Pensar Italia: «Muestras de papel italiano», de Julio García Caparrós

Julio García Caparrós | Vía: iblogs.es
Julio García Caparrós | Vía: José Antonio “Toti” Palacios

Los principios y finales en la literatura son importantes. El camino del diálogo, especialmente en poesía, otorga un lenguaje para medir lo que se consigue nombrando. Después, por idéntico camino, la realidad. Ésta es, en la lírica, lo que se sitúa fuera del poeta, bien sea material o inmaterial, pero también lo que está en él. Realidad que obtenemos como algo ya realizado pero a la vez como algo por hacerse, en continuo cambio. Pedro Salinas decía que en poesía había que contar con una «fuerza latente y misteriosa, acumulada en la palabra debajo, disfrazada de palabra»[1]SALINAS, Pedro. «Poética», en Diego, Gerardo. 1974. Poesía Española Contemporánea. Madrid: Taurus, p. 303 y que cuando un poema queda escrito, «se termina, pero no se acaba».[2]Ibíd., p. 303 Convengamos entonces que la misión del poeta, dentro de esa realidad, será crear una nueva, análoga a la que se una la propia realidad espiritual interior.

«Es mucho más alta la ciudad cuando la ciudad ha sido vencida»[3]GARCÍA CAPARRÓS, Julio. 2017. Muestras de Papel Italiano. Zaragoza: Sindicato de Trabajos Imaginarios, p. 17 y por eso la llegada al texto supone la aceptación de una serie de sucesos donde ha sido preciso atravesar muros y cadenas –tanto metafórica como literalmente- para configurarse en lo que llega a ser, pero que siempre va a seguir siendo. El filósofo, crítico y poeta Julio García Caparrós (Almería, 1958) acaba de publicar un libro de poemas en la editorial zaragozana STI (Sindicato de Trabajos Imaginarios, colección de poesía dasein) que es también una conversación y un paseo. Un libro que hemos denominado «la poesía de un pensador que mira».[4]ARANA, Daniel. «Permanecer en provincia (a modo de prefacio)», en GARCÍA CAPARRÓS, Julio. Ibíd., p. 10

La poética de Julio García es una versión -italiana, a su manera- de la nostalgia, con un aura que tiene lo mismo de melancolía que de encuentro. Así, quien establece el diálogo sobre la tierra se pliega ante los silencios del camino: «Puede que nos quedemos aquí junto a nuestra palabra».[5]GARCÍA CAPARRÓS, Op. Cit., p. 65 Por eso la poesía de estas cuarenta y nueve muestras convierten el lenguaje del mundo -un mundo que es Italia- en metafísica del instante. En una fotografía momentánea que trata del ser. El poeta, como un ebanista, talla con especial sensibilidad sobre la madera del papel en blanco, dejando ser al Ser. Esa interacción es plena y precede al desvelamiento. Lo mismo que se encuentra con la verdad al entrar en la madera del día: «Somos perfectos si nadie mira/Y perfectos hemos salvado los charcos más peligrosos del parque».[6]Ibíd., pp. 19-20

Claro que no hay una única interpretación del mundo, pero sí caminos que seguir y por los que transitar para hallar respuestas. ¿Cuál es la certidumbre de estas Muestras? Julio García es un poeta y pensador, consciente de que una metáfora no nos llevará al Saber, pero sí podría hacernos alcanzar una sabiduría, como medio único de medirnos con los interrogantes que nos alcanzan: «este brillo más grande que viene nadie sabe de dónde».[7]Ibíd., p. 55 Hay algo de una fundamental inmanencia en las palabras, si pensamos en que la verdad, a menudo, es tan frágil como ellas mismas. Por eso quizás el autor de este poemario ha elegido el camino de la simplicidad lingüística y del lenguaje sencillo para decir lo que es obscuro: la propia significación de los horizontes del mundo.

Heidegger afirma que cuanto más a menudo utilizamos un término, menos capaces somos de oírlo, y menos nos vemos obligados a examinarlo en el contexto de su adecuación e idoneidad.[8]RORTY, Richard. 1991. Heidegger, Contingency and Pragmatism. Cambridge: Cambridge University Press, p. 34 Tenemos que volver, en cuanto poetas, a palabras simples. Escucharlas, de alguna forma, en la manera en que un poeta lo hace al decidir si coloca o no una de ellas en un determinado lugar de un determinado poema. Si bien es cierto que, tal como apuntamos en el prólogo, «cada rincón de Italia es un poema épico»[9]Arana, Op. Cit., p. 5, no lo es menos que un abuso del lenguaje, a efectos poéticos, desluciría la forma de coexistir con los interrogantes sobre el mundo y el Ser en él.

Pensar Italia. Julio García hace de este libro un mapa donde representa y define la pasión formidable del paseo, del vivir en un territorio familiar. Conciliar poesía -como estratagema literaria- y filosofía -como camino de pensamiento y docencia- evita los riesgos de totalitarismo de uno y otro lado: si la literatura trabaja con lo provincial, con lo particular; la filosofía consiste en encontrar el centro o la clave del mundo, dar sentido, hacer coherente lo que sostiene el mundo. Así, uno de los poemas más breves y sin embargo, más bellos de libro, es un homenaje a San Agustín y a Nietzsche. Homenaje en forma de precisa poesía: «Al final del talud hay rosas./Te saludo tiempo del alma»[10]García Caparrós, Op. Cit., p. 49

Esta obra inmensa, como Arte en y por sí mismo, contiene la máxima heideggeriana de contención y confrontación, en combate permanente, de lo que es llamado Mundo, por un lado, y Tierra, por el otro.[11]HEIDEGGER, Martin. Vom Wesen der Sprache. Die Metaphysik der Sprache und die Wesung des Wortes(GA 85). Frankfurt a. M.: Vittorio Klostermann, pp. 54/45 Aquello instalado en la obra forma el «mundo»; de igual forma, la retirada y el acogimiento de lo surgido es la «tierra». Ese rendirse del silencio por el que el lenguaje se hace mundo, se hace sonido: «hablo volutas que dibujan cosas mudas».[12]García Caparrós, Op. Cit., p. 67

Si son las palabras una auto-manifestación de la existencia, el poema es elaboración de experiencia, y más tarde, superación de ésta. «Para mostrar la luz» -nos dice el poeta- «hubo que sondear lo oscuro»[13]Ibíd., p. 66. Esta es la forma del lenguaje apropiada para lo divino que hay en cada parcela nuestra de humanidad. La poesía grita en silencio lo que hemos detenido en el tiempo. El misterio del mundo y la brisa que atraviesa la tarde, como una presencia que se muestra y oculta. La reserva inagotable del ser en su deseo de fluir.

«Muestras de Papel Italiano» es afirmar, poéticamente, que son posibles y plausibles las distintas interpretaciones de lo real. Pensar, pues poesía es pensamiento, que debe abrirse un camino, cultivar nuevas sensibilidades y situaciones espirituales. Dar y venir a la palabra que se dona a lo sagrado. Pedir, en definitiva, que el juego de espejos siga construyéndose con la realidad para abrir mundo.

Para abrirnos al mundo.

Título: Muestras de Papel Italiano
  • Autor/es: Julio García Caparrós
  • Editorial: STI (Colección dasein)
  • Nº de páginas: 68
  • Encuadernación: Tapa blanda

Referencias   [ + ]

1. SALINAS, Pedro. «Poética», en Diego, Gerardo. 1974. Poesía Española Contemporánea. Madrid: Taurus, p. 303
2. Ibíd., p. 303
3. GARCÍA CAPARRÓS, Julio. 2017. Muestras de Papel Italiano. Zaragoza: Sindicato de Trabajos Imaginarios, p. 17
4. ARANA, Daniel. «Permanecer en provincia (a modo de prefacio)», en GARCÍA CAPARRÓS, Julio. Ibíd., p. 10
5. GARCÍA CAPARRÓS, Op. Cit., p. 65
6. Ibíd., pp. 19-20
7. Ibíd., p. 55
8. RORTY, Richard. 1991. Heidegger, Contingency and Pragmatism. Cambridge: Cambridge University Press, p. 34
9. Arana, Op. Cit., p. 5
10. García Caparrós, Op. Cit., p. 49
11. HEIDEGGER, Martin. Vom Wesen der Sprache. Die Metaphysik der Sprache und die Wesung des Wortes(GA 85). Frankfurt a. M.: Vittorio Klostermann, pp. 54/45
12. García Caparrós, Op. Cit., p. 67
13. Ibíd., p. 66
Daniel Arana

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