La piedra oscura y lo que dejamos escapar por miedo

Desde que escuché en la radio a Alberto Conejero hablar sobre su última obra sabia que en mi próximo viaje a Madrid tendría que ir a verla. Pasaron un par de semanas y se obró el milagro: me convocaban por e-mail a la segunda parte de un taller en el que ya había participado. Ya tenía un motivo. Confirmé mi asistencia por e-mail y rápidamente abrí el navegador para comprar las entradas para La piedra oscura.

La piedra oscura

Pero la suerte no estaba de mi lado, no quedaban entradas para ninguna de las funciones de esa semana, ni de la siguiente. Hablé con el autor, con Alberto, y me recomendó que me acercara a la taquilla por si podía conseguir alguna.

Allí me presente en la taquilla del Maria Guerrero el sábado. Llevaba preparado mi personaje con carita de pena, y aprendido un texto que debía parecer improvisado “Es que vengo desde Alicante… Si fuera tan amable… Si cancelaran alguna…”

Aquel sábado la taquillera me dio un no por respuesta. El domingo, me llevé otro no. Los lunes no había funcion. Pero el martes si, el martes fue mi día. Dos entradas en la fila tercera. Comencé a ponerme nervioso, sabia que bajando las escaleras que comenzaban en la misma taquilla del recinto, se accedía a la sala de la Princesa, una sala pequeña donde me esperaba el último amor del poeta: Rafael Rodriguez Rapún.

Rafael estaba vivo, renacía en cada función, y lo mas importante, es de las ultimas personas que ha visto a Federico García Lorca con vida. Tumbado en un hospital militar, custodiado por Sebastián, un jovencito armado, aguardaban a las ochenta personas con las que aquella tarde iban a compartir sus secretos. El pasado se convertía en presente.

Encontraba algo familiar en aquellas dos personalidades, algo verdaderamente mío. Yo también tuve 18 años y defendí unos principios ajenos por miedo. Yo también tuve 25 años y salía corriedo si alguien pronunciaba esa palabra.

Sobre aquel escenario un arcángel y un santo desnudándose. Y yo qué desde el principio de la obra se me humedecen los ojos. Mi compañera me mira, me avergüenzo, con un gesto le pido que me deje solo con Lorca. Al poco rato descubro que ella también acaba rompiéndose. Los dos tenemos la necesidad de abrazarnos. Oscuro.

Escribiendo estas líneas descubro que La piedra oscura iba a ser una obra de teatro donde el poeta focalizaria el tema de la homofobia. Tendré que investigar más sobre el tema…

Salgo del teatro pensando que todo el mundo debería de ver este montaje. Salgo pensando en que La piedra oscura es la antítesis de Maravilloso. Salgo pensando en la elegancia y sencillez de la dirección de Pablo Messiez comulgando con el texto del Alberto y la interpretación de Daniel Grau y Nacho Sánchez.

Más información: Web del montaje

Noé Vicente

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