Sobre deseos y heridas

Octubre empieza lluvioso y gris, con nuevos proyectos que pintan muy bien y sin un céntimo en el bolsillo, como es ya costumbre en los últimos meses. Quizá por eso en estos días de estabilidad variable y de esperanzas difuminadas vienen genial los ratos de merienda espiritual compartida, para eso que recuerdo a menudo de la reconciliación con el mundo. No haría falta reconciliarse de estar en paz, pero esa es otra historia.

Cualquier cosa que pueda decir este discreto escribidor cultural sobre Carmen Juan y el recién horneado Amar la herida (La Bella Varsovia, 2014) en este medio caería fácilmente en el descrédito, por la cercanía y por la amistad, que en general suelen nublar la vista. De todas formas, como ella no sabe lo que había preparado para esta semana y sus ojos ahora mismo mientras revisan mi texto atolondrado estarán desorbitando entre el rubor y la rabia con la que solemos ponernos en evidencia pública, está disculpada. Además, ustedes ya saben que aquí, aunque parece que no, lo que más hago es hablar de mí, así que disculpado.

Fue un rato intenso, como siempre que unos cuantos romanticones llenan un bar para escuchar un recital. Fue en Murcia, esa ciudad que últimamente me acoge tan bien, acompañado de la gente buena de La Galla Ciencia (Joaquín, Noelia y los demás) y de Soren Peñalver, que habló de asombros y de la belleza nívea de Fleur Jaeggy y dijo que eras la hija estética que uno puede estar toda la vida esperando y nunca llega. Fue en El Sur, ese rincón bonito de la Murcia histórica, como un callejón lleno de artistas y tequila mexicano donde se expuso además [PO-CO], la colección de poemas y collages que Carmen pintó con Anna Roig.

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Fue bonito estar arriba, contar tres tonterías de tus 23 años y escucharte leer Amar la herida con las manos en el papel de un libro que empieza a abrirte puertas porque, entre otras cosas, es bueno. Ya habrá tiempo de hablar de él y de presentarlo más veces. Hoy solo quería decir más tonterías y hablar de alegría y esperanza y sueños cumplidos aunque cuesten heridas. Suerte con la bestia, déjala que haga su camino. Eres demasiado joven para no ser valiente, aunque de todas formas, tampoco te pases.

Victor M. Sanchis

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