Oscuro y Lucientes (Samuel Alarcón – 2018)

Oscuro y Lucientes de Samuel Alarcón posee una gran fuente informativa, que está mezclada con la suposición de los hechos, la imaginación, la leyenda  y la posible ficción, expuesto todo en conjunto a la historia de años atrás del personaje y sus días, pero que está enfocada visualmente con los contrastes de la actualidad, mostrando y contrastando la época de Goya con la sociedad estética actual.

Oscuro y Lucientes cuenta la última etapa en Francia, su muerte, y su legado después de Francisco de Goya y Lucientes. Goya que falleció en su exilio francés en 1828 y enterrado en el cementerio de Burdeos, ya que nadie de su familia en España reclamó su cuerpo. Años después el Cónsul español de Burdeos vio que la tumba del artista se encontraba en ruinas, y tras mucha burocracia consiguió el permiso para el traslado de sus restos a su tierra natal. Cuando la tumba se abrió, la cabeza de goya no estaba enterrada.

Una historia la de Oscuro y Lucientes que pudiera parecer de misterio e intriga, de hecho la música de fondo y el montaje del propio Samuel Alarcón y Juan Barrero así lo expresan, que desemboca en una parte más íntima y personal del protagonista, aunque también extrapolado a los investigadores que indagaron años atrás cómo fue el después de los días de la vida del pintor, y al mismo tiempo como se ve desde la distancia.

Esa distancia también se plasma en el desapego que sintió el personaje tratado, como si fuera de otro protagonista más, el destierro, la fuga por motivos políticos y la indiferencia que se crea en un país con los más grandes hasta pasado el tiempo, pero siempre porque se le reconoció fuera de esas fronteras.

Un documental que tiene puntos de humor, tono sarcástico y buen ritmo, con la narración de Féodor Atkine, que parece la voz de Shelock Holmes, investigando un suceso con sus luces y sus sombras, y con la historia tanto del personaje, la sociedad y los países en los que se desarrollan los hechos.

El director ha querido impregnar el documental por el género policiaco, según palabras suyas, ya que la idea de la cinta surge cuando su padre le llevó a visitar el cementerio de San Isidro y le mostró la tumba de Goya y le contó la historia que sabía, pero sin poder responder a las preguntas que a Samuel Alarcón le surgían en ese momento, por eso su investigación se debe a saciar su curiosidad, hilando la vida contado con imágenes de archivo, otras recreadas, fotografías y una gran pizca de imaginación punzante.

Si he de decir que me hubiera gustado que la cinta en ciertos momentos me dejara un poco reposar con las imágenes y no tanto con la locución tan invasiva  del narrador. Aunque la parte positiva es que el guion de Samuel Alarcón desentierra los enigmas de lo sucedido y deja pensar al espectador, pero no da por hecho nada, es un mero transmisor de la historia bien contada.

Susana Peral

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