Las Furias… ¡y que vivan las trágicas!

Fotografía de José María Bañón.

Uno de los trabajos que tiene el honor de formar parte de la Muestra de Autores Contemporáneos de Alicante es Las furias… ¡y que vivan las trágicas! de la dramaturga Josi Alvarado. Nos encontramos con el equipo justo después de un ensayo para poder compartir una charla sobre el proyecto.

¿Dónde se encuentra el germen de este proyecto?

ELIZABETH SOGORB: Todo surgió de una idea entre Xiomara y yo en la que nos apetecía explorar una serie de inquietudes que teníamos, en las que coincidíamos como mujeres. Pero, sobre todo, también de unas ganas de pasarlo bien en escena, de disfrutar y de poder hacer las gamberras. Siempre a través de algo que nos enfuria como mujeres.

XIOMARA WANDEN-BERGHE: Queríamos hablar sobre el miedo, siempre rodeando a la mujer. Ambas transitamos todos los conflictos que vivimos las mujeres en la sociedad en la que estamos, además del impulso de querer actuar. Le contamos la idea a Josi, y ella en muy poco tiempo escribió el texto.

Fotografía de José María Bañón.

¿Quiénes serían las Furias actualmente?

DAVID GARCÍA COLL: Las furias existen como personajes mitológicos. Son anteriores incluso a los dioses del Olimpo y su misión era venir desde el Inframundo al mundo de los mortales a castigar determinados pecados. Perseguían a los culpables, los atormentaban, eran moscas cojoneras hasta que estos se suicidaban o morían. En esta obra, las furias vienen a vengarse de un pecado que hemos cometido como sociedad, que es tener tantos años de patriarcado, de ahí que vengan a cobrarse su parte.

ELIZABETH SOGORB: Encontraríamos furias en todas partes, empezado por las Pussy Riot hasta las grandes celebridades de Hollywood que defendieron el #metoo, y cualquier mujer de la calle que no acepta ningún sometimiento de machismos, o de costumbres patriarcales.

XIOMARA WANDER-BERGHE: Como dice Josi, ponerte las gafas del feminismo es muy doloroso, porque hace que estés siempre enfadado. A mí me pasa cuando me pongo a mirar lo infectado que está todo, todavía en nuestras generaciones. Mi personaje piensa que todo se soluciona cortando penes, yo no estoy de acuerdo con eso, pero hay un sector de la sociedad que considera que hay que ir por ahí, y están siempre enfadadas porque están viendo lo mal que se hacen las cosas.

Fotografía de José María Bañón.

En el espectáculo se pueden apreciar una gran variedad de códigos, de ahí que haya partes que pertenecen al teatro documental hasta otras más cómicas, ¿cómo conseguimos pasar de un código a otro y cómo jugamos con estos cambios?

ELIZABETH SOGORB: A nivel interpretativo es difícil, está siendo un proceso arduo y complicado. Son escenas realmente cortas donde tienes que llegar a unos estados en los que cuesta rápidamente cambiar. Cada escena tiene un código diferente, y hay que pasar de uno a otro. Una escena tiene una técnica más realista, otra es abierta a público, más brechtiana. Cambias de una cosa a otra con mucha rapidez.

XIOMARA BANDEN-WERGHE: Es muy difícil transitar emocionalmente las escenas, porque cuando están conectando te tienes que ir a otra. Es una gimnasia en la que tienes que estar muy concentrado. Lo que tiene la obra es que genera modo zapping, es un cocktail tan fuerte que estoy todavía un poco inquieta porque no sé qué va a pasar con el público.

DAVID GARCÍA COLL: Hay muchísimos géneros y lenguajes escénicos a la vez. Salvo el teatro de objetos lo hemos tocado absolutamente todo. Hay momentos en los que nos vamos a la Commedia Dell’Arte, a momentos bufonescos donde los personajes miran a los ojos del público y vienen a amenazarles o reírse de ellos, momentos de tragedia pura, drama, melodrama… Esta es una de las grandes dificultades y retos que tiene este espectáculo. No instalamos al espectador en un sólo género o código. No vamos dejando que el espectador se aburra, ni lo vamos a acomodar porque siempre le vamos a estar renovando el interés. Mas que una obra de teatro, yo diría que es una performance, casi un parto, porque en la obra hay mucho dolor, mucha tensión y mucha sangre.

Fotografía de José María Bañón.

Esto de cambiar de códigos pasa con la misma rapidez con la que actualmente cambiamos de iconos. En la obra desfilan las grandes mujeres de la mitología y la tragedia griega. ¿Cómo encajan en nuestra sociedad y cómo construimos un puente entre ellas y la cultura pop?

DAVID GARCÍA COLL: Josi es una magnífica Wikipedia y tiene un nivel de conocimiento brutal. Por fortuna, ha mezclado algunos personajes populares con esos personajes mitológicos y básicamente lo que ha hecho ha sido trasladar esos personajes míticos a quienes serían hoy. En esta obra hay muchas cosas juntas a la vez, algunas opuestas, lo que hace que se produzca un cierto distanciamiento que produce la ironía. En ella aparece la tragedia pero también el sarcasmo, un terreno muy cercano al bufón, que trae su propia tragedia, se ríe de todo… Desde la intuición hemos tendido este puente.

XIOMARA WANDER-BERGHE: Lo que se nos viene a decir es que seguimos castigando a la mujer, aunque pase el tiempo, cambien las sociedades y avancemos en la historia. Sigue ocurriendo hoy en día todo lo que les pasaba a ellas, a Hécuba, a Medea, a lo que se escribió hace miles de años. La historia de Medusa y Perseo me parece apasionante. Emocionalmente, me parece muy poderoso el mónologo de Hécuba.

ELIZABETH SOGORB: Es algo que está a la orden del día, ahora mismo son mujeres de a pie, que vemos en los medios de comunicación. Cualquier referencia remite a las clásicas. Son mujeres maltratadas, asesinadas, también se habla de la prostitución, de quien decide las cosas. Los problemas que existen con el feminismo, que tiene tantas tonalidades de morado. Cómo los políticos de la ultraderecha se creen con la razón absoluta de muchas cosas que dicen, políticos y políticas. Cómo las clases sociales influyen, cómo la inmigración influye por el hecho de ser mujer…

El espectáculo se representa el próximo 10 de Noviembre a las 19h en el Aula de Cultura de la Fundación Mediterráneo de Alicante.

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