidos por sus iguales, “la gente pobre”, de que no hay trabajo suficiente para todos, continúan en un viejo camión donde se transportarán los abuelos, los padres, los hijos y algún otro familiar. A su llegada a California, les prohíben acercarse a la ciudad, desviándoles hacia un campamento de donde tendrán que huir.

La película de Ford es un buen ejemplo de lo que Adela Cortina en 1995 denominó con el término “aporofobia”: miedo, rechazo, aversión y desprecio hacia las personas pobres o desamparadas.
En una de las secuencias más duras que nos brinda la película, oiremos esta conversación:
-¿Todos listos? Nos vamos. Muchas gracias. -Tom Jaed
-Válgame el cielo, qué gente tan dura. -Primer empleado de gasolinera
-En Oklahoma, todos son así. -Segundo empleado de gasolinera
-No me gustaría cruzar el desierto en una tartana como esa. -Primer empleado de gasolinera
-Porque tenemos sentido común. Ellos no tienen sentido común, ni sentimientos. -Segundo empleado de gasolinera
-No son humanos. Ningún ser humano viviría como ellos. -Primer empleado de gasolinera
-Un ser humano no aguantaría tanta miseria. -Segundo empleado de gasolinera
-Supongo que no conocen nada mejor. -Primer empleado de gasolinera
Diálogo de una crueldad absoluta. Si no tienes nada que dar a cambio o un beneficio inmediato como la familia de Tom Joad, no ocupas lugar en el mundo, ni eres un referente ético para todo aquel que desprecia lo humano. La reciprocidad del dar para recibir excluye al pobre por no poder dar algo tangible. Con ello se produce una invisibilización de los más vulnerables y se acaba con la democracia y la igualdad. El director, a través de su escritura cinematográfica pura, consigue que los personajes ideados por Steinbeck gocen de gran autenticidad; ayudado por un empático Henry Fonda, se apodera del sentir de los espectadores. El tratamiento que da a los ancianos dentro de su núcleo familiar resulta poco verosímil si lo trasladamos al siglo XXI. Cuando la tierra no da beneficios, quedando estéril, la hambruna se desata y la supervivencia de las familias que viven de sus frutos se resiente. Los tres conceptos que vinculan la resistencia a una situación de tanta precariedad donde se apoya la historia son: familia, tierra y trabajo.
El personaje de la matriarca de los Joad establece fuertes vínculos con Tom Joad, su hijo, representante de la fuerza del trabajo que, junto a ella, serán quienes velen por mantener la familia unida como verdadero sostén de los suyos. Sus intenciones en el contexto del filme tienen un peso crucial. Cuida a la hija embarazada, a la abuela moribunda, hace la comida cuando hay algún alimento para cocinar, lo reparte y lo comparte con niños víctimas de la hambruna infame, cuida la cara de Tom, salvajemente golpeada y hasta baila el sábado por la noche en la fiesta del campamento. Un personaje universal al que oíremos decir al final de la película: “No pueden acabar con nosotros, ni aplastarnos; saldremos siempre adelante porque somos la gente”.

“Los mejores años de nuestra vida”, W. Wyler (1946)
Una película que recrea los daños que provoca la guerra en las personas. La vuelta de tres combatientes norteamericanos de Europa tras participar en la II Guerra Mundial, Al, Fred y Homer, en un avión donde rememoran lo que ha sido su vida antes de la contienda y la incertidumbre ante lo que les espera, determinan la trama de la película. La discapacidad presente en la amputación de las manos del marinero Homer le llena de desaliento e inseguridad ante una boda programada desde la adolescencia con su novia de toda la vida. Al, un atractivo padre de dos hijos tiene que reincorporarse al banco. Su visión de las oportunidades que se les brindan a los excombatientes ha cambiado; no le satisface, cada vez ingiere más alcohol. Fred afronta su llegada en total desacuerdo con la vida que ha llevado su mujer y se enamora de la hija de Al con el consiguiente desacuerdo de este.
-¿Salir y arreglar este asunto en la calle? -Al
-Yo no recomendaría a nadie esa solución. -Fred
-He aprendido mucho en eso de luchar sucio. Sin embargo, contigo podría dejarme llevar y partirte el cuello. Y, no me gustaría. Porque en el fondo me caes muy bien. -Al
-Gracias. -Fred
-Pero no me gusta que te veas con Peggy por las esquinas, a escondidas. Te aviso con toda sinceridad. Voy a hacer todo lo posible para apartarla de ti, para hacer que te olvide. Para que se case con un tipo decente que sea capaz de hacerla tan feliz como se merece. -Al
-¿Es eso todo?, ¿no? Descuida, no la veré, aunque me cueste mucho, te lo garantizo. No volveré a verla nunca. La llamaré y se lo diré. ¿Te das por satisfecho? -Fred
-Sí. -Al
-¿Quieres hablar de algo más? -Fred
-No. -Al
-Bien, amigo, adiós. -Fred
Adiós, Fred. -Al
Yo pago. -Fred

La compleja reinserción de los excombatientes tras la guerra sirve al director, acompañado de un potente guion, para realizar una película sin desequilibrios y con un ritmo que no pierde efecto en todo el metraje. Una historia está en la que el drama se acompaña de golpes de humor protagonizados por la pareja formada por Fredric March y Myrna Loy. Filme que pone todo su empeño en hacer un retrato de la vida norteamericana con todos sus pormenores. Con ello se pretendió sensibilizar a los públicos ante la difícil situación que tenían los excombatientes para reinsertarse a una nueva vida civil que continuaba tras su ausencia. Wyler, el telón de fondo que ilumina la guerra como experiencia que determina la misma, constituye el centro de su argumentación. La vida debe continuar dejando atrás la crueldad bélica. La interrupción de la vida y la continuidad hacen mella en el matrimonio de Al. La personalidad de Fred ha cambiado y Homer no se parece a sí mismo tras la amputación de sus manos. Las claves de la recuperación de una nueva normalidad recaen en el matrimonio y la incorporación al trabajo.
“La ley del silencio” Elia Kazan (1954)

Refleja la vida de los estibadores del puerto de Nueva York que, enfrentados a la organización sindical mafiosa controladora del trabajo, exige a los trabajadores portuarios una cuota y monta huelgas para que los armadores paguen un porcentaje de la mercancía que se mueve por los muelles del puerto. La consigna: “No hacer preguntas y mucho menos contestarlas”. El sacerdote del barrio habla contra el hampa y la explotación de los obreros a manos de la organización criminal. Las cuestiones afectivas, en concreto el enamoramiento de Terry Malloy (Marlon Brando) por Edie Doyle (Eva Marie Saint), dan un giro a la justicia. Donde la conciencia sufre un varapalo y no deja actuar con indiferencia. Un alto contenido moral vapulea al protagonista, que frente a los comportamientos marcados por la ética de los mafiosos le llevan a luchar contra los mismos. Casi a punto de perder la vida, el protagonista consigue darle la vuelta a la situación social de los trabajadores de los muelles. Contando con escenarios de exterior e interior para su puesta en escena, su maravillosa fotografía en blanco y negro se la debe a Boris Kaufman. Muelles, azoteas, calles, parques, iglesias. La composición de Leonard Bernstein dejó constancia para la posteridad como un clásico del género. La consideración de la película es cine negro, donde la lucha de un hombre contra la organización criminal y el papel de la mujer que ama son la columna vertebral de la historia. Fueron los 24 artículos de Malcom Johanson sobre la corrupción sindical publicados en el New York Sun un reto para la productora.
Una de las secuencias de la película alude a lo siguiente:
-Algunos creen que la crucifixión solo tuvo lugar en el calvario. Más vale que espabilen. Quitarle la vida a Joe Doyle para que no testifique es una crucifixión. Tirar una eslinga encima de Kayo Dugan porque estaba dispuesto a contarlo todo mañana es una crucifixión. Cada vez que la mafia presiona a un buen hombre y trata de evitar que cumpla su deber como ciudadano, es una crucifixión. Y cualquiera que se quede sin hacer nada, permitiendo que ocurra, que no hable sobre algo que sabe que ha ocurrido, tiene tanta culpa… como el soldado romano que pinchó el cadáver de nuestro Señor para ver si estaba muerto. -Padre Barry
-Vuelva a su iglesia, padre.-Estibador

“Las uvas de la ira” John Ford, (1940); “Los mejores años de nuestra vida” W. Wyler, (1946) y “La ley del silencio” Elia Kazan, (1954), las tres películas aludidas, nos hablan de familias que se enfrentan a situaciones críticas para sobrevivir. El trabajo que realizan es diferente en cuanto a su desarrollo cotidiano, plasma las formas de habitar el mundo de los trabajadores manuales y de “cuello blanco”. El cultivo de la tierra fundamenta las bases económicas de la familia Joad en “Las uvas de la ira”; unos grandes almacenes, una prestación pública por discapacidad se adivina en “Los mejores años de nuestra vida”; los sindicatos que tiranizan los muelles la vida de los estibadores en “La ley del silencio”; solo nos queda añadir el trabajo en un banco manejando los créditos prestados a los excombatientes de la II Guerra Mundial y de sus familias en “Los mejores años de nuestra vida”. Los campos de Oklahoma perdidos o expropiados darán lugar a la migración de las familias hacia la tierra prometida, en este caso llamada California. Comparten desgracia los estibadores de Nueva York que llevan la opresión y el asesinato añadidos a su pobreza material. Por otra parte, la inadaptación de los excombatientes a su nueva vida civil les posiciona en una verdad incómoda. Se olvidaron de que la vida pretérita era otra cosa; deben reconquistarla o conseguir una nueva vida con mirada futura.
Hay que señalar que las tres películas tienen en común dualidades establecidas entre los personajes que las pueblan. El peso de la narración recae en la madre y el hijo – “Las uvas de la ira”-, Tom Joad y Sra. Joad; entre el joven Terry Malloy y el padre Barry – “La ley del silencio” – y, en el caso de “Los mejores años de nuestra vida”, el trío formado por Al, Fred y Homer impulsa la historia, dándose la dualidad entre Al y su mujer, Fred y la hija de Al y Homer y su novia desde la infancia.
Tom Joad representa la fuerza del trabajo, el sustento familiar, la protección ante situaciones adversas, y su madre infringe la conciencia y la moral deseando que piense cada acto de su vida. Si en un primer momento la vemos preocupada por la seguridad y posibles efectos que la situación social puede provocar en Tom, la evolución de la película la lleva a perdonar y aceptar como buena la acción de matar a un hombre en defensa del amigo; sus criterios evolucionan en función del largo camino de la infamia. En “La ley del silencio”, Terry Malloy va dejando que el sacerdote le dicte criterios morales ante las muertes de los estibadores llevadas a cabo por los mafiosos que controlan el sindicato y acaba convirtiéndole en poco menos que un mártir crucificado. La evolución de las vivencias de los personajes de “Los mejores años de nuestra vida”es diferente. Caminan hacia la consecución de un futuro próximo, inmediato, no sin desvelo. Al final todo se ordena.
Las películas de Ford, Wyler y Kazan son una muestra irrefutable del cine como reflejo de su tiempo. Cada época alumbra los propios temores. En la película de Ford asistimos a las consecuencias de la especulación descontrolada que tuvo lugar durante los años 20, que dio lugar al crac del 29, viniendo a coincidir con el comienzo de la Gran Depresión. La crisis del subconsumo, los bancos quiebran, los particulares retiran sus depósitos, los préstamos caen en impago, los agricultores se aminoran con la caída de los precios agrícolas; junto a ello se dió una gran sequía provocada por las fuertes tormentas de polvo que arruinó la agricultura de las llanuras y praderas. La película de Wyler muestra la II Guerra Mundial y la colaboración en ella de EE.UU., que trajo consecuencias demoledoras para los excombatientes. Los tres combatientes sufren en mayor o menor grado las secuelas de esta, daños físicos y estrés postraumático. Uno de ellos está aquejado de neurosis de guerra, que le altera su capacidad para conciliar el sueño, sintiéndose inseguro y sin encontrar sentido a lo que le toca vivir. Revive los combates y tiene terrores nocturnos. En el caso del marinero que pierde sus manos, su depresión le lleva al aislamiento, presentando irritabilidad y dificultad para integrarse en su familia y su novia de toda la vida debido a su lesión incapacitante. En el caso del tercer protagonista, no solo tiene que integrarse en su estructura familiar formada por su mujer y sus dos hijos, al igual que incorporarse a su puesto de trabajo en el banco, ocupando un lugar que le reservan para la cesión de créditos a los excombatientes. La dureza y vivencias de la guerra hacen que sus puntos de vista y los del director del banco no coincidan, dando lugar a posibles conflictos.
Dichos conflictos se hacen presentes en la película de Kazan donde la dureza de unos trabajadores con los otros los lleva hasta provocar la muerte de alguno de ellos. Los conflictos sindicales de la época constituyen un buen ejemplo de la mafia poderosa que tenía todo el trabajo en sus manos y lo repartía con criterios que no apuntaban a la justicia y la equidad.
Tres historias desarrolladas durante la primera mitad del siglo XX que tienen mucho que decir del mundo actual del primer tercio del siglo XXI.