Hoy día 30 de abril, día internacional del jazz, publicamos la entrevista que Yuley Díaz nos ha concedido con motivo de su participación en el Festival Afro Blue el viernes 5 de junio.
La artista cubana lleva la cultura en la sangre, desde sus bisabuelos hasta su padre, desde el piano con Bebo Baldés y su hija Miriam, o desde el humorista y compositor Jorge Díaz, su padre, muchos más, pero esto es solo un pequeño referente de su familia. Admite que el hecho de haber nacido en una familia donde la música y el arte están casi por naturaleza no da una carrera consolidada; la suya ha sido piano a piano, nunca mejor dicho.
Hace como 100 años ya el piano estaba ahí, desde mis bisabuelos, mis tíos bisabuelos, mis abuelos, mis tías que estudiaron música, mi padre que es compositor y yo decidí seguir. Cuando vienes de artistas con una trayectoria larga, sí, a veces es muy difícil porque se puede generar muchísima presión. Sobre todo cuando uno empieza a veces muy pequeño en este camino, que es el caso en Cuba, siempre exigen de manera muy profesional desde que era muy niña. Entonces uno a veces como que confunde la identidad con esa profesión, con decir “toco bien”, y uno puede creer que todo está ya hecho. Incluso genera un poco de vértigo, de inseguridad: “¿Esto es lo que yo realmente quería?”. Es complicado. Es mi tía, la hija del gran Bebo Valdés, Miriam Valdés, quien tenía un taller de música para niños y me abrió las puertas al mundo de la música. Comenzó como un juego, hasta llegar al día de hoy, que es una gran parte de mi vida, no puedo vivir sin el piano, y en esa vorágine comencé en la música, pero sobre todo respirando piano.
Hace 20 años que llegó a España, y nos comenta que está muy agradecida por cómo ha sido acogida —Cuba es mi país y Madrid mi segundo hogar— y por todo lo que ha construido y cuánto ha crecido aquí. Aquí siguió con sus clases de piano, en la Escuela Creativa, hasta llegar a estar dentro de muchos musicales y espectáculos teatrales: Sound of Music, Cabaret, West Side Story, Matilda, Cruz de Navajas y, en la actualidad, en Los Miserables y Wah, y también ser docente en SOM Academy (como profesora en la parte de musicales, algo que nos dice que es tremendamente especial).
¿Cómo recuerdas tus inicios y cómo ha sido tu progresión durante estos 20 años? Esa progresión ha sido un proceso muy especial y gratificante para mí. De hecho, sacar el proyecto como tal para mí tiene un significado muy profundo de identidad y de superación. Por la presión, por venir de una escuela clásica que es muy dura. El conservatorio clásico suele tener una manera de enseñar un poco tensa, hostil, de hecho cuando me gradué decidí separarme del piano para entender qué es lo que realmente yo quería, quién era yo. En ese momento es cuando me vine a España, y costó encontrarme porque además estaba sola, sin familia cercana, pero fui conociendo a gente que me ayudó. En la Escuela Creativa empecé a aprender armonía, porque todo este sonido moderno, en Cuba yo no lo tenía. No te permitían como saltar lo popular, que le llaman, otras músicas, sonidos más modernos; y aquí es que empezó a abrirse un poco el sonido, y cuando descubrí sobre todo el teatro musical, mi primer musical fue Sound of Music, Sonrisas y Lágrimas; aquí empecé a sentir como a encontrar mi lugar, entre moderno pero con el sonido clásico, y ahí encontré un espacio que fue crucial para mí, también para mi desarrollo vital. Evidentemente, mi música es cubana, porque Cuba es un fuego que no se apaga, así que empecé a mezclar este sonido de Cuba con el sonido del teatro, con las armonías del jazz, por supuestísimo, con la música española; y empecé a hacer esta fusión, que la verdad es que yo no la logro encasillar en un género concreto. Creo que mi música es un poco esos diversos lenguajes unidos, de aquella manera de cómo mi cabeza va funcionando como palomitas de maíz, que van así saliendo. Es esta fusión así, entre las formas clásicas, el sonido del jazz, la música para teatro, la música española, el flamenco; voy ahí creyendo en mí y sacando lo que realmente siento y mi verdad, que es algo esencial para mí.
Ya empiezo cada vez a confiar más en mi instinto, en lo que realmente siento y en lo que pienso, que yo sueno así y esta es mi manera de sentir la música, de mostrarla. Que es muy clásica para algunos, para los jazzistas, pues sí. Que es muy jazz; para los clásicos, pues también, que no es tan cubana para los que están en Cuba, pues sí, que es supercubana para los que están aquí, pero esto soy yo y esta es la verdad y por aquí voy a seguir este camino.
En 2024 lanzó Soledad 518, cuyo título hace referencia a su casa de Cuba; nos cuenta que para ella de dónde viene, donde encontró la música: es raíz, fuerza, identidad.
¿Cómo ha sido la composición de ese disco y todo el proceso? Ha sido muy complejo, porque hacerlo todo solo, aquí en España, es complicado, cuando a veces no hay tantas ayudas o no está pensado el país para que uno emprenda. Todo esto lleva muchos recursos, tiempo, enfoque y orientación, y ha sido duro y todavía lo sigue siendo, porque no es fácil sacar un proyecto solo. Cuando uno no tiene un equipo y recursos como para que todo ruede mucho más rápido, lo importante es no rendirse en el camino, decir: “Quiero esto”. Yo creo que este es el único camino que tengo -en el sentido de que yo amo el teatro, lo adoro, espero no separarme nunca de él, al menos no para siempre- pero para mí sacar mi música viene de un lugar muy profundo y me dije: “Por encima de todo, tengo que hacerlo, cueste lo que me cueste”. Entonces muy despacito, me tardo, a veces los temas los hago en un momento, pero los tengo que grabar muchísimo más tarde, o los puedo sacar, bueno, después, muy despacio, pero yo pienso que es para mí lo único que me llena realmente el alma.

En cierta forma las canciones que compuso no eran para lanzar un disco, sino como desarrollo creativo suyo, dice que fueron brotando solas, y fue su padre quien dijo que esas canciones había que sacarlas de alguna manera. Nos cuenta que se apoyó en su primo Cucurucho Valdés, quien ayudó a dar forma y estructurar sus creaciones. Grabó parte en La Habana y parte en Madre, pero todo cocinado a fuego lento, hasta que maduró del todo. La sonoridad de Soledad 518 es amplia, nos hace recorrer su ciudad natal, pero también nos lleva por el jazz, el soul y ritmos muy españoles, hay una mezcla fluida, natural y que nos hará bailar seguro en Segovia.
Mi manera de componer es muy visual, tengo una imagen en la cabeza y a partir de esa imagen va naciendo la canción. Tengo un tema que se llama Mariposa y he compuesto otro titulado Crisálida después de ver un vídeo de cómo se convirtió una oruga en mariposa. Y entonces está Crisálida y a partir de esa imagen hice este tema, que se llama Crisálida, que es una cosa muy cambiante hasta que llega Mariposa y ahí conecto.
El próximo día 5 de junio, Yuley Díaz estará actuando en Afro Blue Festival, y nos comenta que para ella es especial, y que se siente muy honrada de formar parte del mismo. Me identifico mucho con Afro Blue, porque veo que es un festival que tiene como mucha raíz, identidad y mucha verdad. Mi país es un cruce muy potente de herencias africanas, europeas, de la música; realmente es una forma de vivir y de contar quiénes somos y es una alegría. Estamos muy conectados también con lo afroamericano, con lo afrolatino, que es con lo que yo estoy ahora más orientada, con un lenguaje que nace de música de raíz y siento que este festival va por ahí. Sé que tiene muchos estilos y que exploran muchos mundos. Me gusta poder estar en un espacio como este, donde puedan dialogar distintas tradiciones y sentirme conectada, sentirme que formo parte de algo más grande.
Además de parte de las canciones del disco, dice que está preparando algo distinto para el festival, ya que para él es algo nuevo el tocar en un espacio abierto. El lugar invita a expandir un poco más y a proyectar quizás de otra manera, romperá un poco con lo esperado, pero creo que va a ser algo muy bonito y distinto y fresco; voy con mucha energía, pero prefiero no desvelar mucho.
Mi experiencia con el teatro me hace tener cierta relación con lo escénico y eso me parece muy bonito poder trasladarlo a un concierto, todo ayuda. Me gusta que todo en conexión, y eso es importante cuando estás con los músicos en un directo, lo mismo que me aporta el enseñar, porque están trabajando con muchas sonoridades y armonías, que dan muchos tonos musicales a lo que luego hago.
¿Algún proyecto nuevo? Quiero grabar un disco nuevo que se llame Ella porque tengo un tema titulado así, que está dedicado al amor propio. Es una balada que me compuse a mí misma el día que descubrí algo fundamental, que es entender el valor de uno mismo en todo este proceso de emigrar, de pensar que está perdido, que quién soy, para dónde voy… Encontrar el valor, encontrar la valía de uno, que no significa ser ni mejor ni peor que nadie, encontrarse uno mismo; a eso me refiero. Solo está un tema grabado, pero quiero que todo el disco esté dedicado al amor propio y la identidad. Tocaré algunos temas que tengo en mente el día 5 en Segovia.
¿Un sueño por cumplir? Me gusta muchísimo escribir, hice clases de dramaturgia, por lo que un gran sueño sería escribir una obra de teatro, o el guion de una película y también la música para ello. Converger texto con música, porque llegar a una banda sonora que está tan conectada con la imagen me gustaría mucho.
