Relámpagos, de Carmen Moreno

Llega septiembre con las manos llenas de Relámpagos, de Carmen Moreno (Cádiz, 1974), poemario del año 2013 publicado por LVR[ediciones que inauguraba la Colección Disnomia, reservada, como reza la solapa, “para autores y autoras que llevan un cierto recorrido en el mundo de la poesía”.

El conjunto de poemas que conforman la colección de Carmen Moreno responden perfectamente a la definición del título. Versos centelleantes, hiperbreves, que provocan la luz y causan el silencio, como un relámpago, que levantan la tapa de los sesos, citando las palabras de Emily Dickinson que recuerda Ángel Muñoz Rodríguez en el prólogo.

El poemario se organiza en cuatro bloques diferenciados, París, Pasillos, Relámpagos Monroe y Rusia en un destello que aglutinan unos poemas cuya brevedad (enlazados en estribillos de tres o cuatro versos) linda con las fronteras genéricas e inserta la propuesta de Carmen Moreno de lleno en la encrucijada literaria del siglo XXI, en la que la hiperbrevedad se convierte en poética, como el relámpago en relato.

Los XXV relámpagos de París hablan sobre todo de desamor, del desgarro del yo lírico que ofrece destellos de un apagón. París es una reiteración geográfica que elige jirones de un vestido, que empieza con imágenes y deseos (“Tomarte la cintura / y trazar un vals en tus caderas”) y acaba en cadáver y perfidia, en la tiranía de los hombres y en el suicidio.

“Existen más libros sobre Marilyn Monroe que sobre la II Guerra Mundial. Hay una cierta semejanza entre las dos: era el infierno, pero valía la pena (Billy Wilder)”. Es la última cita del diálogo que establece Carmen Moreno con uno de sus personajes feitche, Marilyn Monroe, en la segunda parte de Relámpagos. Breves citas de la propia Marilyn o de personajes cercanos que conocieron a la actriz y configuraron el mito dialogan con las sentencias de la poeta gaditana, que reescribe un personaje al que se asimila, recordando sobre todo la soledad del éxito, la soledad de la fama, la nostalgia del triunfo, la dictadura del sexo (como en el poema X, el último, que dialoga con la cita de Wilder: “La guerra anida en mi cama. / Las trincheras están llenas de mí / que soy cadáver, que soy infierno”).

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Por los Pasillos de la tercera parte asciende el lector en una escalera de hotel que encierra habitaciones con escenas diversas, como un collage coral que reúne en un edificio escenas de películas, estampas sensuales y críticas sociales (Habitación 666. “Y dijo el diablo: / Páseme con el banco central europeo”). En el ático termina la reflexión del individuo, con la soledad de una ciudad que vapea en un cigarro, con la necesidad de destruir al inquilino de habitaciones diferentes, como quien piensa encontrar el hogar.

Rusia en un destello cierra el poemario con estampas culturalistas que recuerdan San Petersburgo y buscan la intimidad de la historia. El hilo cambia, y ahora el sentimiento aflora en el frío de los libros y de personajes de otra historia, dejando atrás el yo testimonial para volver, como en los poemas sobre Marilyn, al yo histórico.

Una propuesta entera y directa, armada con precisión suiza, que deja entrever la madurez técnica de Carmen Moreno y conecta al lector con sus distintos universos. Cuatro partes que podrían haber conformado cuatro libros, entre las que destacan sin duda las propuestas de reescritura y asimilación del fracaso de Marilyn y las pinceladas culturalistas de Rusia en un destello. Como Relámpagos en la ventana, estos versos de Carmen Moreno. Léanlos.

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Victor M. Sanchis

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