Mariana Pineda, la libertad se hila en rojo.

¡Oh, qué día triste en Granada, / que a las piedras hacía llorar, / al ver que Marianita se muere / en cadalso por no declarar!

El pasado domingo los alicantinos tuvimos el privilegio de poder volver a revivir estos eternos versos sobre el escenario del Teatro Principal de Alicante. La segunda obra teatral de Federico García Lorca resurgió bajo la dirección de Javier Hernández-Simón y el rol protagonista en la piel de una estupenda Laia Marull. El hecho de que Laia Marull interprete el personaje no deja de ser una continuación natural en la carrera de la actriz, ya que protagonizó una tv movie sobre Margarita Xirgú en la época en que se ensaya y estrena Mariana Pineda.

Un espacio provisto de puertas móviles, y presidido por los hilos rojos con los que se borda la bandera de la libertad, pero también del amor, recogen y atan la forma, figura y fondo de un personaje fascinante. La protagonista aparece perfectamente reconstruida de forma conceptual en la escenografía del espacio, pero apoyándose en la significación total que le otorga la propia dramaturgia e interpretación de la actriz.

Mariana Pineda borda una bandera por amor, y en ese amor se encuentra la mayor libertad a la que se puede aspirar. En una Granada (y una España) sitiada por poderes absolutos que quieren revivir las malas formas del pasado, Mariana reivindica su lugar y su derecho a amar.

El respeto absoluto al texto del inmortal poeta granadino.

La belleza de los textos expresada a través de la voz de la actriz catalana adquiere unos matices que nos permiten vislumbrar pensamiento y sentimiento del personaje. Un personaje al que cada vez se va encerrando más, con esas puertas por las que pasan y ocultan personajes (el espionaje no descansa en ningún momento), y los hilos de la libertad, que al principio acogen y poco a poco aprietan.

Nada nuevo que no esté pasando en la actualidad, donde el texto sigue tan vivo como en aquel lejano 1927 donde según se cuenta Ramón María del Valle-Inclán gritó para que saliera la guardia del espectáculo con él detenido, y así poder interpretar la Xirgú los versos sobre la libertad.

¡Yo soy la Libertad porque el amor lo quiso! / ¡Pedro! La Libertad, por la cual me dejaste. / ¡Yo soy la Libertad, herida por los hombres! / ¡Amor, amor, amor, y eternas soledades!.

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