Si mi entender no yerra, el autor, entre verso y verso, tiende la mano al frágil, al considerado diferente o a aquel que, simplemente, alzó la voz o llevó la contraria, pasando a ser objeto de críticas y convirtiéndose en protagonista de todo tipo de rumores, con tal de detenerlo o aniquilarlo. Y es que siempre se teme al que discrepa o no sigue las costumbres establecidas, aunque su pretensión no sea otra que vivir a su manera, sin hacer daño a nadie y pidiendo, a cambio, recibir lo mismo.