One step forward. Ben Crowell y Joel Marsh.

Hacía tiempo que no actualizaba con entradas más llevaderas, no “serias”, que no hablen de crisis, de economía o de cosas negativas. Por variar y por hacer de introducción a la entrada próxima de Fran, de ¿mañana? ¿pasado mañana? Incertidumbre…

Bueno, incertidumbre no, el siguiente vídeo. Que es el cortometraje ganador del 48Hour Film Project. En ocasiones vale la pena observar las historias marcha atrás, para ver mejor lo que espera hacia delante. Como Fran nos insta a inventarnos palabras en Bienvenido, y continuando con esta entrada, pienso que lo que se consigue con este tipo de cortometrajes, por muy sencillos que parezcan, no es “des-rebobinar” (palabra inventada), es mucho más, es mirar desde el presente hacia el presente, que puede ser el futuro. Puede, solo Cronos lo sabe pero, ya sabéis, pasito a pasito…


A pesar de tanta película en las líneas anteriores, la entrada sigue estando un tanto huérfana, por lo que sería interesante intentar completar con alguna canción. En este caso una canción que muchos ya conoceréis, pero que siempre gusta aún teniéndola reciente en la memoria, o al menos eso creo.

Hablando de memoria, ¿tenemos todos memoria selectiva? el otro día… se me pasó por alto un detalle, que parece ser era importante desde un punto de vista negativo, vamos que no me favorecía recordarlo, supongo, porque aún no sé lo que es, pero, bendita ausencia de recuerdo. Es que, lo que en realidad queremos, es ser felices señor@s.

Todo se transforma by Jorge Drexler on Grooveshark

Tu beso se hizo calor,
luego el calor, movimiento,
luego gota de sudor
que se hizo vapor, luego viento
que en un rincón de La Rioja
movió el aspa de un molino
mientras se pisaba el vino
que bebió tu boca roja.

Tu boca roja en la mía,
la copa que gira en mi mano,
y mientras el vino caía
supe que de algún lejano
rincón de otra galaxia,
el amor que me darías,
transformado, volvería
un día a darte las gracias.

Cada uno da lo que recibe
y luego recibe lo que da,
nada es más simple,
no hay otra norma:
nada se pierde,
todo se transforma.

El vino que pagué yo,
con aquel euro italiano
que había estado en un vagón
antes de estar en mi mano,
y antes de eso en Torino,
y antes de Torino, en Prato,
donde hicieron mi zapato
sobre el que caería el vino.

Zapato que en unas horas
buscaré bajo tu cama
con las luces de la aurora,
junto a tus sandalias planas
que compraste aquella vez
en Salvador de Bahía,
donde a otro diste el amor
que hoy yo te devolvería……

Cada uno da lo que recibe
y luego recibe lo que da,
nada es más simple,
no hay otra norma:
nada se pierde,
todo se transforma.

Juan Rico

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *