A menudo sospechoso de frío e intelectual, el cubismo posee sin embargo una dimensión poética innegable a la que no conviene dejar de lado, y es que al descomponer la realidad en pequeños fragmentos queda al descubierto lo que antes permanecía oculto: su esencia, aquello que persiste incluso tras la vaporización física del objeto. No…

El día que Peter Handke dejó este mundo escribí que había hecho de la errancia y el viaje una característica primordial de su obra inclasificable. Volver a Handke implica, entonces, todo un desafío contra nosotros mismos. A riesgo de hacer saltar en pedazos un concepto de interpretación demasiado reduccionista, debemos hacernos una pregunta, quizás igual…

El agotado agota todo lo posible. Por eso la fuerza, incluso cacofónica, de la segunda canción, no basta para hacernos olvidar que todo está ya escrito desde el principio. Creo que un valor añadido es el de que el profundo conocimiento musical de Bostridge, que es inseparable de una experiencia continuada como intérprete de Schubert, nos muestre con claridad la función proléptica del piano sobre la palabra.

Más allá, empero, de la poesía que subyace en el texto del Bardo, gran parte de la nobleza de la obra, trasladada de forma efectiva a esta versión cinematográfica, es la ambigüedad de las dos facciones. ¿Están impulsadas por una lealtad a Roma mayor que la lealtad a su amigo César, o están impulsadas por la envidia y la ambición? La de Burge ciertamente presagia el desenlace de la alianza entre Antonio y Octavio, y es impresionante la forma en que contrasta los elevados objetivos, al menos declarados por Casio y Bruto, con la agitación y el pandemonio que sus acciones crean. Aunque sea principalmente un director de televisión, Burge utiliza todo el ancho del formato Panavisión para bloquear a sus actores en un espacio cerrado, como si la conspiración en ciernes los atorase en sus propios demonios interiores, y lo mismo puede decirse de sus movimientos y la puesta en escena que refleja sus emociones y ambiciones en todo momento.

La crítica del ensueño, de la mistificación es una constante en Kracauer, que en esta obra monumental adquiere lógico protagonismo. Como que lo fantástico, la representación alterada, forman parte consustancial del dispositivo ideológico, sobre todo en una época que vibrará con el nacimiento de la fotografía y también de las imágenes en movimiento. No sólo el relato de Proust se abre con los ocios de un niño de salud frágil y las sombras de la linterna mágica.