Hace muchos años, cuando yo estudiaba Latín con Agustín García Calvo, y ensayábamos una traducción del “De rerum natura” del poeta y filósofo romano Tito Lucrecio Caro, nos decía que pequeñas diferencias en la combinación de los átomos podrían bastar para imaginar un número infinito de mundos posibles, aunque él tal vez hablase en términos…