Realmente, ¿vale todo?

En estos tiempos mediatizados hasta la saciedad y el cansancio, donde tienes publicidad de lo que sea hasta en la sopa, cada día se buscan nuevos métodos para llegar a la gente y lograr el efecto anhelado: impactar. No importa cuál sea el medio utilizado, al parecer todo vale.

Un ejemplo es la última “onda” para los estrenos de películas de terror: hacer una falsa recreación del personaje en un escenario público y que éste se aparezca en la vida real delante de personas que no saben de qué va el tema y se pegan unos sustos horripilantes en “vivo y en directo” mientras son filmados con una serie de cámaras secretas.

Antes del estreno de la nueva versión de Carrie”, basada en la novela homónima de Stephen King, en una conocida cafetería de Nueva York hicieron todo un montaje y a la hora de mayor concurrencia, una chica se hizo la “enojada” y con sus poderes telekinéticos, comenzó a hacer volar libros, a mover cosas y hasta a estampar contra una pared a un chico, entre los gritos despavoridos de la gente que salía de allí pitando.

Con la película “La maldición de Chucky”, el escenario fue una solitaria parada de autobús en una ciudad de Brasil. El regreso del famoso muñeco diabólico que ya provocara cientos de alaridos y palpitaciones en los 90, fue promocionado con un hombre disfrazado que provocó el pánico entre las personas que esperaban el bus.

Para “Heredero del diablo”, la puesta en escena se hizo en las calles de Nueva York, donde dentro de un carrito aparentemente “abandonado” se encontraba un robot bastante peculiar: era un bebé terrorífico que dio más de un susto a los transeúntes que se acercaban preocupados por socorrer a una criatura en apuros.

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