Narcisismo peligroso

Valdimir Putin y Donald Trump (Wikimedia Commons)
Valdimir Putin y Donald Trump (Wikimedia Commons)

Oriente Medio es un polvorín desde que el Imperio Otomano desapareciera tras la 1ª. Guerra Mundial, hubiera empezado poco antes en su subsuelo la explotación moderna de las mayores bolsas de petróleo del planeta y el movimiento sionista empezara a significarse de manera sensible a finales del SXIX.

El disparatado reparto de territorios por parte de las potencias vencedoras, el encumbramiento de sucesivos regímenes dictatoriales y monarquías feudales auspiciadas por los intereses occidentales sobre el preciado líquido negro y el irresoluto conflicto palestino-israelí, desde prácticamente la Declaración Balfour de 1917 por la que se le concedía por parte del imperio británico el derecho al pueblo judío de establecerse en tierras israelitas sin mayores premisas, han dado lugar a un diabólico escenario de miseria y muerte que se mezcla de forma extraordinariamente desmesurada con los excesos de los petrodólares.

El propio Tony Blair, uno de los promotores de la última entrega de la Guerra de Irak, reconocía no hace mucho de manera pública y notoria que el Estado Islámico es la enésima consecuencia de este desafortunado episodio de la historia reciente de Oriente Medio.

Ahora, cuando el asunto iraquí sigue por resolverse desde la invasión de 2003, varios conflictos se encuentran en diferentes fases de ebullición. La guerra de Yemen con las continuas acusaciones contra las tropas saudíes por la utilización de armamento prohibido por la legislación internacional, la guerra en Siria, los diferentes frentes abiertos contra el Estado Islámico, los conflictos latentes del Kurdistán, la vecina Afganistán o el ya citado entre palestinos e israelíes vienen ocupando su espacio, días sí y otro también, en las noticias internacionales.

Y si a esto sumamos los problemas derivados de la cuestión religiosa que con numerosas facciones de carácter extraordinariamente radical viene a añadir aún más gasolina a un cóctel ya de por si demasiado explosivo.

Por su parte, las grandes potencias extranjeras han ido interviniendo en la escena de manera interesada, siempre en base a las expectativas generadas por las enormes riquezas que esa zona del mundo esconde bajo su suelo. Poco o nada importan las secuelas para la mayor parte de sus pobladores de los caprichos de dictadores, pseudo democracias coartadas o monarquías cuyos expeditivos métodos recuerdan la brutalidad de los procedimientos inquisidores de la Europa del Renacimiento. Las grandes instituciones internacionales o bien suelen mirar hacia otro lado o resultan del todo inoperantes como el caso de la ONU.

Por lo que respecta a la Unión Europea, si la democracia consigue abrirse camino después la crisis sistémica a la que nos ha conducido la crisis económica de 2007/8, acabará siendo digna de estudio en los manuales de historia política la actitud de la misma en relación a todo lo que acontece delante de sus mismísimas narices. A un Mediterráneo convertido en un reguero de cadáveres hay que añadir como decenas de millares de personas golpean sus puertas víctimas de la guerra y de la explotación salvaje de sus recursos naturales a manos de cientos de empresas occidentales que dan sustento a regímenes corruptos.

En resumidas cuentas, un escenario desolador al que se suman ahora dos tipos marcados por su acentuado narcisismo. Uno, frío y calculador con experiencia en estas lides y otro, alocado y prepotente, pero ambos de gatillo fácil como ya hemos visto en ocasiones a Vladimir Putin y como acabamos de verlo hace solo unos días en el caso de Donald Trump. Lo peor de todo que ambos acaban de iniciar un peligroso juego con millones de vidas de por medio.

Mientras los líderes de la U.E. no se vean suficientemente espoleados por sus ciudadanos, dejen de hacer de palmeros de una u otra parte, la ONU no tenga los recursos suficientes para frenar semejantes desatinos y la fuerza de la razón se imponga por derecho, estaremos abocados a un futuro cada vez más incierto.

Veremos.

Felipe Pozueco

2 comentarios

  1. Magnífico artículo Felipe, que resume bien la situación y lo que podría llegar a ocurrir si estos dos locos se ven en la obligación de tener que llegar a palabras mayores para mantener el control de sus gallineros. Es lamentable ver que el mundo se contenta con girar a esta velocidad endiablada de injusticias, que en lugar de arreglar un problema estos se van apilando hasta que ya no queda más opción que una purga. Si bien sé de sobra que siempre eres positivo en tus predicciones, o que tratas de serlo, yo no puedo confiar en los tejemanejes de esta élite suicida. La historia demuestra que la peor opción siempre es la primera opción.

    1. Gracias Óscar por tus apreciaciones.

      Creo que el problema más grave está en Corea. Francamente , no creo que Putin o Trump, frente a frente, vaya alguno de ellos a “pulsar” el botón. Pero el caso de Corea es diferente. Corea es un país absolutamente aislado del resto del mundo desde hace décadas y la percepción que debe tener la población, es de suponer, que esabsolutamente sesgada. Es ahí donde me preocupa que Trump, en un alarde de estupidez, atacara el país y los coreanos, de acuerdo a la reacción de “su líder”, se vieran inmersos en una vorágine de horror y muerte.

      Veremos. Un saludo

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