Me perdono a mí misma

Me perdono a mí misma por no haber sabido hacerlo de otra manera.

Por haber sido impaciente, exigente y dura conmigo replicando en mí los mecanismos y estrategias patriarcales que interioricé de manera inconsciente.

Me perdono a mí misma por haber juzgado a mi linaje ancestral y por distanciarme del clan, creyendo que hacía las cosas de manera diferente desde una posición de superioridad.

Me perdono a mí misma por las noches sin dormir, por no respetar los ciclos de mi cuerpo, por no escucharme, por no haber sabido estar conmigo.

También por haberme creído los consejos y trucos para ligar de la Vale y Súper Pop porque no tenía otro referente, por creer que era una mujer liberada al consumir cuerpos y utilizando al otro como una vía de escape.

Me perdono a mí misma por no haber hecho caso a mi intuición todas y cada una de las veces que me dijo Aléjate de aquí.

Me pido perdón por no haber sido mi prioridad, por la falta de amor propio, por no cuidar de mí.

También me perdono a mí misma por compararme con las demás, por haber visto a las que son mis hermanas como rivales, por todas aquellas veces que he juzgado a otra mujer porque lo que realmente estaba haciendo era juzgarme a mí misma.

Me perdono por la rabia negada, por sentir el autocastigo de la culpa sin motivo, por no darme cuenta que tengo derecho a sentir y a expresar mi verdad.

Me perdono a mí misma por haber cargado con el peso de lo que no me corresponde.

Por el intento de agradar a los demás a toda costa, por olvidarme de mi, por poner mis necesidades en el último puesto de mis prioridades.

Me perdono por todas y cada una de las veces que he pensado que no soy suficiente, que soy una impostora, que tengo que hacer las cosas diferente a como las hago, por las veces que he dado más valor a otra voz antes que a la mía por inseguridad y falta de confianza.

También me perdono por las quemaduras, arañazos y heridas del alma que me he procurado sin ser consciente porque ahora sé que formaban parte de mi camino de aprendizaje.

Me perdono a mí misma por las veces que me he avergonzado de las cicatrices resultantes de este proceso porque cada una de ellas me recuerda quien soy ahora.

Aquí y ahora me perdono.

Porque en el fondo no hay nada que perdonar.

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