Poco después de consagrarse de nuevo como presidente de EE.UU. Donald Trump, su principal ariete Elon Musk, el hombre más rico del mundo, hacía el saludo nazi a modo de celebración durante su investidura.
Solo unos días más tarde un pastor anglicano hacía lo mismo en su iglesia de Michigan y ahora Steve Bannon, uno de los ideólogos del trumpismo aunque ahora menospreciado por el empuje de Musk, ha vuelto a levantar el brazo con el saludo romano en la CPAC, la Conferencia Política de Acción Conservadora, la convención ultra derechista que se celebra durante estos días en Washington y que ha cerrado en olor de multitudes el propio Trump.
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Es curioso que desmentido el sentido del gesto por Bannon, diciendo que lo que representaba era «una ola», que, aunque no se aparezca en nada, no sabemos si ha venido a ser un guiño a la famosa película «La ola», del director alemán Dennis Gansel que en 2008 conmocionó las salas con la historia basada en hechos reales de un profesor de instituto para a través de un experimento explicar a sus alumnos el funcionamiento de un régimen autoritario hasta que la cosa adquiere tintes dramáticos.
Lo peor de todo es que la realidad a escala universal no anda muy distante de los planteamientos del film, sobre todo vista toda la parafernalia de lo más extremista que se ha exhibido en la convención y de los personajes que han participado en la misma entre vítores y escenas tan surrealistas como la entrega de una motosierra por parte de Javier Milei a Elon Musk.
Por parte española no podía faltar Santiago Abascal, pletórico ante semejante baño de multitudes y visto el auge con que su movimiento ideológico están causando furor en buena parte del mundo.
Hoy mismo, mientras escribo estas líneas se han abierto las urnas en Alemania ante el previsible temor de que, aunque no gane las elecciones federales, la AfD aseste un golpe en la mesa en la sociedad alemana. Tanto es así que, en las más recientes encuestas, numerosos jóvenes alemanes apuestan por pasar página del nazismo y muestran su decidido apoyo a los herederos de este.
Por fortuna, al menos de momento, los favoritos a ganar las elecciones, los demócratas cristianos de la CDU afirman que mantendrán el cordón sanitario frente a la AfD. La historia de lo que ocurriera en los años 30 del siglo pasado en la República de Weimar resulta el principal acicate para ello.
Tanto en España como en el resto de países de la vieja Europa no estaría de más que actuaran del mismo modo los tradicionales partidos conservadores frente a sus oponentes surgidos nuevamente por su derecha, quizá la única manera de frenar, hoy por hoy, lo que puede resultar la más trágica deriva de la sociedad occidental y sus democracias liberales.