La Compañía Criolla tiene una gran trayectoría en llevar a la actualidad textos clásicos, para que el público los pueda revivirlos. En este caso es “Sueño“, la obra infantil con la que estarán en el Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz (FIT) el día 20 en el Gran Teatro Falla, además la compañía estará con Diabla. Emiliano Dionisi, dramaturgo, director y actor de Sueño nos habla de este trabajo que nos hará volver a Shakespeare.
Sueño es un clásico que se puede disfrutar en familia, además de ser una puerta de entrada muy placentera a las obras de Shakespeare. La obra es un auténtico torbellino teatral lleno de poesía, humor, recursos escénicos y despliegue físico. La historia narra la reunión de cuatro intérpretes que se preparan para ensayar en un bosque y allí descubren seres mágicos dispuestos a jugar caprichosamente con sus emociones.
¿Cómo nace tu pasión por el teatro y cuál es tu primer recuerdo a nivel profesional?
Hago teatro desde que tengo uso de razón, no, de juego, en la escuela; no tengo familiares artistas, mis familias son textiles desde mis bisabuelos, pero hay algo que siempre se mantuvo en mi familia que tiene que ver con respetar el deseo, con estar muy atentos al deseo de sus hijos y respetarlo.
Entonces mis hermanos y yo fuimos como muy, muy libres en, en, en lo que quisimos hacer y se ve que, bueno, vieron algo en mí que tenía que ver con lo expresivo, con lo creativo. Entonces rápidamente, a los 4 o 5 años, ya empecé a tomar mis primeras clases de teatro, empecé en el grupo de teatro de la escuela, y nunca dudé que era lo que quería hacer para vivir. Siempre fue mi vocación y, como tuve el apoyo, por suerte nunca tuve la confusión.
Era simplemente dejar que la vida suceda sabiendo que iba a transitar en esos caminos. Mi primer recuerdo profesional fue un paso muy importante que me marcó sin duda. Yo iba a la escuela de Hugo Midón, que es un director teatral y escritor y autor argentino extraordinario, extraordinario, y me enteré en su escuela de que había una audición para el Teatro San Martín, que es el teatro oficial de la ciudad de Buenos Aires, para Galileo Galilei de Brecht, y yo tenía 11 años, una cosa así.
Había un personaje menor y él me contó esta audición, me ayudó a prepararla, cosa que hoy en día sigo eternamente agradecido porque no tenía por qué hacerlo y sin embargo lo hizo. Fui a la audición, la dirigió Rubén Schumacher, que es un director fantástico, y tuve mi primera experiencia profesional en una de las salas más emblemáticas de la ciudad de Buenos Aires con un texto de Brecht. yo creo que no tenía conciencia de lo que estaba haciendo, sí me lo tomé con mucha responsabilidad y mucho asombro. Descubrí… yo ya hacía teatro, pero descubrí la escala.
La escala que tenía el teatro en la ciudad de Buenos Aires. Descubrí actores fantásticos, descubrí la rigurosidad que se tenía que tener al momento de encarnar un espectáculo profesional y lejos de padecerlo, porque yo mientras hacía la escuela y iba a algunos cumpleaños y hacía cosas que hacen los chicos de 11 años, lejos de todo eso, reafirmó un camino, reafirmó un camino que sabía que yo quería transitar.
Sueño, tiene un clásico como componente, Shakespeare, ¿son los más clásicos esas obras inagotables que se vuelven más contemporáneas?
Los clásicos los que tienen es que, bueno, pasan los siglos, los seguimos haciendo porque hablan de la naturaleza humana. El secreto es ese. Hablan de la naturaleza humana con un virtuosismo tal que se siguen haciendo y se siguen representando.
Yo siempre digo que, aunque se haga mal, algo sucede. He visto versiones del teatro clásico que no me han gustado por cómo estaban realizadas y, sin embargo, cuando termina, hay una emoción que me invade porque la obra es tan contundente que, bueno, algo sucede de todas maneras. Y además creo que todo eso que te digo hace que sean perfectas para jugar, para hablar de nosotros hoy, para convertirlas en lenguajes que tengamos ganas de experimentar, lejos de creer que hay que hacerlas de manera a lo museo, representativas a lo museo.
Creo que tenemos que entender cómo los clásicos vibran hoy porque tienen mucho para decirnos, pero tienen mucho para decirnos siempre y cuando podamos hacerlos resonar en los espectadores, en los espacios y en el presente. El teatro es presente. Entonces, bueno, cuando hay una obra que se escribe hace 500 años, se resignifica en el presente, sucede algo mágico e inigualable.
Cuándo realizas un trabajo enfocado más a la infancia o adolescencia, ¿en qué cambia la dramaturgia?
Me encanta trabajar para infancias y adolescencias. No suelo hacer espectáculos que sólo apunten ese público, es decir, no hago infantiles. Hago espectáculos que funcionan muy bien con niños, que captan la atención y la emoción de los adolescentes, que siempre digo que son una brecha que nos queda muy descuidada, porque los espectáculos para niños les quedan chiquitos y los espectáculos para grandes todavía no los convocan.
Entonces me encanta porque son ávidos de reflejarse y de repensarse, y emocionalmente son muy burbujeantes, entonces son espectadores fantásticos. Pero sí hago espectáculos que intento que agarren la platea entera. Entiendo que un niño no va solo, entonces también le hablo a su acompañante, y no con guiños, con la historia, con la emoción, con la belleza.
La belleza no tiene edad, la belleza no tiene conocimiento. Me refiero a que no hace falta conocer de Shakespeare o del Teatro Universal o tener una sabiduría específica para dejarse conmocionar por algo bello sobre un escenario. Entonces la dramaturgia no cambia demasiado.
No, no cambia demasiado. Cuando sé que la historia se va a lugares más oscuros, ni siquiera más oscuros, lo estoy pensando mientras lo digo, perdón, más ambiguos. Una historia para adultos puede ser ambigua, en el sentido de que puede dejar más incógnitas que certezas, porque las incógnitas, vos podés dejar a un adulto con incógnitas irresueltas.
A niños y adolescentes no tanto, que no quiere decir dar lecciones y moralejas, pero sí me aseguro, acá está, ahí la encontré, pero sí me aseguro que en el teatro que incluye a niños y adolescentes haya una puerta de esperanza, haya una salida visible. Puedo plantear un problema, puedo no plantear una solución, pero no puedo dejar que ese público se vaya con desasosiego. Necesitamos que ese público sienta que hay una forma de seguir adelante y una forma luminosa de cambiar las cosas.
Eso sí creo que no nos podemos permitir.
¿Quién es el público más difícil de conquistar: el infantil o el adulto?
Creo que los dos tienen sus dificultades. El infantil lo que tiene que es tremendo y aterrador es que no tiene ningún tipo de pudor ni de convención social de buenos modales y si se aburre te lo va a demostrar inmediatamente, no diciéndotelo, pero sí hablando, distrayéndose, me quiero ir al baño, me quiero ir, cuando termina en voz alta. Es un público que no tiene concesiones.
Al mismo tiempo te digo, cuando lográs conquistarlo, una platea llena de gente joven es una platea eléctrica, tiene una electricidad emocional y de respuesta y de atención que no se compara con nada, con nada. Y el teatro para adultos, bueno, sí, contás con la ventaja de que somos más políticamente correctos, si no nos gusta miramos el reloj o el celular un par de veces, cosa que detesto en el teatro, pero bueno, miramos para arriba, pensamos en otra cosa o suspiramos un par de veces y nos vamos, pero somos, pero al final, aunque sea bajito, aplaudimos y nos vamos y a lo sumo nos la recomendamos o cuando vamos a tomar un vino después de la función la criticamos, pero también tiene su dificultad de que bueno, que es un público que viene con otras expectativas, que es más difícil de sorprender y que tiene el peso del día y de la vida y de los años encima. Los niños y las niñas están dispuestos, y los adolescentes también, están dispuestos a suspender momentáneamente su vida para pasar un momento extraordinario.
Al adulto lo tenés que compensar de que esa hora, hora y media que dura un espectáculo, vale la pena olvidarse, suspender lo que está pasando en la vida cotidiana para dejarse arrastrar por un momento extraordinario.

Si nos tuvieras que definir en una frase, como continuarías Sueño es:
Sueño es el deseo de volver a actuar.
Nosotros hicimos esa obra postpandemia; es una obra que yo amo desde adolescente, que siempre quise hacer. Yo en la pandemia me deprimí muchísimo y pensé que nunca más íbamos a volver a actuar en vivo; cuando todavía no estaban ni a la vista las vacunas ni nada, a mí me agarró una depresión fatal. Y cuando me enteré de que los primeros espacios para actuar iban a ser al aire libre, pensé: Bueno, ¿qué obra se puede no solo hacer al aire libre, sino que tiene sentido hacerse en ese espacio?
Así que Sueño se estrenó en los jardines de los museos de la ciudad de Buenos Aires. y la hice a medida de mi compañía. La hice para mí, la hice para mis colegas más queridos, la hice con mucho amor y es una obra que seguimos haciendo, tiene más de 300 funciones y adoramos hacerla, adoramos hacerla. Así que termina hablando de eso, del disfrute de la actuación. Eso sería Sueño.
¿Cómo está siendo su acogida?
La acogida está siendo hermosa, y me siento un afortunado. El Sueño tiene ya trescientas y pico de funciones.
Poder mostrar nuestro trabajo en el mundo, compartirlo, crecer, conocer otras compañías. Me lo digo a mí porque a veces me atormento más de lo que debiera, pero estamos viviendo la vida que soñamos, que es sentarnos a imaginar historias sorprendentes y compartirlas con la gente. Y la gente las está escuchando.
Estoy muy agradecido.
Si nos tuvieras que mandar una invitación para que no pudiéramos faltar a la representación de Sueño, ¿cuál sería?
Los invito a vivir una hora extraordinaria, y extraordinaria no me refiero a algo increíble, sino algo fuera del ordinario de las personas, que te quite de tu cotidiano. Y yo creo que eso es un regalazo.
¿Un sueño por cumplir?
Creo que tenemos una responsabilidad en el teatro y un privilegio, que es el poder regalar un recuerdo para toda la vida. Mi sueño es poder seguir regalando emociones y que la gente se las lleve en algún rincón del corazón para siempre.
FICHA TÉCNICA
Dramaturgia y dirección: Emiliano Dionisi.
Elenco: Mercedes Torre, Mariana Caracciolo, Tomás Castiglione y Emiliano Dionisi.
Diseño de vestuario: Marisol Castañeda.
Diseño de escenografía: Gonzalo Córdoba Estevez.
Música original: Martín Rodriguez.
Producción general: Sebastián Ezcurra / Compañía Criolla
Distribución en Europa: Emilia Yagüe Producciones