La substància (Lluís Galter, 2016)

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En un mundo globalizado, donde los centros urbanos de las ciudades del primer mundo apenas muestran diferencias entre sí, asfixiados y colonizados por las mismas marcas, los mismos tipos de dependientes, el mismo tipo de comercios, de restaurantes, los mismos tipos de olores a comida, los mismos perfumes……..¿qué podría suceder si, en vez de trasladar y acercar al turista al sitio, empezáramos a copiar y reproducir esos lugares paradigmáticos en los propios países de origen?¿Podríamos afirmar sin duda alguna que seríamos capaces de reconocer el original y la copia? ¿Si se capturara la esencia de esos lugares, se reprodujera milímetro a milímetro y en la misma escala el lugar, sería el mismo lugar o sería otra cosa?.

¿Es Cadaqués lo mismo que Kadakaisi? ¿Puede implantarse el espíritu básico de un espacio en otro muy diferente, simplemente mediante la modificación del paisaje y la copia de lo existente en otro lugar? El Kadakaisi chino, cerca de la ciudad de Xiamen, diseñado como lugar de retiro, de descanso, de vacaciones, para cierta élite china que no puede, o no considera suficiente desplazarse hasta Gerona para conocer el original, y prefiere vivir en una permanente copia adaptada a sus gustos culturales, ¿realmente puede sentirse como un reflejo fiel del pueblo costero catalán? Galter elabora su tesis mediante la continua acumulación de imágenes, desde fotografías antiguas del pueblo de pescadores, la promoción, bien o mal intencionada a partir de los 60, como lugar de cierta exclusividad y lleno de encanto tradicional, que termina devorando a la realidad para conformar un pueblo “bonito” obsesionado en parecerse a si mismo, pendiente de no traicionar una hipotética sustancia para no expulsar al visitante que acude, precisamente, para ver lo que espera encontrar.

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De la provincia de Girona a una remota provincia costera de China, partiendo de un inicio con espacios perfectamente reconocibles, que nos permiten no dudar sobre si nos encontramos en España o en China y donde se encuentra cada uno de los personajes sobre los que Galter reconstruye su documental ficcionado, a un momento en que, cuanto más se inmiscuye en la realidad diaria de esa pareja china-alemán, en sus deseos de irse a vivir o que se les entregue la vivienda del Kadakaisi chino, más difícil se nos hace poder afirmar si nos encontramos en el Cadaqués original o en el de la copia. Esta es una de las mayores virtudes de la película, hacernos dudar de aquello que habíamos considerado inquebrantable al principio, permitir introducirnos en ese maremágnum de sensaciones que nos impide descifrar si una calle vacía, una cala, un monte con vistas al mar, pertenecen a lo transplantado o a lo que siempre existió. Ni tan siquiera la aparición de personajes que cuentan anécdotas sobre el verdadero Cadaqués nos puede hacer afirmar sin duda alguna que ese Joan Manuel Tajadura habla desde el verdadero y no desde la copia, sobre todo porque aporta un dato, entre metafísico y supersticioso, por el que el nuevo Cadaqués podría revelar parte del contenido del auténtico pese a tratarse de una reproducción.

El tramo final de la película es el que nos permite afirmar que Galter crea un espacio virtual donde confluyen originales y copias, un tercer Cadaqués, abstracto, inmaterial, confluencia de costumbres enraizadas en lo popular pero donde la presencia de los excursionistas chinos demuestra que no hay nada más voluble que una tradición, ni más fácil de copiar y de aceptar. ¿Cuántos Cadaqués estamos dispuestos a asumir? ¿Hasta dónde puede transmitirse la sustancia de un lugar para pretender hacerlo reconocible en cualquier parte del mundo? Si al inicio de la película se toma la anécdota real de la visita de ese grupo inmobiliario chino a la localidad dispuesto a copiar piedra por piedra el pueblo y reproducirlo en su país, al final se concluirá con otro spot publicitario que anuncia la reproducción de un nuevo Cadaqués en el Caribe. Quizás el problema no sea tanto captar la sustancia del original para trasladarlo innumerables veces como que, puede ser, el original haya empezado, hace tiempo, a perder su propia sustancia y no cueste reconocerlo en cualquier lugar del mundo como una mera copia de lo que pudo ser.

Ficha técnica

Título: La Substància. España. Duración: 84 minutos. Dirección: Lluís Galter. Una producción de: Lastor Media, Mallerich Films, CCMA, Paco Poch Cinema, Alina Film. Productores: Sergi Moreno, Paco Poch, Tono Folguera. Co-productores: David Epiney, Eugenia Mumenthaler. Productor TVC: Jordi Ambrós. Guión: Ivan Pintor, Irene Masdeu, Lluís Galter. Director de fotografía: Jordi Figueras. Montaje: Oriol Cid, Lluís Galter. Sonido: Diego Casares, David Lipka. Diseño de sonido: Jonathan Darch..

 

 

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Miguel Martín Maestro

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