Rogoff y Reinhart: la austeridad como dogma en entredicho

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Se ha escrito mucho estos meses sobre la austeridad aplicada durante la crisis económica, en diversos países y sobre todo en algunos pertenecientes a la UE. En esta entrada lo que vamos a hacer es recoger la opinión de distintos protagonistas, con motivo del error que cometieron Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff en un paper de 2010, ‘Crecimiento en tiempos de deuda‘ que a principios de este año fue analizado por unos estudiantes de postgrado encontrando graves errores.

Antes de empezar con las opiniones sobre dicho error y sobre la austeridad, añadimos un vídeo que explica de forma sencilla qué es la austeridad catalogándola como política de clase, que he encontrado gracias al blog ‘clionauta‘. Corre a cargo de un profesor de economía política internacional en la Universidad de Brown, Mike Blyth:

Una vez comentada la protagonista de nuestra entrada, vídeo mediante, vamos a empezar con algunas opiniones. La primera la tomamos de Nada es Gratis, en concreto de Luis Garicano, catedrático de Economía, que se centra en los errores de Rogoff y Reinhart en su paper para luego comentar su opinión sobre qué medidas aplicar. Aquí nos hacemos eco del los errores resumidos:

1) Excluir del cómputo algunos países y algunos años, específicamente, Australia, Nueva Zelanda y Canadá en los años 46-50, años de mucho crecimiento y alta deuda.2) Errores en el código. En la hoja de Excel (pero estos señores hacen trabajo empírico… en Excel?!) excluyen cinco países, Australia, Austria, Bélgica, Canadá y Dinamarca, del análisis. Estos países tienen alta deuda y alto crecimiento (ver Bélgica). Estos errores son aceptados por Reinhart y Rogoff en su respuesta.

3) Ponderar de manera extraña los países, de forma que las observaciones de muchos años de deuda excesiva quedan reducidas a una observación. Aquí Reinhart y Rogoff en su respuesta se defienden, y dicen que a ellos les interesan los “episodios” y no las observaciones individuales. Sinceramente, no es forma de hacer el trabajo empírico.


No nos hacemos eco de las medidas que considerarían oportunas, porque son muchas y desarrolladas en diversas entradas. Eso sí, destacar que Luis Garicano y otros autores de Nada es Gratis, habrían empezado por dejar que quebraran los bancos cuya gestión lo hubiera provocado.

Además de los graves errores, que muchos consideran que se han cometido por sesgo subjetivo, también se critica que los ‘Papers and Proceedings de la AER’ no son sometidos a revisión y que, Excel es un software chapucero para estos menesteres. R es la recomendación, el gran lenguaje de programación para el análisis de datos y, por si fuera poco, es software libre bajo licencia GNU.

Si bien, este paper y los errores que traen consigo no han marcado las políticas que impone el FMI a cambio de ayudar, y tampoco obliga a ningún gobierno a aplicar austeridad ante deudas elevadas, si otorga cierta legitimidad a actuar en esa dirección. Roger Senserrich desde politikon, expone tres virtudes/peligros del trabajo de Rogoff y Reinhart:

El artículo tiene, por decirlo de algún modo, tres grandes virtudes: primero, es fácil de explicar, con una lógica sencilla y directa. Segundo, las matemáticas del modelo son lo suficiente sencillas para no intimidar demasiado (unas cuantas correlaciones) pero lo suficiente complicadas para dar impresión de seriedad y que un periodista no les preste demasiada atención. Tercero, y más importante, “Growth in a Time of Debt” da la razón de forma plena, completa y abrumadora a todo político y columnista serio, adusto y conservador que quiera crujir un continente a base de austeridad durante la próxima década.


Continua diciendo y etiquetando la conclusión expuesta por Rogoff y Reinhart como ridícula, desde un punto de vista estadístico:

El efecto ha sido curioso. Cualquier observador medio familiar con estadística o economía leerá el artículo y dirá, casi de inmediato, que “correlación no equivale a causalidad“. Nada de lo que dicen Rogoff y Reinhart elimina la posibilidad que el crecimiento económico lento sea la causa y no la consecuencia de elevadas tasas de endeudamiento. El modelo matemático del artículo es ridículamente sencillo; es literalmente imposible decir con certeza que la deuda pública está provocando crisis con los datos presentes.


Senserrich prosigue su artículo atizando a los columnistas estadounidenses por su bajo nivel en economía y estadística y a los políticos republicanos y centristas, del país norteamericano que por utilizar un trabajo científico que no entienden, como caballo de batalla contra Obama. De Europa, lo que ya sabemos, austeridad austeridad y más austeridad como única medida económica para reprimir las economías de los países más afectados por la crisis.

Michael J. Boskin, profesor de Economía en la Universidad de Stanford, opina que los errores son normales en cualquier trabajo de investigación, que ningún economista serio tomaría un único trabajo como relevante para decidirse por políticas económicas concretas y que, la austeridad es probablemente más beneficiosa ante elevadas deudas en tiempos de crisis:

Algunos sostienen que la consolidación fiscal mediante reducciones permanentes graduales en el gasto serían expansionarias para los países altamente endeudados, como ocurrió en algunos episodios históricos. Otros argumentan que un incremento temporario del gasto ahora fomentaría el crecimiento. Ambos podrían ser expansionarios -o no, dependiendo de los detalles y las circunstancias-. Como muchos países han estado consolidando simultáneamente, las tasas de interés ya son bajas; y, en el caso de Estados Unidos, que representa más del 20% de la economía global y emite la moneda de reserva global, es altamente aconsejable ser precavido a la hora de hacer generalizaciones en base a otros episodios fiscales.

No obstante, la evidencia claramente sugiere que los ratios de deuda elevada/PBI pueden llegar a impedir el crecimiento en el largo plazo; la consolidación fiscal debería aplicarse en etapas de manera gradual conforme las economías se recuperan; y la consolidación necesita aplicarse principalmente en el lado del gasto del presupuesto. Finalmente, la noción de que podemos esperar 10-15 años para empezar a ocuparnos de los déficits y la deuda, como ha sugerido el economista Paul Krugman, es mucho más que irresponsable.


Otros, no comparten dicha visión exactamente, y refiriéndose a España y otros países de la Unión Europea, llamados PIIGS, llega hasta nosotros la crítica que hace Dan Kervick, doctor en filosofía por la Universidad de Massachusetts, a la austeridad y su repercusión en el empleo y servicios que aporta el Estado a una economía:

Estamos reduciendo la actividad estatal y desmantelando la capacidad de la empresa pública precisamente en el momento en que más necesarias resultan. Recientemente, distintos tertulianos y columnistas Demócratas, lejos de lamentarlos, han venido alardeando de esos espectaculares retrocesos en el gasto y en el empleo públicos. El tenor político general parece ser el de aplaudir la agenda de austeridad, poniendo a Obama como parangón del presupuesto cicatero y la virtuosa abstemia fiscal. Obama, hay que recordarlo, nos dijo que el Estado debe contraerse porque “no tenemos dinero”. ¿No resultaría absurdo que los dirigentes de una empresa privada dijeran que el sector privado tiene que contraerse porque “no tiene dinero”? Todo el mundo reconoce que si nuestra economía ha de crecer y progresar, necesita gastar e invertir, y que los medios de financiación se crean de consumo con las iniciativas que han de ser financiadas.


Pero esa no es la única crítica que ha recibido la austeridad y las medidas aplicadas en los países que peor han sufrido la crisis.

Paul Krugman, premio Nobel de Economía, utiliza el caso de Japón para explicar que su deuda es consecuencia de la crisis, y no al revés, como pretendían defender, de forma interesada se cree, Rogoff y Reinhart en su artículo científico con errores flagrantes. Paul Krugman explica el inicio de la credibilidad de Rogoff y Reinhart y lo que ha seguido a continuación durante los últimos 3 años aproximadamente:

Reinhart y Rogoff tenían credibilidad gracias a un libro anterior admirado por todo el mundo sobre la historia de las crisis financieras, y el momento escogido era perfecto. El artículo se publicó justo después de que Grecia entrase en crisis y apelaba directamente al deseo de muchos funcionarios de virar del estímulo a la austeridad. En consecuencia, el artículo se hizo famoso inmediatamente; seguramente era, y es, el análisis económico más influyente de los últimos años.

El hecho es que Reinhart y Rogoff alcanzaron rápidamente un estatus casi sagrado entre los autoproclamados guardianes de la responsabilidad fiscal; la afirmación sobre el punto de inflexión se trató no como una hipótesis controvertida, sino como un hecho incuestionable. Por ejemplo, un editorial de The Washington Post de principios de este año advertía contra una posible bajada de la guardia en el frente del déficit porque estamos “peligrosamente cerca de la marca del 90% que los economistas consideran una amenaza para el crecimiento económico sostenible”. Fíjense en la expresión: “los economistas”, no “algunos economistas”, y no digamos ya “algunos economistas, a los que contradicen enérgicamente otros con credenciales igual de buenas”, que es la realidad.


Continua explicando el recorrido de los errores de los dos protagonistas de esta entrada, y remata atacando a los dirigentes que puedan creerse escudados bajo la opinión de Rogoff y Reinhart para aplicar políticas agresivas de austeridad hacia las poblaciones que gobiernan:

Lo que pone de manifiesto el asunto de Reinhart y Rogoff es la medida en que se nos ha vendido la austeridad con pretextos falsos. Durante tres años, el giro hacia la austeridad se nos ha presentado no como una opción sino como una necesidad. Las investigaciones económicas, insisten los defensores de la austeridad, han demostrado que suceden cosas terribles una vez que la deuda supera el 90% del PIB. Pero las investigaciones económicas no han demostrado tal cosa; un par de economistas hicieron esa afirmación, mientras que muchos otros no estuvieron de acuerdo. Los responsables políticos abandonaron a los parados y tomaron el camino de la austeridad porque quisieron, no porque tuviesen que hacerlo.

¿Servirá de algo que se haya hecho caer a Reinhart y Rogoff de su pedestal? Me gustaría pensar que sí. Pero preveo que los sospechosos habituales simplemente encontrarán algún otro análisis económico cuestionable que canonizar, y la depresión no terminará nunca.


Continuando con la crítica a la austeridad de Paul Krugman y otros economistas, podemos leer a través de Gurus Blog, un artículo en el que se argumenta, con diversos artículos científicos y gráficos, de forma contraria a la que lo hace Michael J, afirmando que los salarios reales caen siempre ante la austeridad, además de traer consigo siempre una distribución mas desigual al incrementar las diferencias entre “ricos” y “pobres”.

Hubo una subida salarial en 2008, cuando estalló la crisis, pero después los salarios cayeron. La tendencia se repite si realizamos la comparación con otros países de la Unión Europea. Podríamos decir que los procesos de austeridad siempre van acompañados de una reducción salarial a efectos de lo que vemos en el gráfico anterior (ya que Suecia y Alemania no los han implementado). Entonces, podríamos decir que la austeridad no viene sola sino que viene acompañada, en mayor o menor medida, de esta reducción de salarios. Hemos escogido a nuestro país y a otro miembro de los PIGS, Italia, que también ha sufrido procesos de consolidación fiscal. La tendencia es la misma: se produce una caída evidente en los salarios (recordemos que lo que estamos tratando es el crecimiento real de los salarios en base a un porcentaje (%)). […]

La brecha salarial entre aquellos más ricos y los más pobres se ha disparado en los últimos años a consecuencia de la austeridad, la bajada de la demanda, los recortes en educación, los recortes en sanidad pública etc. El fin de las prestaciones que hace que haya personas que se queden sin recursos y el amplio porcentaje de desempleo han aumentado sin ninguna duda la desigualdad.


También se trata, como punto negativo de la austeridad, de la pobreza o exclusión social, de la que también se comenta en el artículo último enlazado:

En los 27 países de la UE (28 ahora si contamos a Croacia), el número de personas en riesgo de pobreza o exclusión social ha aumentado de 113,8 millones de personas en 2009 a 119,8 millones en 2011, un aumento del 5,3%.

En España el aumento es del 16,1%, hasta los 12,37 millones, lo que representa un 27% de la población, una subida de casi cuatro puntos porcentuales que, seguramente, seguiremos padeciendo en los consiguientes años.


No es de extrañar, por tanto, que ante esta situación y las previsiones económicas que no auguran crecimiento para los países más afectados de la UE, la austeridad haya remitido en parte. El FMI ha admitido notables fallos en su plan de rescate a Grecia. Y es que, se ha sometido a austeridad a la economía de los países que más han acusado la crisis, provocando un empeoramiento de la situación social general. ¿Tiene sentido la austeridad?

Cada uno que saque sus conclusiones pero, hasta la fecha ha incrementado el paro y continuará haciéndolo, las desigualdades salariales y las desigualdades en la distribución, avocando a un mayor número de personas a la pobreza. La deuda no ha decrecido y la siguen pagando cada uno de esos que cada vez son más pobres y que no la han generado, a la par que se inyecta dinero a los bancos para que estos no quiebren, dejando huérfanos de liquidez a la fuerza que mueve el país, que son las personas y las pymes.

Artículos extra: para no extender aún más la entrada
Juan Rico

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