Diferenciar entre lo bueno y lo malo tiene muchas veces un carácter subjetivo. Por ejemplo, para muchos una mujer con un burka es algo que está mal pero si es ella la que de manera voluntaria y por una cuestión de fe hace uso del mismo resulta todo lo contrario.
Del mismo modo puede que para muchos Yolanda Díaz haya sido o sea todavía la mejor ministra de trabajo de la historia reciente de España pero, por mucho que los datos le avalen, para otras personas la ministra haya sido lo peor de lo peor.
Pero lo que más sorprende de ello es que algunas de estas últimas y no son pocas, de no haber sido por Yolanda Díaz que ha subido el 66 % el SMI desde su llegada al gobierno, estarían cobrando alrededor de 900 € todos los meses en vez de los 1.221 €, -eso sí que es objetividad-, logrados por la ministra y, sin embargo, ello no evita que pongan a la misma a caer de un burro día sí y otro también.
O lo que es lo mismo, volviendo al caso del burka, es como si la mujer que se viera obligada a vestir la prenda contra su voluntad se dijera feliz por ello.
Y es ahí donde estamos. Pero esa, es otra historia.
Volviendo a lo que nos ocupa, claro que los datos de empleo, el principal cometido del ministerio de trabajo, son espectaculares y eso en un contexto nada favorable –con una epidemia, catástrofes naturales, crisis energética o guerras de por medio-, y con una oposición –mayoritaria en todo lo relacionado con lo social y laboral-, echada al monte desde el primer día.
Tanto como que a pesar de los continuos esfuerzos de la ministra y debido a las particularidades del modelo laboral español basado en lo que hemos llamado un “modelo laboral intensivo de salarios bajos”, hace que aun diste este lejos de los modelos nórdicos y centro europeos, donde la capacidad de ahorro y gasto de los trabajadores es muy superior a la de nuestros nacionales.
El porqué de ello no es cuestión de este artículo y por eso por resumirlo muy mucho puede decirse que es consecuencia directa de una percepción histórica y subjetiva del margen de beneficios del que han de disfrutar los patronos y su escaso reconocimiento a la labor de sus dependientes.
No vamos a redundar en los datos porque están al alcance de cualquiera en cualquier medio especializado pero si bien es evidente que el paro ha descendido hasta los niveles de la época de la burbuja y la inestabilidad se ha visto reducida -en un país donde un sector como el turístico con una alta estacionalidad es determinante-, gracias a los fijos discontinuos, por contra no se ha logrado empujar hacia arriba sensiblemente el resto de salarios ajustados a convenio.
Por cierto ¿se ha dado usted cuenta que desde que el PP gobierna en la mayoría de las CC.AA. no ha vuelto a poner en el disparadero el fenómeno de los fijos discontinuos?

Al margen de que la coyuntura general sea más o menos favorable, son dos, probablemente, las causas de que el resto de salarios no se hayan incrementado del mismo modo o al menos de forma sensible.
Por un lado el reducido número de pequeñas y medianas empresas con respecto a nuestros citados vecinos europeos, en favor de un elevado número de microempresas con menos de 10 trabajadores.
De otro, el marcado carácter empresarial conservador español que citábamos antes.
Pero esa, también es otra historia.
En lo político, Yolanda Díaz, se ha encontrado con numerosos inconvenientes, sobre todo durante la presente legislatura.
En primer lugar el poder sacar adelante otras medidas en el orden laboral que han sido rechazadas por un Congreso con mayoría de derechas que ha echado para atrás muchas de sus propuestas.
También las tradicionales contradicciones del PSOE, la parte mayoritaria del gobierno, en todo tipo de materias o, como no, los igualmente habituales reproches de otros partidos de su mismo signo político.
Visto esto último, Yolanda Díaz, en un acto de generosidad encomiable –lo que quizá le faltó en otros planos-, acierta ahora dando un paso atrás renunciando a ser cabeza de cartel en las próximas elecciones generales.
Porque es cierto que, especialmente por el veto total de Podemos, si la izquierda a la izquierda del PSOE tiene algún interés por armar un frente común, de un modo u otro, cara a las próximas elecciones parece más que evidente que la política gallega no podía estar al frente del mismo.
Nadie sabe mejor que la izquierda tirarse piedras a su propio tejado; veremos si una vez que se ha cobrado una nueva pieza, es capaz de armar dicho frente con personas capaces y propuestas sensatas capaz de motivar a un electorado desilusionado que solo ve cómo se tiran, unos a otros, los trastos a la cabeza en un fratricida combate de egos a los que se prioriza por encima de los intereses de los españoles.
En definitiva, no podemos más que calificar con buena nota el trabajo al frente del Ministerio de Trabajo de Yolanda Díaz, sobre todo viéndose entorpecida por un parlamento mayoritariamente en contra, una patronal casi inexpugnable y un «fuego amigo», que nunca cesa.