Renato Castellani. La historia del cine italiano (y 2)

Continuamos en esta entrada recordando al gran director italiano Renato Castellani, con las que son tres de sus cuatro mejores películas, sin olvidar las importantes influencias que generaron.

Sotto il sole di Roma (Bajo el sol de Roma, 1948) podría ser, en cierto modo, el film más representativo de la carrera del cineasta, por cuanto comienza siendo comedia y acaba convirtiéndose en drama. Es también el ejemplar más acabado de su prodigioso sentido del movimiento y del ritmo (el extraordinario episodio del baño en el río, el del combate de boxeo, abundantes escenas familiares…). Pero, es más, partiendo de la apariencia neorrealista que le dan sus decorados naturales, sus actores no profesionales y su trama cotidiana, su estructura por episodios, de resortes narrativos parientes de los de la picaresca española, la convierten en auténtico hito fundador de lo que más tarde sería conocido como comedia a la italiana en su vertiente más moderna; esto es, la de los Monicelli, Comencini, el mismo Castellani, etc. Todavía más: su cualidad de sentida rememoración de los días felices de la adolescencia, que acaba por desembocar en la crónica de una maduración forzosa donde esos días soleados del pasado acaban sucumbiendo a los lluviosos y tristes del presente, luego tendría sus ecos en, como mínimo, Novio a la vista (L. G. Berlanga, 1954) y Amarcord (F. Fellini, 1973). Pero, si el film de Fellini es superior en tantos aspectos, tal vez en fuerza y pathos no logró superarla…

Il brigante (El bandido, 1961) es seguramente, el título más prestigioso de Castellani. En cierto modo, continúa la idea de Sotto il sole di Roma, al mostrar un proceso de maduración, más amargo todavía; es también, y en esto se alinea con una corriente importante de la aventura (Treasure Island, Moonfleet…), la historia de la amistad de un niño, Nino, con un adulto, Michele, por el que siente ciega admiración. Sólo que en Il brigante ello se muestra, como corresponde a la convulsa Italia meridional en torno a la Segunda Guerra Mundial y a toda una importante corriente del cine transalpino, en continua relación con el devenir colectivo, pues también se dirime la cuestión de la lucha de clases en el feudal mundo rural calabrés. De hecho, hay una sabia decantación desde un mayor foco inicial en Nino al mayor peso que, poco a poco, va tomando la colectividad, para al final realizar un poco el proceso inverso, sólo que esta vez centrándose más en Michele.

Recuerda, de hecho, Il brigante al afamado suflé de Bertolucci Novecento (o más bien, a la inversa, Novecento recuerda a Il brigante), sólo que expuesta con mayor modestia, y también mucho mayor talento. Y es que Castellani dibuja este fresco histórico, sucio y desharrapado (cuando los exteriores no supuran polvo es porque se han convertido en un barrizal), en unos densos ciento cuarenta minutos con la elegancia y perspicacia que le caracterizan, poniendo siempre en relación, con contundente maestría, los acontecimientos colectivos con la mirada individual de Nino: así, abundan los planos que, tras recorrer con la cámara a los habitantes del pueblo entero, o casi, acaban en el rostro del niño, en plano corto, acusando así el impacto que los acontecimientos tienen en él. Pero también destaca Il brigante: por los magistrales planos colectivos registrados con la cámara en movimiento y en profundidad de campo; por los habituales toques entomológicos de su director; por su admirable planificación, siempre atenta a los momentos en que la cámara debe acercarse a sus personajes, aunque sin ceder nunca al exceso melodramático; por el antológico uso del paisaje (esos agrestes barrancos y hondonadas por donde Michele surge y, después, huye; esos bosques como testigos de sus aventuras amorosas, con esos troncos altos y esbeltos cuya verticalidad parece transformarlos en jaulas…); por el soterrado lirismo de los furtivos encuentros entre Michele y Miliella, así como de la muerte de esta, dada en un inolvidable contraluz, y la del bandido, heroica y desesperada como en una ópera…

‘Leonardo’, de Renato Castellani | Vía: Libreria Medievale (Leonardo)

Por último, La vita di Leonardo da Vinci (1971), formidable miniserie realizada para la RAI en coproducción con Televisión Española (¡qué tiempos!), de unas cinco horas de duración total, es el ejemplo más brillante que conozco de cine didáctico, incluidos los académicos telefilmes de Rossellini (cuya única honrosa excepción sería la magnífica La prise de pouvoir par Louis XIV [1966]). En esta apasionante película sobre el genio renacentista, al rigor de la documentación, al primor de la recreación histórica y a la invención de la puesta en escena, tan descuidada por lo general en las lecciones televisivas de su venerado colega, se suma una perspectiva muy moderna y mucho más audaz que los intentos de Rossellini (en el fondo, al menos desde una perspectiva actual, bastante convencionales). En La vita di Leonardo da Vinci un narrador, tan continuamente visible que se diría un personaje más, no sólo introduce y comenta los episodios, sino que señala cuáles están documentados y cuáles son elucubraciones; incluso se inmiscuye físicamente en la misma recreación histórica que explica, generando una productiva fricción entre pasado y presente, entre documento y ficción, entre hechos e interpretaciones, y llegando a erigirse, más que como comentarista, como testigo desde el futuro; es más, a veces, las intromisiones del narrador en la trama llegan a configurarlo como la sombra o la conciencia del mismo Leonardo, el cual, por cierto, no sólo se presenta como una figura histórica, sino como una persona de carne y hueso, con sentimientos y alma. Un ensayo extraordinario, absolutamente único, y una soberana lección de cómo hacer didáctica de primera categoría sin renunciar al cine, también de primera…; lección que, por desgracia, parece haber caído en saco roto: nadie, que yo sepa, ha vuelto a ofrecer una experiencia similar; cuando menos, de semejante categoría.

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