Decía Pedro Morenes, durante su etapa como embajador de España en EE.UU. en la primera administración Trump que cuando este soltaba alguna de sus bravuconadas aparecían siempre tres señores bien trajeados y le acababan parando los pies.
Cuando Trump logró por primera vez en 2017 convertirse en el inquilino de la Casa Blanca, le pilló tan de sorpresa que no contaba con un equipo nombrado por él mismo y tuvo que someterse al pragmatismo habitual de los tecnócratas republicanos.
Pero tras su intempestiva salida de la misma en 2021 y decidió volver a presentarse cuatro años más tarde, para evitar semejante cortapisas, se fue rodeando de un círculo de fanáticos que son los que le acompañan en la actualidad.
Desde un ultra ortodoxo religioso como Marcos Rubio hasta Pete Hegseth, tatuado con la cruz de las Cruzadas y todo tipo de simbología militar, pasando por Robert F. Kennedy Jr., un conocido antivacunas. El primero al frente del departamento de exteriores, el segundo de las fuerzas armadas y el tercero de la salud del pueblo estadounidense.
Además de una larga corte de conocidos xenófobos, racistas, que por lo general odian a las personas más desfavorecidas y todo aquello que tenga que ver con cualquier rasgo social y humano más allá de su desaforado culto a la raza, el poder y el dinero.
Digamos el paradigma de lo que constituye el movimiento MAGA que lidera el propio Donald Trump.
Con estos mimbres y después de recibir la confianza de más de 77 millones de electores en 2024 poco o nada puede sorprender la deriva de la administración de un tipo que se ha autoproclamado ya como rey y que, desde esta tribuna, hace tiempo que denominamos Trump I.
Pero si hay algo que está poniendo en un brete a sus legiones de seguidores, es que su nuevo rey les aseguro repetidamente durante su larga campaña electoral que no se embarcaría en guerra alguna y ahora ha intervenido ya militarmente en Venezuela, amenazado con anexionarse por la fuerza Groenlandia, lanzado un feroz ataque contra Irán y por último firmar una alianza con sus más apasionados súbditos latinoamericanos para enviar tropas a combatir, presuntamente, el narcotráfico en sus respectivos países.
Y eso que, desde su llegada a la Casa Blanca, no ha parado de reclamar para su persona el Nobel de la Paz.
Esa es otra más de las consecuencias de confiar su voto a unos personajes de tales características.
Más allá también de esas pretendidas «políticas de apaciguamiento», que están haciendo saltar todas las costuras de la Unión Europea, como les ocurriera a británicos y franceses en la antesala de la II Guerra Mundial frente a las políticas expansionistas de Adolf Hitler, la aventura de Trump I en la zona más conflictiva del globo desde que se descubriera el llamado oro negro en su subsuelo a principios del pasado siglo XX puede acabar pasando una factura de consecuencias fatales para toda la humanidad.
«Tuvo usted para elegir entre la humillación y la guerra, eligió la humillación y nos llevará a la guerra». (Winston Churchill a Neville Chamberlain en la Cámara de los Comunes en mayo de 1940).
No vamos a entrar ahora a valorar lo injustificable, de hecho el argumento de las famosas «armas de destrucción masiva», y el de el «mundo es un lugar mejor», sin antes Sadam Hussein y ahora Alí Jameneí, resulta más que manido y la historia nos da buena cuenta de tan estrepitosos y trágicos errores, pero no está de más hacer una brevísima reseña de las secuelas más claras de los mismos.
En definitiva más de un millón de muertos en Irak, la aparición del ISIS con centenares de miles de víctimas, por el momento, y la mayor ola de atentados yihadistas por todo lo largo y ancho del mundo.
Nunca sabremos si fue cierta del todo aquella frase de M. Rajoy a José Mª Aznar en la madrugada del 14 al 15 de marzo de 2004 tras su derrota electoral «tú y tu puta guerra», pero lo que sí es cierto es que la Guerra de Irak iniciada en 2003 y de la que el presidente Aznar se convirtió en uno de sus principales embajadores le pasó factura a España en forma de 192 muertos en los atentados de Madrid tres días antes.
Ya Europol, la Agencia de la Unión Europea para la Cooperación Policial, ha advertido que la incursión militar norteamericana e israelí en Irán puede desatar una ola de atentados en todo occidente, tal como ocurriera en la citada Guerra de Irak.
Eso sin entrar a considerar el carácter ilegal de esta nueva guerra, las víctimas directas de ella, las consecuencias económicas de la misma que pueden afectar a todo el planeta y que la democracia se ha defendido pero nunca se ha conquistado a cañonazos.
Por desgracia, tendremos tiempo para dedicarle espacio a todo esto desde Amanece Metrópolis pero, por último recordar solo dos cosas:
- A finales de año tenemos unas elecciones de medio mandato en los EE.UU. que a priori, según todas las encuestas, pueden resultar desfavorables a Trump I porque el partido republicano perdería la mayoría tanto en el Congreso como en el Senado.
- En fecha sin determinar la República de Gilead, una dictadura de carácter teocrático y ultra nacionalista se constituye en lo que anteriormente eran los EE.UU. a raíz de un atentado en principio de carácter islamista pero que en realidad se trata de una operación encubierta de falsa bandera. (Introducción de la novela “El cuento de la criada” de Margaret Atwood).
Hasta la próxima.