Y así la obra-monumento de Quignard parece condenada a desaparecer en el espacio, toda vez que mantiene una relación ambigua con el tiempo. Este es un proyecto en construcción, un monolito inacabado, todavía pendiente. Lo que, por un instante, como tal obra monumental, es asumida por el escritor como plenitud y finitud, pero que deliberadamente borra los límites entre pasado, presente y futuro.

Durante un tiempo la fotografía nos hizo creer que todo podía ser mirado, porque residía en el exterior. De ahí que fuesen tan frecuentes las fotografías de muertos, ejecutadas con un posado tan perfecto como vacío. Pero hay que repensar la lógica del fantasma, por ejemplo para hacerse a la idea de que la fotografía…