Letters to Paul Morrissey y la nostalgia a través de la cámara – Armand Rovira

Letters to Paul Morrissey es un ejercicio de redención al cine, a la pasión por el arte, a la búsqueda de la soledad con significado propio. Una excelente y exhaustiva concentración de imágenes y de emociones que llega desde el primer fotograma, con la inquietud de lo que está por venir, sin saber si conjuga o no en su totalidad, pero percibiendo que cada fragmento es original y posee una verdad narrativa y visual, con toques poéticos que también navegan por la sonoridad del humor como signo de lo liviano.

Bien es verdad que cuando comienza la película uno no tiene muy claro si todo va a casar o va a resultar un puzle con piezas sin encajar, pero finalmente en esas cinco historias que el director Armand Rovira ha filmado en guion junto con Saida Benzal, todo cobra sentido, y la nostalgia es un personaje en sí, en cada historia y en cada plano.

Cada personaje es dispar, totalmente distinto pero al mismo tiempo posee la característica de tener algo en común con el anterior, es como si un hilo conductor uniera cada una de las propuestas, pero sin tener casi nada en común y ahí en esa diversidad reside un potencial descriptivo que cautiva.

Todo está bien montado para que parezca unas secuencias con significado propio, con una foto cuidada que retrata cada historia minuciosamente. Con esa voz en off que llega al espectador de una forma sutil y veraz, como si de un cuento se tratase o de una fábula misteriosa que cada uno se puede llevar a un terreno totalmente distinto.

Personajes solitarios, en búsqueda de su verdad, de sus sueños encubiertos en paisajes a veces un tanto surrealistas, como las historias en sí, pero que son una reverberación de temáticas como la religión, las drogas, la soledad, la eterna juventud perdida y el ansiado amor.

Tiene varios hilos conductores en cuanto a las historias, mediante esas cartas que se leen con telón de fondo de la dependencia de algo o de alguien, la cámara que les persigue y la música que les acompaña en sigilo de Françoise Hardy, que no se hace notar pero está presente en cada instante.

El guion es minucioso mezclando lo filosófico con lo banal y lo intrascendente con imágenes grabadas en 16mm en blanco y negro trasladándonos a épocas distintas, empastando con cartas dirigidas a Paul Morrisey director de Trash, Flesh y Heat, quien fue conocido también por las películas que rodaba en colaboración con Andy Warhol y que tuvieron al actor Joe Dallesandro, siendo ahora uno de los protagonistas de Letters to Paul Morrissey.

Letter to Paul Morrissey con fragmentos de alguna de las películas del director americano, también posee secuencias de El crepúsculo de los dioses, recuerda en la parte más emocional a Cold War de Paweł Pawlikowski y en esa parte mística y por momentos visual a Análisis de Sangre Azul de Gabriel Velázquez y Blanca Torres.

Susana Peral

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