Más allá, empero, de la poesía que subyace en el texto del Bardo, gran parte de la nobleza de la obra, trasladada de forma efectiva a esta versión cinematográfica, es la ambigüedad de las dos facciones. ¿Están impulsadas por una lealtad a Roma mayor que la lealtad a su amigo César, o están impulsadas por la envidia y la ambición? La de Burge ciertamente presagia el desenlace de la alianza entre Antonio y Octavio, y es impresionante la forma en que contrasta los elevados objetivos, al menos declarados por Casio y Bruto, con la agitación y el pandemonio que sus acciones crean. Aunque sea principalmente un director de televisión, Burge utiliza todo el ancho del formato Panavisión para bloquear a sus actores en un espacio cerrado, como si la conspiración en ciernes los atorase en sus propios demonios interiores, y lo mismo puede decirse de sus movimientos y la puesta en escena que refleja sus emociones y ambiciones en todo momento.

Cuando se habla de Marco Antonio y Cleopatra (Antony and Cleopatra, 1972), que dirigió y adaptó Charlton Heston a partir del clásico de Shakespeare, es inevitable que surjan comparaciones con Cleopatra (1963), la mítica película de Mankiewicz con la que apenas sí guarda dos o tres similitudes. Recordemos que aquella ni siquiera tenía en cuenta…

De pocos norteamericanos que hayan dado vida alguna vez al mítico detective Sherlock Holmes —la eterna creación de Sir Arthur Conan Doyle— puede decirse que lo hayan hecho con éxito. Más allá de que fueran coproducciones con el país del dólar[1]Como aquel nefasto The Hound of the Baskervilles (Barry Crane, 1972) y que fue rodado…