Western

Clint Eastwood en una fotografía publicitaria de “Por un puñado de dólares”

Este artículo de la serie de géneros y subgéneros va a ir dedicado al western, las películas del oeste que llenaron los juegos y la imaginación de tantos niños del mundo occidental durante varias décadas del siglo XX.

En principio, la definición del western parece muy sencilla: es un género ambientado en la historia y forma de vida del antiguo Oeste americano, entendiéndose por tal una enorme zona geográfica situada al oeste del río Mississippi y que se extiende desde el centro hacia el sur del país, por estados como Nuevo México, Colorado, Nevada, Oklahoma, Kansas o Arizona. Pero el western pronto trascendió el género cinematográfico y se convirtió en toda una épica de Estados Unidos, una narración legendaria del proceso de consolidación de un país aún joven y, por tanto, necesitado de mitos y héroes. Estos hallarán su personificación en los vaqueros que se juegan la vida en conducciones de ganado a través de tierras sin explorar, en los colonos que se empeñan en domar una naturaleza salvaje, en los sheriffs que intentan imponer orden en el caos, y, cómo no, en las luchas contra las tribus indias, a las que se les arrebatan brutalmente unos terrenos que habitaban desde tiempos ancestrales.

Los primeros westerns del cine mudo de algún modo se solaparon con el final de la auténtica época histórica que reflejaban. En la Historia Universal del Cine de Ed. Planeta (1990) se nos cuenta que en la década de los 20 numerosos cowboys llegaban a Hollywood procedentes de Arizona y Colorado, donde habían perdido sus trabajos en el transporte de ganado debido al establecimiento de grandes ranchos de cría. Algunos de ellos aparecieron en películas de vaqueros, pero no sólo los cowboys encontraron cobijo en la industria cinematográfica. Forajidos como Al Jennings y Emmet Dalton, y también el último gran sheriff del Oeste, Bill Tilghman, intervinieron en películas. Se da la circunstancia más que curiosa de que este último hubo de interrumpir el rodaje de una de ellas para ir a detener a unos atracadores de bancos, mezclándose así ficción y realidad.

Pero la época dorada del western cinematográfico tuvo lugar en las décadas de los 40 y 50. El director más reconocido del género es John Ford, firmante de obras maestras como La diligencia (1939), Pasión de los fuertes (1946), o el que según el American Film Institute es el mejor western de la historia: Centauros del desierto (1956) –como en un alarde de imaginación poética se tituló en España a The Searchers (“Los buscadores”). Otros directores destacados son Howard Hawks con obras como Río Rojo (1948) y Río Bravo (1959), o Anthony Mann con Winchester 73 (1950). También hay westerns muy conocidos de directores que se acercaron al género de forma más ocasional, como Solo ante el peligro (1952) de Fred Zinnemann, Duelo al sol (1946) de King Vidor, Raíces profundas (1953) de George Stevens, o Veracruz (1954) de Robert Aldrich.

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A partir de dos filmes de 1962, El hombre que mató a Liberty Valance, de John Ford, y La conquista del oeste, que unió a cuatro directores (John Ford, Henry Hathaway, George Marshall y Richard Thorpe) el género comienza una etapa de desaceleración que viene a desembocar en el conocido como western crepuscular, basado en una pérdida de la épica que hasta ese momento había caracterizado al cine del oeste. Ejemplos de éste serían Monte Walsh, de William Fraker (1970), -cuyo tema es el vaquero desempleado al que se le ofrece trabajo en un circo-, Los justicieros del oeste, de Kirk Douglas (1975) -historia de un sheriff oportunista y lleno de ambición política-, o la espléndida Pequeño gran hombre, de Arthur Penn (1970), que pone el género patas arriba al contar la Historia desde el punto de vista de un hombre blanco que fue adoptado por indios Cheyenne en su infancia, y que desmitifica buena parte de las leyendas del oeste (por ejemplo, a los soldados de caballería se les llama “salvajes” mientras que a los indios se les conoce como “seres humanos”).

Mientras tanto, en Europa los 60 y 70 presenciaron el auge de una serie de películas del oeste filmadas en Cinecittà y también en el desierto de Almería. Para designar a las rodadas en Italia la crítica americana acuñó el término jocoso y despectivo spaghetti-western, mientras que a las españolas se las llamaba chorizo western. Este último nombre no cuajó, y hasta el día de hoy aquellos filmes se conocen como spaghetti-western. En general fueron películas de serie B, protagonizadas por personajes sin escrúpulos y ansiosos de poder o dinero. Sergio Leone fue el director más conocido, con una trilogía emblemática: Por un puñado de dólares (1964), La muerte tenía un precio (1965) y El bueno, el feo y el malo (1966). La imagen de un joven Clint Eastwood con la banda sonora de Ennio Morricone de fondo permanece en la memoria de cualquier aficionado al cine del oeste.

Clint Eastwood en una fotografía publicitaria de “Por un puñado de dólares”
Clint Eastwood en una fotografía publicitaria de “Por un puñado de dólares”

En inglés western es el adjetivo derivado de west (oeste), y por tanto significa “occidental, del oeste”. Se sustantivó hacia 1905-1910, precisamente para hacer referencia al tipo de filmes que nos ocupa, y por tanto pasó al castellano ya como sustantivo. Es un anglicismo aceptado por la Real Academia, y figura en su diccionario. A través de las películas del oeste otros dos anglicismos, cowboy y sheriff, entraron a nuestro idioma, aunque han corrido distinta suerte. Sheriff fue admitido en el DRAE. Cowboy, sin embargo, aun siendo una palabra perfectamente comprensible para cualquier hablante de castellano, no se utiliza tanto como la voz correspondiente en español, “vaquero”, y su uso no está sancionado por la Real Academia. A modo de curiosidad, podríamos decir que la introducción de “términos del oeste” en castellano a través de los westerns palidece ante la gran cantidad de hispanismos que se asentaron en el Oeste americano durante el siglo XIX: encontramos sobre todo gran cantidad de vocablos referidos al mundo de los caballos, como bronco (caballo salvaje o a medio domar), pinto (caballo de piel moteada), mustang (del castellano “mestengo”, un tipo de caballo salvaje de ascendencia española), lasso (de “lazo”, cuerda con nudo corredizo para enlazar a los caballos. También se usa como verbo, to lasso), rodeo (derivado de “rodear”, hacer al caballo dar vueltas en su proceso de doma), stampede (de “estampida”), ranch (de “rancho”), corral, cinch (de “cincha”), quirt (un tipo de látigo para arrear a los caballos, pronunciado [kwert] y derivado de “cuerda”) y hasta buckaroo (pronunciado [bákeruu] y que significa… sí, exactamente eso: vaquero).

Ana Fúster

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