Primer de Shane Carruth – dirección, guión fotografía y música de su mano

Distinción entre futuro, realidad o ficción es tan complicado de diferenciar en muchas películas pero si encima nos vamos a referirnos a temáticas con viajes a nadie sabe dónde, con la mente y con el cuerpo, es más difícil aún. Ahí es donde hay que decir: dejen sus libres sus mentes, que el juego va a comenzar. Eso sí nunca se sabe cuando es verdad o mentira todo lo contado en una ficción. Primer tiene mucho de todo esto.

Deferencia tiene el director Shane Carruth con mostrarnos películas con sustancia para que se elucubre lo suficiente y que dependiendo de cada visionado, interpretar cada secuencia, cada plano y cada personaje diferenciando el escenario en concreto.

El director, guionista, músico y fotógrafo en Primer dibuja la relación de cuatro amigos que en un garaje construyen aparatos de gran dificultad. Por azar descubren como conseguir lo que les dará poderes mediante lago mecánico. Es algo potente, tanto que puede dejar de lado su amistad. 

Aquí en Primer el juego visual es importante, ya que la narrativa es tan pausada que hay que combinarla con la fotografía, por momentos pixelada, para conjugar en tonalidades medias en su temática, que bien es verdad que tarda en entrar, y cuando lo hace como buena estructura de incógnita entra en bucle para que el espectador para de la idea o totalmente lo contrario.

Dilucidar el significado es complicado, pero no imposible, la combinación de irrealidad junto con la crítica de soslayo a la importancia que hay sobre la amistad y lealtad en el ser humano, hace de Primer un juego complejo, pero a la vez atrevido. Su inmersión en la mente de los protagonistas conjuga muy bien con sopesar la tentativa de la búsqueda de la superioridad encontrada en un momento dado y la realidad admitida sin mayores pretensiones.

Al igual que hizo Duncan Jones en Código Fuente, la estética y narrativa en ambas tiene un concordancia bastante compleja de seguir, las idas y venidas de las dos, son constantes, sin dar tregua a saber cuál es el final de una etapa, y el comienzo de la otra, aunque efectivamente cada una suelte pinceladas de lo que quiere expresar, pero sin ser el fondo en cuestión total, exige una total atención a esos pequeños matices que generará en la imaginación de cada visionado, una idea perpleja o no, del contexto inmerso en historias no reales que distan mucho de esas ficciones racionales a las que estamos acostumbrados.

Primer tiene un inicio que recuerda totalmente a la versión de Steve Jobs, y que incluso en un fondo hay un poso parecido, ambición y poder en su mensaje final, pero que dista mucho de contener realidad, sino un relato complicado de deshilar si no fuera por esa voz en off, que implica al espectador en todo momento, voz susurrante, hilarante de falta de colores pero no de sonidos, enfatizando por momentos a cada personaje o bajando los timbres de tono, en muchos otros.

Idas y venidas, en el presente pasado y futuro,  contemplada con asombro, puesto que el director, deja todas sin completar o en inicio o en final, para enlazar en la siguiente, buscando un significado efímero a cada etapa, pero lleno de consistencia visual que se encarga de rellenar la falta de intensidad emocional en el carisma de los personajes, que parecen abducidos por su entorno y por la ambientación tenue y fría.

La ambientación neutra de colores comparte la misma similitud en interpretación que carente de mucha empatía con la cámara, es lo que da vitalidad, al genero en cuestión pues crea el enigma pertinente para hacer patente una duda, un desafío o un misterio por resolver tanto delante como detrás de la pantalla.

Profundiza en los egos de todos aquellos que buscan la novedad, el poder de las iniciativos, los logros oportunos o inoportunos pero creyéndose únicos y verdaderos para el mismo. Al mismo tiempo nos encarna en cada personaje actitudes muy distantes unas de otras, protagonistas con más coraje, otros con más desafío personal, otros con más arraigo emocional en cuanto a amistad, pero ninguno muestra la empatía suficiente a cámara como para desvelar de todo el fondo del metraje, por ello, queda a la total fantasía del espectador, el pensar de donde vienen y a donde van, con la duplicidad de esos caracteres y personas siendo las mismas.

Aunque de primeras uno pueda pensar que Primer esté contada por capítulos o etapas de los personajes, todo se desvela en unos viajes a todo o ninguna parte, según la lectura imaginaria de uno, cuando los comienzos y finales de esas secuencias parecen ser iguales pero no lo son, cuando las conversaciones parecen contar lo mismo, pero no lo es. Cuando la duplicidad y cruces cada vez parece más veraz pero más irracional.

Esa estética en su formalidad de mostrar sin exponer, sin decir sin contar hace que uno preste más atención a las secuencias progresivamente y la fusión en retina se va aglutinando lentamente, pero con la capacidad final de separar cada segmento estructural aunque no pueda darle una racionalidad total. Eso sí este factor aunque atrayente en sí, puede que distorsione un tanto la película, pues habrá quien entre directamente en el contexto o todo lo contrario.

Código Fuente por momentos buscaba el éxito y también la culpabilidad de unos hechos, Primer al igual enfoca retorcidamente él éxito, pero directamente en la ambición económica, intentando captar conocimientos con intereses personales pero sin querer compartirlos. La culpabilidad se irradia en los personajes cuando se encuentran de bruces con la capacidad de conseguir, pero al mismo tiempo no se ven capaces de expresar como y para qué sin tener que dar a conocer la procedencia de sus logros.

Susana Peral

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *