Mi placer, mi responsabilidad


¿Seguimos las mujeres desconectadas del cuerpo y del placer?

¿Sentimos miedo a sentir (nos) desde el placer?

¿Cómo valoras la relación que tienes con tu sexualidad?

Ilustración de Conrad Roset.

Si pienso en 1990 o incluso en el 2002, por ejemplo, y veo la realidad actual 2019, observo el camino recorrido, un camino amplio, en que avanzamos y vamos reconectándonos con nuestro cuerpo y nuestros sentires, cada vez  un poco más.

En los talleres que imparto en los centros educativos, observo la realidad de muchas chavalas y digo,” jo! Qué guay que las cosas vayan avanzando cambiando, evolucionando…

 Pero también observo en muchas mujeres la desconexión total con su sexualidad, es decir, con su placer, sus deseos, sus fantasías, con su vulva y con su ciclo menstrual.

Todo esto no es algo casual, al contrario, echamos la vista atrás en nuestra historia y vamos entendiendo todo, vemos como seguimos con esa cultura heredada,  la  de la culpa, la desconexión, el pecado, la vergüenza y el miedo…  Estos mandatos de género tradicionales e ideas erróneas patriarcales, impiden que nos desarrollemos de forma saludable, además de que nos limitan y nos alejan de nuestra sexualidad.

Desde que somos niñas nos llegan mensajes llenos de pudor, confusos, prohibitivos, engañosos, contradictorios y negativos sobre nuestra sexualidad, sobre nuestro cuerpo.

Seguimos desconectadas de nuestro ciclo menstrual, todavía hacemos referencia a la regla como algo sucio, asqueroso y sobre todo doloroso. A veces ni la nombramos, tiramos de los eufemismos y desconocemos que como personas menstruantes, somos cíclicas y que si nos observamos en cada una de nuestras fases, nos podemos cuidar y sobre todo acompañar y llevarnos mejor con nosotras mismas.

A veces sólo escuchamos nuestro cuerpo cuando duele y se para, cuando ya no puede más.

¿Qué pasa cuándo nos relacionamos con nuestro cuerpo cual móvil en modo avión?

¿Qué sucede cuando (nos) desconectamos?

  • Esa desconexión genera nuestro propio rechazo.
  • Esa desconexión provoca que persigamos el cambio, que no nos aceptemos y vivamos en una eterna lucha contra nuestro propio cuerpo.
  • Esa desconexión hace que como mujeres en esta sociedad patriarcal, nos sintamos culpables al no cumplir el canon de belleza establecido.
  • Esa desconexión hace que las niñas incorporen desde edades muy tempranas esa mirada.
  • Esa desconexión hace que no nos tengamos en cuenta.
  • Esa desconexión genera frustración, ansiedad.
  • Esa desconexión nos genera problemas emocionales y físicos.
  • Esa desconexión, a veces, crea dependencias. Dependencias a personas, profesionales o a fármacos.
  • Esa desconexión hace que nos alejamos, nos olvidamos, nos descuidamos, nos volvemos sordas de nosotras mismas.
  • Esa desconexión nos aleja de nuestra sexualidad, de nuestro disfrute, de nuestro placer.
  • Esa desconexión provoca dolor.
  • Esa desconexión nos hace no experimentar el placer, no sentir (nos).

¿Es esto lo que realmente queremos las mujeres?

¿Somos conscientes de estas repercusiones?

¿Cómo podemos empoderarnos de nuestro placer, de nuestra sexualidad?

El autoconocimiento y el crecimiento personal son  las mejores herramientas de empoderamiento que tenemos, sólo tenemos que ponerla en funcionamiento, empezar a entrenarla.

Ilustración de Agustina Guerrero

Mirarnos adentro cuesta, nadie nos enseña, sobre todo por socialización de género a nosotras las mujeres nos han enseñado, educado e incluso obligado a estar por y para los demás, a dar, a estar en el afuera, a estar disponibles a lxs demás y en priorizar el cuidado a otras personas. Empezando, por ejemplo, por la muñeca que cuidamos desde niñas, para que empecemos a  ”acostumbrarnos” y a normalizar el cuidar y estar por y para los demás, todo muy simbólico y todo con unos resultados increíbles.

El mandato de género está muy bien articulado, por eso cuesta tanto desprendernos de él, por eso hay tanta confusión, miedo e inseguridad cuando lo estás transitando.

Revisar nuestra mochila de creencias y aprendizajes, es necesario ponerlas  sobre la mesa, para ver hasta qué punto soy consciente de lo que hago y decido, para ver cuánto hay de automatismo y de repetición de los modelos establecidos y cuanto hay de elección propia y personal.

Si  aprendo a relacionarme conmigo desde el placer, desde  la aceptación y el respeto, fomentaré el buentrato como modelo de convivencia, relacionándome desde el disfrute, descartando lo que no me hace bien, generando vínculos sanos, explorando nuevas posibilidades de disfrute con la única finalidad de estar bien, de sentirnos bien, de expresarnos y sentirnos plenamente.

Toma las riendas de tu sexualidad, no esperes a que nadie sea quien venga y te proporcione el placer.

Porque la única persona responsable de tu placer eres TÚ.

Isabel Guerrero Campoy

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