Si uno lee con atención el comienzo de La Educación Sentimental[1]En adelante, citaremos de FLAUBERT, Gustave. 1981. La Educación Sentimental. Madrid: EDAF, pp. 498 [la traducción española que sigo, empero, es la mía propia y no la de Hermenegildo Giner de los Ríos], encontrará en él un motivo «flaubertiano», el objeto deseado, soñado por muchos…