Solterona

dependencia emocional
dependencia emocional
Yaoyao Ma Van As

Yo desde que era niña supe que quería ser una mujer soltera y vivir sola, como mi abuela. Lo que me pasó fue que intenté ser una mujer “normal” y tener pareja y me di cuenta de que esto no es lo mejor para mí. Con el gusto que da dormir sola ¿verdad? (María, 38 años)

Desde que somos niñas aprendemos que estamos incompletas, que necesitamos al otro para (sobre)vivir y que es la mirada externa la que nos valida.

Crecemos poniendo como prioridad la búsqueda de pareja para que sea el/la otrx quien cumpla nuestras expectativas, deseos y necesidades porque nadie nos enseñó a hacerlo por nosotras mismas.

Tenemos una ardua tarea.

La tarea de mirar adentro, de reconciliarnos con nuestras luces y sombras, de priorizar nuestros deseos y ponernos en el centro de una vez.

Cuando hablo con mis amigas, mujeres de mi familia o con las mujeres que acompaño en sus procesos de autoconocimiento me cuentan el tiempo, esfuerzo y energía que depositan o han depositado en la búsqueda y mantenimiento de una pareja o en recomponer los pedazos que quedan de sí mismas tras una ruptura.

Cuando ellas me hablan, son mis espejos y recapitulo sobre mis propias inversiones para calcular el coste/beneficio de lo afectivo en mi propia vida.

El balance suele ser negativo.

Nosotras invertimos de manera desproporcionada pues nos va la vida en ello, o al menos, eso fue lo que aprendimos.

Como dice Marcela Lagarde:

« Tenemos que llevar el libro de contabilidad de la pareja: saber qué aporta cada quién a la relación, qué sustrae cada quién de la relación, cómo se aprovecha cada quién de la relación, en qué abusa cada quién y en qué se beneficia cada quién porque no podemos permitirnos hacer malos negocios, y mucho menos en el amor»

El amor es un intercambio y para construir relaciones equitativas necesitamos poner en valor el equilibrio entre el dar y el recibir.

La máxima expresión del “amor de las mujeres” es la entrega, estar para el otro, complacer sus necesidades o incluso salvarlo de su sufrimiento. Obsequiamos nuestro tiempo y esfuerzo en muchas ocasiones a cambio de nada, y este aspecto es cuestión de género.

En muchos libros de psicología aparece la afirmación de que el nivel de dependencia emocional es mucho más alto en las mujeres que en los hombres y en muy contadas ocasiones se muestran las consecuencias para nuestra salud o los orígenes de esta dependencia.

La dependencia emocional erosiona nuestra autoestima y autonomía y se construye como parte de nuestra socialización en la que aprendemos que el éxito personal de las mujeres está vinculado al territorio del amor.

La sabia Kate Millet también lo decía:

«El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban. Tal vez no se trate de que el amor en sí sea malo, sino de la manera en que se empleó para engatusar a la mujer y hacerla dependiente, en todos los sentidos. Entre seres libres es otra cosa»

La primera vez que leí esta frase, repetía para mí:

Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban, Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban, Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban”

Me pregunto cuantas de nosotras hemos depositado nuestro proyecto de vida en el otro sin ser conscientes de ello, pues una de las estrategias más perversas del sistema patriarcal es normalizar este tipo de mandatos.

Porque de esta manera se hacen invisibles.

 Todas aprendimos a ser dependientes y a construirnos en relación a los demás. De esta manera, la estrategia de dominación de las mujeres es mucho más fácil y qué mejor manera que hacerlo a través del amor.

Por eso, como dicen mis maestras de la Asociación de Mujeres para la Salud, la independencia y autonomía es obligatoria para nuestra salud y requiere entrenamiento.

Y ahora, ¿qué hago con todo esto?

En primer lugar, poner conciencia y tomar el compromiso con una misma e ir soltando peso y quitando capas.

Ya… pero ¿cómo?

  • La honestidad como clave fundamental.

Si eres honesta contigo y te preguntas cómo has construido tu idea del amor, miras tus relaciones de pareja con las gafas moradas y pones en la balanza las pérdidas y ganancias… ¿cómo resulta la ecuación? Quizá te parezca que un lado de la balanza está más descompensado y hay que ponerse manos a la obra para reinvertir el peso.

  • Construyendo un análisis crítico de la dependencia.

La dependencia emocional no nos viene dada. Se aprende y se construye poco a poco y de una manera inconsciente. En este sentido, ¿cómo construiste la tuya? ¿qué recuerdos llegan a ti de los mensajes que recibiste sobre el amor cuando eras niña o adolescente? ¿Recuerdas los cuentos que leías o las revistas dirigidas a chicas? Los “trucos para ligar” de la Súper Pop son un claro ejemplo de este adoctrinamiento.

  • Dejando a un lado la autoexigencia

Es muy común que se nos cuele la exigencia y que una vez que hemos tomado conciencia del nivel de dependencia emocional que hemos ido construyendo desde hace tanto tiempo queramos soltarlo de inmediato y alcanzar o imitar modelos que tengan que ver con el ideal de la “perfecta feminista” (el cual no existe)

  • Tomar decisiones.

Ahora es necesario decidir qué hacer con nuestros deseos, necesidades, relaciones, tiempo y dinero. Tomarnos el espacio para reflexionar y tomar estas decisiones son la base para pasar a la acción desde la conciencia.

  • Asumir que estamos solas.

La primera vez que escuché eres la única persona que te acompaña desde que naces hasta que mueres algo cambió dentro de mí y fui consciente de que reivindicar la soledad también pasa por reconocer que no necesito a una pareja para no estar sola, porque paradójicamente ya lo estoy y siempre lo he estado.

  • Apostar por la interdependencia.

Somos seres sociales. No podemos vivir en aislamiento ni sin contacto con lxs demás pero esto no significa que necesitemos a otras personas para que nos completen, nos den su aprobación o cubran todas nuestras necesidades. Por eso construir relaciones basadas en la interdependencia tiene que ver con valorar el espacio propio para decidir cómo, cuándo y de qué manera construyo espacios compartidos con otra persona. De esta manera, cuanto más rico sea mi espacio propio, más saludables serán los espacios que comparto con otrxs.

Reivindicar nuestra autonomía también pasa por darnos cuenta de que hay un sistema social y cultural que mantiene el ideal del amor romántico y que hay un reconocimiento social que es dado a las parejas así que la tendencia es caminar hacia este modelo y así no sufrir las consecuencias.

Ir en dirección contraria a este mandato supone salirse del molde de la mujer normal que María apuntaba y el cual intentó ser al exigirse tener una pareja. Quedarse en este molde tiene una serie de consecuencias para la salud y si intentas salir de él es probable que aparezcan dudas, cuestionamientos e incomodidad.

La última vez que la vi, María me contó que en muchas ocasiones atraviesa momentos de duda y vuelven a aparecer los fantasmas patriarcales que le señalan que es una mujer fracasada al no tener pareja porque “nadie la quiere”

Luego sonríe de manera cómplice y me dice que sabe que esto no es cierto, que ella se quiere mucho, duerme sola y también es feliz.

Cuando aparecen mis propios fantasmas me acuerdo de ella e invoco a todas aquellas mujeres que a lo largo de la historia también defendieronel placer de la soledad y resignificaron la palabra solterona, esa etiqueta que cuestiona a las mujeres que están aprendiendo a convertirse en sus mejores aliadas.

Con o sin pareja, propongo reivindicar el poder de esa solterona que habita en cada una de nosotras, la que es capaz de disfrutar en el arte del acompañarse a una misma saboreando el mayor de los placeres o atravesando el más escalofriante de los miedos.

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