La tristeza del payaso

Una escena de El club de los poetas muertos Fuente: Sensacine.com

David Garrick fue uno de los grandes del teatro inglés del siglo XVIII. Actor, dramaturgo, poeta, director, productor, consiguió ser el primer actor enterrado en la Abadía de Westminster, en el rincón de los poetas, cerca de Shakespeare, a quien tantas veces adaptó sobre el escenario.

David Garrick. Fuente: Wikipedia
David Garrick.
Fuente: Wikipedia

Se creó una leyendo poética alrededor de este personaje, que no he conseguido localizar con la fuente exacta esta noche calurosa de agosto (Google es infalible), a partir de un poema de Juan de Dios de Peza, intelectual mexicano de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, de orientación romántica y tendencia liberal, en el que retrata la historia del payaso triste, del cómico a quien todos quieren escuchar como terapia a los problemas de la rutina, pero que no es feliz. ¿Quién anima al payaso? El poema habla por sí solo. Un paciente entra en la consulta de un médico para contarle su estado ánimo. ¿Ha probado usted enamorarse? –Tengo mujer y dos hijos. ¿Y viajar, le gusta viajar? Acabo de recorrer Italia con mi compañía de teatro. -Vaya, pues le recomiendo que esta noche vaya a ver actuar a David Garrick, que está en la ciudad, cuentan que reír funciona. –Doctor, David Garrick soy yo.

Viendo a Garrick, actor de la Inglaterra,
el pueblo al aplaudirlo le decía:
Eres el más gracioso de la tierra y el más feliz.
Y el cómico reía.

Víctimas del spleen los altos lores,
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores
y cambiaban su spleen en carcajadas.

Una vez ante un médico famoso,
llegose un hombre de mirar sombrío:
-Sufro -le dijo- un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.

Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte;
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única pasión la de la muerte.

-Viajad y os distaeréis. -Tanto he viajado
-Las lecturas buscad -Tanto he leido-
Que os ame una mujer – ¡Si soy amado!
-Un título adquirid -Noble he nacido.

¿Pobre seréis quizá? -Tengo riquezas
– ¿De lisonjas gustáis ? – ¡Tantas escucho!
-¿Que tenéis de familia?…-Mis tristezas
-¿Vais a los cementerios?… -Mucho, mucho.

¿De vuestra vida actual tenéis testigos?
– Sí, mas no dejo que me impongan yugos;
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos mis verdugos.

-Me deja- agrega el médico -perplejo
vuestro mal, y no debo acobardaros;
Tomad hoy por receta este consejo:
sólo viendo a Garrick podéis curaros.

-¿A Garrick ? -Sí, a Garrick…La más remisa
y austera sociedad lo busca ansiosa;
todo aquel que lo ve muere de risa;
¡tiene una gracia artística asombrosa !

-Y a mí me hará reir?-Ah, sí, os lo juro !;
él, sí, nada más él…Mas qué os inquieta?…
-Así -dijo el enfermo -no me curo:
¡Yo soy Garrick ! Cambiádme la receta.

¡Cúantos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reir como el autor suicida
sin encontrar para su mal remedio!

¡Ay ! ¡ Cuántas veces al reír se llora!..
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora
el alma llora cuando el rostro rie!

Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestras plantas pisa
lanza a la faz la tempestad del alma
un relámpago triste: la sonrisa.

El carnaval del mundo engaña tanto;
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto
y también a llorar con carcajadas.

El tópico ha tenido grandes representaciones a lo largo del siglo XX. La inolvidable historia de Gelsomina y Zampanó en La strada, dos artistas ambulantes en la Italia de posguerra, dirigida por Fellini en 1954, que también homenajeó a los payasos a lo largo de su carrera, pero sobre todo en I clowns, la historia de un grupo de payasos buscavidas.

Cartel de La Strada, de Federico Fellini Fuente: Wikipedia
Cartel de La Strada, de Federico Fellini
Fuente: Wikipedia

Uno de los espectáculos más destacados del grupo español Tricicle es precisamente un homenaje a David Garrick con su mímica característica. En Garrick, los cómicos reconocen al actor inglés como el primer “risoterapeuta” de la historia, y conforman una serie de escenas desternillantes que ahondan en la problemática del payaso triste.

La historia, real o inventada, simboliza a las mil maravillas la doble cara del actor, capaz de transformar sus sentimientos, de mimetizar sensaciones y de transmitir ficciones arriba del escenario, y como en la canción de Los secretos, cómo explicar, que me vuelvo vulgar, al bajarme de cada escenario.

Esta semana se marchaba Robin Williams a un lugar mejor, cansado de la depresión, las deudas, el alcoholismo o el parkinson. Cansado. Sobre todo cansado. Y aún hoy resulta difícil imaginar al cómico con una depresión capaz de llevarse la vida. Al mismo doctor Pacht Adams, a Mrs. Doubtfire, al Peter Pan de Hook, al prota de Jumanji, o mi preferida, la voz del genio de la lámpara en Aladdin. Las comedias de un cómico que recibió el reconocimiento por las tragedias, El indomable Will Hunting y el mítico profesor de literatura en El club de los poetas muertos.

Una escena de El club de los poetas muertos Fuente: Sensacine.com
Una escena de El club de los poetas muertos
Fuente: Sensacine.com

Recordaba estos días varias escenas de esa película capaz de deslumbrar a un joven adolescente lleno de mitologías hace ya algunos años, cuando era fácil comprar el carpe diem y no esperar a mañana. Facebook y twitter han compartido a millones el Oh Capitán, mi Capitán del poema que Walt Whitman escribió en recuerdo de Abraham Lincoln tras su asesinato en 1865 de la escena final de El Club de los poetas muertos, cuando John Keating, ese profesor de literatura de palabras revolucionarias, recoge sus bártulos y es expulsado de la clase. Casi en la puerta, dispuesto al último viaje, sus alumnos se ponen de pie encima de sus pupitres al grito de Oh Capitán, mi capitán. La sonrisa triste de Robin Williams buscaba un consuelo que nunca llegó. Atravesó la puerta con la tristeza del payaso, la misma puta tristeza que le impidió seguir luchando.

Victor M. Sanchis

3 comentarios

  1. Un artículo muy interesante. He recitado toda mi vida el poema de Juan de Dios Peza a Garrick y no he encontrado de dónde se motivó el. Fue una historia que el vio? Se la contó el propio Garrick ?..Me quedo con la incógnita. Luego de recitar toda mi vida ese poema, muchas veces con lágrimas, otra con rabia, ahora creo que no es bueno reír llorando sino el reto es reír cuando quieres llorar.

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