Esta comedia en prosa dividida en tres actos cumple con las características del Neoclasicismo y en ella la acción se desarrolla en un solo lugar (una posada de Alcalá de Henares), coincidiendo con el tiempo de duración de la puesta en escena. Utiliza un lenguaje llano, cercano, para llegar a un mayor número de lectores; así, palabras como meriñaque, contradanza, boquirrubio y otros vocablos aparecen en sus diálogos. También tiene un afán didáctico, planteando una situación cotidiana y azuzando a la razón. La crítica social se mantiene de principio a fin, censurando la educación a la que se sometía a las jóvenes, el abuso de poder sobre ellas y, finalmente, haciendo que triunfe el sentimiento y la sensatez.

Lo que hace especial a “Poeta en Madrid” es la hondura de su contenido, la desnudez del que escribe sin cortapisas, la metaliteratura y ese universo sublime –a veces, inaccesible- del arte y sus manifestaciones. En ciertos momentos, incluso, se tiene la sensación de que las nueve musas viven en sus páginas. Calíope, con su elocuencia, seguida de Clío y su memoria, junto a la cítara de Erató y Euterpe, con su cabeza coronada de flores; mientras, Melpómene, Polimnia, Talía y Terpsícore intercambian guirnaldas y caretas, al tiempo que Urania sujeta entre sus manos el orbe.

Uno de los trabajos que tiene el honor de formar parte de la Muestra de Autores Contemporáneos de Alicante es Las furias… ¡y que vivan las trágicas! de la dramaturga Josi Alvarado. Nos encontramos con el equipo justo después de un ensayo para poder compartir una charla sobre el proyecto. ¿Dónde se encuentra el germen…

Frente al tono feminista de Ibsen en Casa de Muñecas, el que emplea Strindberg en La Señorita Julia puede calificarse como misógino y no resulta extraño, ya que él mantenía la firme convicción de que la mujer aniquilaba al hombre. Ingmar Bergman, que llevó a escena sus obras de teatro en multitud de ocasiones, afirmaba haber amado y odiado a Strindberg, sin que eso fuera suficiente para deshacerse de él.