Por delirante que parezca, a golpe de champán han celebrado algunos de los máximos dirigentes hebreos una nueva ley que permite condenar a morir en la horca a los palestinos y solo a ellos, que sean condenados por terrorismo.
Que es lo mismo que decir a todo el pueblo palestino en tanto en cuanto han sido detenidos incluso niños bajo tal acusación por haber lanzado piedras a un carro de combate israelí tras haber ocupado sus propias tierras, además de por la conocida animadversión y mostrada falta de garantías de la justicia de ese país en estos casos.
De paso, podríamos reprochar también a nuestros queridos amigos saudíes que tienen sometido a su pueblo mediante un cruel régimen feudal pero, claro, allí llevamos la Supercopa de España y se va a jugar un mundial de fútbol.
¿Demagogia? Por supuesto que no, salvo que asumamos con naturalidad lo segundo y hagamos una vez más la vista gorda con lo primero.
Sobre todo en este último caso, cuando vemos como el estado de Israel después de casi 8 décadas expulsando a los palestinos de sus tierras, cuando no exterminándolos directamente, y ensanchando sus fronteras a sangre y fuego, se pasa por el forro todas las resoluciones de la ONU mientras la llamada comunidad internacional mira a otro lado.
Dicho en plata, cometiendo un genocidio sobre el pueblo palestino de la misma manera que los judíos lo padecieron a manos de los nazis en la II Guerra Mundial.
Por eso no debería considerarse un demagogo quién suscribe estas líneas sino quienes se limitan a condenar de manera verbal tales hechos y se quedan solo en eso.
Y se puede hacer mucho. Por ejemplo, en lo que nos ocupa y entre otras muchas cosas, mandar al ostracismo al estado hebreo hasta que dé muestras de asumir todos los errores cometidos desde aquel funesto 1948 cuando su creación e imposición por la fuerza tuvo que pasar por un brutal expolio a los palestinos.
A la vez que sea capaz de comprender que toda solución pasa por el reconocimiento de una nación palestina y el respeto mutuo entre todas las partes del conflicto.
¿Difícil? Mucho, sobre todo, teniendo en cuenta que a un lado u otro la inmensa mayoría de los moradores de aquellas tierras solo han conocido tras los últimos 80 años la violencia, la guerra y por consecuencia un enfermizo odio inducido desde el primer día de su vida.
Pero mientras Israel no desista de sus aspiraciones territoriales y genocidas, por grande y fuerte que sea, la paz jamás llegará a la que, desde hace mucho tiempo, es la región más explosiva del mundo.