Todos los silencios del poema (para una poética de Georg Trakl)

Daniel Arana
Georg Trakl | Vía: Archivo Daniel Arana
Georg Trakl | Vía: Archivo Daniel Arana

Para Trakl, contraria y más radicalmente, el mal fue comer del
árbol de la vida: fue nacer.
(Hugo Mujica)

Los poemas de Georg Trakl[1]TRAKL, Georg. 2010. Poesía Completa. Madrid: Trotta, pp. 242 (Aunque el trabajo está basado en la obra completa publicada en castellano y traducida por José Luis Reina Palazón, hemos decidido suplir las irregularidades de ésta aportando nuestra propia versión) tienen un silencio magnífico. Es muy raro que Trakl hable con voz de autor sino que, en su mayor parte, permite a las imágenes hablar por él. El diálogo se da entre imagen y leyente, y Trakl se hace a un lado, se repliega. Como si fuera un topógrafo, el poeta elabora el mapa y los demás caminamos por él, pero el territorio ya estaba fundado.

Su poética está dotada de un sinfín de cosas silenciosas. Y es que, en sus mejores poemas, las imágenes que lo fundan siguen una a la otra en un camino que mucho tiene de majestuoso, en una unión misteriosa, de lento y pausado ritmo, como si estuviésemos dentro de un sueño. Libélulas, sapos, lápidas de cementerio, hojas y hasta cascos de guerra emiten colores extraños, brillantes y sombríos. Hay demasiada alegría para que resulten alegres. Así nace la oscuridad sin caminos ni vertientes, y por todo se nos sugiere fosca mudez: «el negro vuelo de los pájaros / que en el azul sagrado de las flores / piensa la cercana quietud del olvido, / en ángeles extintos».[2]Ibíd., p. 77

El silencio —quietud— es el de todas las cosas que podrían hablar, pero eligen no hacerlo. La lengua alemana tiene una palabra —schweigen— para guardar premeditado silencio, que no tiene el castellano. Trakl utiliza a menudo esta palabra. Veamos otro ejemplo: «Las flores amarillas del otoño / se inclinan mudas al rostro azul del agua».[3]Ibíd., p. 61

Cuando Trakl usa el término sprachlos (mudas) enseguida nos damos cuenta de que las flores tienen una voz que sólo él oye. Mantienen su silencio en el poema, puesto que el bardo Trakl parece negarse a poner falsos discursos en boca de las plantas. La naturaleza, de súbito, confía en el poeta. A la par que los poemas crecen, más y más criaturas viven en ellos. Los habitan. Al principio, fueron solamente patos silvestres y ratas, pero luego se dan cita el roble y el ciervo, el estanque y el rebaño. Después, vendrá el ejército y el hombre herido, la enfermera de guerra y la sangre, que da vida e implica final de ésta.

Hugo Mujica dice, en su ensayo sobre Trakl, que en el poeta sólo existe «lo primordial: los instintos, no los principios. El contenido, no la forma».[4]MUJICA, Hugo. “La Pasión Según Georg Trakl”, en Del Crear y lo Creado 3: Prosa Selecta. Madrid: Vaso Roto, p. 416 Y así cumplió su parte, hasta llegar a darle a su propia muerte un lugar preponderante, como en el poema Ruego (vid. Trakl, Op. Cit., p. 183).

Al lector que quizás esté acostumbrado a la lectura de poemas cuyas reglas de construcción tradicional podemos memorizar y rápidamente aplicar, le llamará la atención, sobremanera, el estilo expresionista de Trakl. Sus poemas, aunque formados con la delicadeza y el cuidado más hermosos, son moldeados desde dentro. Su escritura no tiene más tradición que la de la espera paciente del silencio para que los mundos de sus poemas revelen sus propias leyes naturales.

No podemos, además, pasar por alto —y pese al rechazo que, desde los años cincuenta, han suscitado los críticos más diletantes, en un ejercicio de meditada torpeza— la interpretación que el filósofo Martin Heidegger hace de su poesía. Según Heidegger, el término Abgeschiedenheit (retiro, aislamiento), que toma prestado de Trakl, indicaría la profunda comprensión de la historia de Occidente que el poeta poseía. Y lo utilizará, especialmente en su bellísimo ensayo «Die Sprache im Gedicht»[5]En España, apareció en HEIDEGGER, Martin. 1990. De camino al habla. Barcelona: Odós, pp. 246, para afianzar su teoría sobre el retorno hacia el pensamiento auroral como necesidad de comprender nuestra pertenencia al amanecer griego, en tanto somos pueblos de ocaso o paraje occidental (Abend-Land). No ahondaremos aquí en los pormenores de su pensamiento, pero sí que es necesario recordar cómo Heidegger lo calificó de «poeta del Occidente aún oculto, de una nueva generación regenerada que sucederá a la actual», considerándolo el sucesor de Hölderlin.

Probablemente, Heidegger tenía razón. El resultado que se extrae al leer su obra poética, en la experiencia al menos de quien escribe estas palabras, es la toma de conciencia de una poética que destierra la cháchara y el desorden. Poética donde una sola hoja de arce es, para Trakl, algo inagotablemente rico y mistérico, sólo porque ha tenido la paciencia de mirarla y el valor para resistirse a toda posible distracción.

Es así, con todos sus pequeños animales, sus árboles, sus nombres humanos: «Oh amor, roza / un espino azul / la fría sien, / con estrellas que se derrumban / blanca noche».[6]Trakl, Op. Cit., p. 224 Cada uno contiene un universo interior de formas y sonidos que nunca se han tocado u oído antes. Para que el lector pueda sondear estos universos, debe hacer como hizo el muy diestro vate Trakl: aprender a abrir sus ojos, escuchar, ser silencioso y esperar pacientemente a que los cuerpos de dentro de las cosas surjan.

El poeta, supremo dechado de paciencia y valor, explora mundos —y habitantes de éstos— que sólo las antedichas virtudes permiten, y esos mundos devienen, al fin, en lugares de gran plenitud y profundidad: «Si tenemos sed / bebemos el agua nívea del estanque, / la gracia de nuestra infancia triste».[7]Ibíd., p. 50 Sus poemas no son objetos para ser traídos y más tarde apartados. Debemos leerlos y aguardar para que las voces susurren desde lo más íntimo.

No puedo imaginar tareas más difíciles que éstas para un poeta o para un lector de poesía, pues son, en última instancia, tentativas para revelar lo que la sombra del poema incuba, reconocernos a nosotros mismos en un mundo exterior que puebla el caos. Es hacer pie frente al abismo que se desintegra.

Título: Poesía Completa
  • Autor/es: Georg Trakl
  • Editorial: Trotta
  • Nº de páginas: 242
  • Encuadernación: Tapa blanda

Referencias   [ + ]

1. TRAKL, Georg. 2010. Poesía Completa. Madrid: Trotta, pp. 242 (Aunque el trabajo está basado en la obra completa publicada en castellano y traducida por José Luis Reina Palazón, hemos decidido suplir las irregularidades de ésta aportando nuestra propia versión)
2. Ibíd., p. 77
3. Ibíd., p. 61
4. MUJICA, Hugo. “La Pasión Según Georg Trakl”, en Del Crear y lo Creado 3: Prosa Selecta. Madrid: Vaso Roto, p. 416
5. En España, apareció en HEIDEGGER, Martin. 1990. De camino al habla. Barcelona: Odós, pp. 246
6. Trakl, Op. Cit., p. 224
7. Ibíd., p. 50
Daniel Arana

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