Wonder Woman como síntoma

No hay nada mejor que el mito para tocarnos la fibra sensible, no hay nada mejor que una imagen como la de Wonder Woman para que cuando la vea en la pantalla una parte de mí se emocione infinitamente. Me recuerda a mi adolescencia, a las tardes en la tienda de cómics rebuscando superheroínas, recortándolas y pegándolas a mi carpeta del instituto. Solía encontrar pocas, pero ella me parecía suprema. Ahora, cuando la veo en el cartel de entrada al cine, me imagino que si me hubiera pillado en el instituto hubiera flipado aún más.

Llevamos años asistiendo a la explosión de la industria del cómic que ha llevado a la gran pantalla a superhéroes desde los clásicos a los más freaks. Sin embargo hemos tenido que esperar mucho más para poder ver la historia propia de una superheroína. Wonder Woman ha sido dirigida por Patty Jenkins quien ha sabido tejer una excelente historia para una superheroína tan singular. La propia directora aclara «no es una película de una mujer-superhéroe sino de un superhéroe. Como tampoco me considero mujer cineasta. Soy cineasta». Y es que puede que la excepcionalidad de ver a una superheroína haga que se tienda a enfocar como algo paradigmático, con el riesgo que implica quedarse en eso, en una excepcionalidad, una rareza. Algo que por cierto, suele pasar con demasiada frecuencia en el trabajo realizado por mujeres.

Creo que el cine es una ventana de posibilidades, la magia de este arte reside en poder ofrecer historias que jamás podrías vivir o conocer, mundos que no habías imaginado; es un prisma que multiplica las posibilidades de la realidad. Así también pasa con los cómics, la literatura… Pero la diversidad de personajes y de historias no es tan heterogénea como me/nos gustaría. Y la industria cultural nos tiene acostumbradas a personajes bastante planos con historias muy poco sorprendentes.

Antes de empezar a ver la película me sorprende (y no) que entre el público haya en su mayoría mujeres. Se apagan las luces y empieza la acción. Según la web Box Office Mojo Wonder Woman ha logrado invertir la tendencia del consumo cinematográfico. La mayoría de espectadoras han sido mujeres un 52 por ciento frente al 48.

He visto innumerables escenas de acción y peleas, pero raras veces he visto a una mujer organizar un ataque, dar puñetazos, romper paredes, enfrentarse a un escuadrón, romper la torre de una iglesia… Ver a una mujer luchando y moviéndose en el campo de batalla con soltura y naturalidad, imprime una posibilidad de respuesta ante una agresión, hace que por fin, una mujer sea la que luche por defender la justicia. Si es o no feminista el enfoque sería otra discusión, pero sin duda ha marcado un antes y un después en las películas de superhéroes.

Igualmente, su condición de amazona hace que se sorprenda de convenciones sociales retrógradas, estableciendo así cierta complicidad con la espectadora en lo absurdo de esta situación; como cuando se queja de la incomodidad de las prendas que se prueba en la tienda de ropa, cuando llama esclavitud a las condiciones de trabajo de la secretaria, cuando desobedece una y otra vez… Es por ello que uno de los aspectos que más poderosos me han parecido de la película es la imagen que refleja, la grieta que abre en nuestra imaginación, en el mapa de representaciones al que estamos acostumbradas en el cine. Es el hecho de que después de casi más de 10 años de películas de héroes masculinos, es por primera vez una mujer la que planta cara al enemigo, con la que viajamos en el tiempo, a la que entendemos, la que cuenta su historia. Y es algo que no solo pasa con la protagonista sino con una de las antagonistas interpretada por una soberbia Elena Anaya.

Emocionada después del cine, al otro día, pregunté a mis alumnas qué les había parecido Wonder Woman, para mi sorpresa, me decían que ya estaban acostumbradas a ver a mujeres hacer cosas increíbles y me hablaron de lo mucho que les gustaban: Katniss, Tris, Rey, Hermione, Daenerys… cada generación tiene sus referencias, me alegra ver que las más jóvenes ahora sí disponen de más modelos y que ya no hay que desarrollar tareas de investigación para encontrarlas, que están ahí esperando a ser descubiertas por todas ellas.

Irene Bebop

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