Permitirme desconectar

Me viene a la cabeza que creo que se acerca la fecha en la que me comprometí a escribir este artículo. Miro el grupo y efectivamente era el 2 de febrero. Como a alguna otra compañera me pasa que me cuestiono si lo que escribo interesará, si quizás no tiene sentido seguir, por qué pasan los meses y me siguen viniendo estas ideas….pero luego pienso «qué narices, tu escribe que mola, no abandones, da gusto ver que la lista de artículos publicados crece, esto tiene que acabar dándote confianza…»

Algún día recordarás con mucho cariño esta experiencia compartida con otras grandes mujeres que sentadas frente al ordenador, en un rato íntimo, decidimos exponernos a las miradas que se acercan a conocer algo, a veces poco y otras mucho, de nuestras entrañas y de nuestros sentires.

Hace unos días hablando con unas amigas comentaron sobre «el satisfyer» y les pregunté que era eso y no daban crédito. Alguien como yo, feminista, y además una cosa que está tan de moda, que no supiera lo qué era, que no hubiera oído hablar del vibrador más vendido. Pues sí, debe ser que a veces necesito bajarme del ritmo del mundo y descansar de saber qué pasa alrededor.

Necesito permitirme la licencia de desconectar

Tener personas a tu cargo, que dependen de ti, de tu humor, de tu energía, de tu paciencia, del acierto o no de tus decisiones, del tono y las formas de tus palabras, de la conveniencia del momento, del impacto de tu mirada….. se me hace a ratos y temporadas una tarea agotadora. En mi caso tanto en casa como en el trabajo. Es como tener un scaner permanente que te analiza, que te juzga y que, hagas lo que hagas, prevalece lo malo a lo bueno….me agota sí.

Es cierto que la responsabilidad en la maternidad no es comparable a la del trabajo, porque a pesar de los desencuentros, una madre es una madre, existe un amor y una unión necesaria para ser capaces de encontrar nuestro lugar en el mundo partiendo de unas raíces que nunca nos abandonarán. Aunque a veces parezca que podemos echar a volar, que tenemos el mundo por montera, y venimos de ninguna parte….es un espejismo. Los lazos con una madre son de los que a pesar de todo lo que pueda pasar son nuestros lazos con la vida.

Pero la jefa, eso ya es otro cantar. No soy perfecta, hago cosas que están mal claro que sí, pero en otras seguro que acierto, como todas y cada una de las personas que habitamos este mundo. Es una tarea titánica, en ocasiones siento un muro delante, tan pegado a mis ojos y tan alto, que no consigo saber para donde tirar. Me pregunto si los jefes sufren tanto, y me respondo que creo que no, que en la mochila que llevo yo la culpa pesa más.

Y es algo que me propongo como reto a superar, eso sí junto al lujo de permitirme desconectar, desatender obligaciones y dejarme disfrutar en rebeldía.

Por cierto, creo que el «satisfyer» me va a caer de regalo de cumple 😉

InKieta

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