Miamor perdido o Cómo hablar de algo serio, sin seriedad

Miamor perdido parece una comedia-romántica de “chica conoce a chico” de manual. Unas secuencias para ver, reírse un poco y olvidar, pero ¿qué pasa si os digo que realmente no es asi? ¿Y si la historia de amor no es más que un pretexto?

Chico conoce a Chica

Parece una extravagancia elucubrar que el humor es entonces el protagonista. No, provocar la risa no, me refiero a mostrar al humor, paradójicamente, como un asunto serio, pero sin seriedad. Suena raro y loco ¿verdad? Claro, como la película en sí misma.  Pero pensadlo.

Esto podría pensarse fácilmente por el hecho de que se tenga en el reparto a Dani Rovira, actuando precisamente como cómico, y acompañado por Michelle Jenner, a quien se le descubre su lado más simpático y espontáneo; o por el debate sobre la  revalorización de la comedia en la primera cita; o por el hecho de que el monólogo -ay, perdón, stand up comedy- ocupe un papel fundamental contando la historia de los dos personajes, o incluso por la acertada banda sonora.  

Sin embargo, dichos hechos solo refuerzan un sinnúmero de sentidos “ocultos” que favorecen el protagonismo del humor. A partir de un determinado punto en el filme, la sensación de extrañamiento, teniendo en cuenta el principio formal de comedia romántica por el que el filme comienza, se apodera del espectador y puede notar que ciertas situaciones no se producen de una manera regular.

Se enamoran

Esta marca de inflexión se indica a partir de la primera noche que pasan juntos. Ciertamente el imaginario esta esquematizado a que después del largo esfuerzo por conseguir el primer beso, las repercusiones de este conlleven a un intercambio sexual visto en secuencias sutiles y a un reposo posterior de abrazos visibles. Sin embargo, el muestreo se limitó a escenas de sueño individual bajo las sábanas, ni siquiera al típico “abrazo en cucharita”. Esto significa que no hay un interés por sexualizar a la pareja, ni mostrar el lado sexy de ambos, pues el enfoque de su relación se encuentra en otro sitio, generalmente no mostrado en este tipo de películas.

Este extrañamiento se instala definitivamente en la percepción a partir de la adopción del gato. La cadena de situaciones se basa entonces en una serie de bromas que se hacen el uno al otro, pasando de promover que el gato rompa la taza favorita de Mario (Dani Rovira) a que este intente dejar a Olivia (Michelle Jenner) al terminar una vuelta en la montaña rusa. Hasta aquí podría pensarse que es un tipo de filme interesado en mostrar esa parte de la pareja que no tiene nada que ver con el amor o el sexo, sino con el juego burlón de los traspiés, los chistes y las mofas.

Pasa algo y se separan

La inseguridad de Olivia ante uno de los chistes de Mario durante su actuación –casualmente cuando a la de ella no había ido nadie- coloca una bomba –aunque ella la haga pasar por una broma- que termina de explotar al intentar decidir con quién se quedaría el gato si se separan.

Por tanto, no solo una situación humorística –“la historia cojonuda de cómo nos conocimos”– es el motivo de atracción, sino que otra situación por el estilo – “¿sabes que hay abogados especializados en la custodia de mascotas?”- es el motivo de ruptura. Pasados este punto, la sensación extraña se concreta en que todo está llamado a lo absurdo.  

Los sucesos se precipitan hacia allí porque aparte de los gags y la simpatía, instalar esa sensación surrealista en el espectador -¿Cómo una pareja va a romper por la custodia de un gato?- genera un estado de imprevisibilidad que busca la risa a carcajadas y le permite solo enfocarse en el humor.

En este punto es innegable hablar del propio gato. Obviamente, tanto él como su nombre, funcionan como una metáfora del amor que existe entre ellos y transcurre por las mismas etapas que los personajes durante la película – cuando el animal se pierde y Mario lo recupera,  analógicamente casi sucede lo mismo con su relación con Olivia-. En el propio sentido del humor irracional, el gato va marcando las etapas de transición: se van a vivir juntos, comienzan las bromas, rompen, intentan arreglarlo, se enfadan y al final terminan reconciliándose y en todo ese proceso –que se hace un poco largo- está el gato ‘metiendo la pata’.

Lo cierto es que declarar a Miamor como muerto, le trae muchos más beneficios a Mario que a Olivia. La carrera humorística de él despega cuando contaba lo surrealista que era su relación y ya con una ruptura como aquella – a la que se le suma el matrimonio con el amigo argentino- se termina de convertir en una estrella. Sin embargo, ella continúa trabajando en el mismo lugar y sus obras de teatro no triunfan. Esa diferenciación se trabaja con mucho extremismo, pero la intención se encuentra en la propia declaración que hace Mario en la primera cita: “si yo voy al teatro a que alguien me cuente que la vida es una mierda, yo prefiero reírme”.

En esta conversación –uno de los momentos más lucidos del guion- no solo se trata de revalorizar el humor como una forma de vida, sino que incluso se critica aquella moda vanguardista de densidad inconmensurable, que trata de llegar al receptor a través de una profundidad esencialista.No se trata de “impactar al espectador y obligarlo a prestar atención” a través de una obra que lo duerma de “puro tedio”, sino desnudarse delante del público a partir de una cotidianidad sin complicaciones teóricas con el simple deseo de que “se rían cuando tú quieres que se rían”.

Se reencuentran

Aunque ambos puntos de vista parezcan irreconciliables, en cierto sentido, Olivia encuentra el punto medio escribiendo, para teatro, su historia con Mario. Autobiográfica y prácticamente transcrita, la pieza capta “a dos idiotas, como podríamos ser cualquiera de nosotros. Son simpáticos y completamente infantiles.” –cómo tan claramente declara el director de la obra-. Obviamente, nadie podía interpretar el papel mejor que Mario. Esto no solo propicia que los personajes se reencuentren, sino que también vuelvan a conectar.

Sin embargo, lo que parecía muerto y casi resucitado, realmente se puso en coma. El gato, digo.

Chica no lo supera

El destape de la mentira de Mario y la nueva situación física del gato, solo empeoraron la relación y alargaron la película. Nuevamente entraron en un bucle de bromas subidas de tono que encontraron su clímax en la propia obra de teatro.  Para entonces los polvos pica-pica y el cambio de la sal por azúcar en el café era un juego de niños, ahora se hacen tomar “chupitos” mutuamente de todo tipo de líquidos; aunque el público no siente esta tensión por la creencia de que forma parte del guion y  la propia influencia del slapstick, vista incluso cuando Olivia dice cuando aplaudir.

El propio recurso de la obra de teatro como final- incluso como sitio para la boda de Matt y Olivia- remarca esa ficción aparatosa que ha acompañado toda la película y remata la sensación surrealista bajo la que ha quedado el espectador.

Chico recupera a Chica

Sin embargo, Mario nunca ha estado del todo de acuerdo con este nuevo estadio. Ha intentado pararlo en muchas ocasiones y en su actuación durante la obra se va notando cada vez más, al punto de que él y Olivia, se colocan en dos puntos interpretativos diferentes, dotando la pieza en sí misma de un carácter tragicómico. 

El gato y Olivia terminan despertando, como un despeje de la duda de Schrondinger, y la obra se precipita a un final de cuento de hadas. El chico se rinde ante la vulnerabilidad de la chica inconsciente, revelando sus verdaderos sentimientos de perdón y miedo de perderla, lo cual termina conmoviéndola, aparece el gato y se funden en un beso.

Anda, todo arreglado.  

Vivieron felices y comieron perdices

Lo cierto es que la película prepondera una postura del humor  como algo que llama a la risa, sí, pero que tiene un trasfondo reflexivo serio, como una filosofía esencialista, pero sin la parte densa. No se trata de ser humorista, sino de que la comedia es una actitud que matiza los acontecimientos cotidianos sin desvalorizarlos o teorizarlos demasiado y, aunque a veces se disfrace de idiotez,  su habilidad performativa no le resta profundidad  a la idea.

En este sentido, el filme no pretende ser un documental o una película de tesis, sino que escoge una estructura formal tan amable y amena como manipulable, e inteligentemente introduce los cambios. Aunque existan algunos desatinos, como grandes cameos innecesarios, el método de Hansel y Gretel va dejando símbolos como migajas de pan, para que el espectador los siga y descubra toda una construcción de sentido que puede cambiarle para siempre.

THE END

Título: Miamor perdido Duración: 1h 43min País: España Género: Comedia, romántico Dirección: Emilio Martínez-Lázaro Guion: Miguel Esteban, Clara Martínez-Lázaro Música: Roque Baños Fotografía: Juan Molina Reparto: Dani Rovira, Michelle Jenner, Antonio Resines Productora: Impala, Caos Films, Discontinuo La Película, Televisión Española (TVE)

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