La pianista. Una mirada freudiana

La película La pianista está basada en la exitosa novela del mismo nombre de la escritora, dramaturga y activista feminista austriaca Elfriede Jelineky publicada en 1983 por la editorial Rowohlt. Narra la vida de Erika, que sobrevive en un entorno asfixiante, tanto en casa con su posesiva y controladora madre, como en el conservatorio de música donde da clases de piano y se le exige determinada etiqueta. Estas son las causas que pueden conducir a la profesora hacia el desarrollo de una doble personalidad, ya que al margen de esa sociedad culta y refinada, ella se libera autolesionándose, acudiendo a cines porno y ejerciendo de voyeur en los autocines.

Este convulso personaje, de manera inconsciente, pone en práctica lo que Sigmund Freud llamaría sublimación. Erika dirige de forma involuntaria la energía psíquica asociada a su deseo inaceptable hacía actividades no censurables por su conciencia moral. Ella reprime el apetito libidinoso en su vida cotidiana y utiliza toda esa fuerza en función de un mejor desarrollo de  actividades socialmente muy bien valoradas como es el arte, especialmente la música. Sin embargo, “el ello”, en palabras de Freud, al no encontrar una inserción normal en la vida de la profesora, se manifiesta a través de comportamientos sexuales de tendencia masoquista.

Al principio de La pianista, se aprecia que ella es una persona que viste de manera clásica con el cabello recogido, falda larga y colores oscuros. Se comporta como una persona fría y dura, sobre todo con sus estudiantes; el sólido reflejo de que lo tiene todo bajo control por su intachable conducta. Son actividades y actitudes que no guardan relación con la sexualidad, pero que se transforman en depositarias de energía pulsional. Sin embargo, una vez que uno de sus alumnos, Walter Klemmer, se dispone a conquistarla y ella le entrega una carta con instrucciones sadomasoquistas,  la profesora comienza a cambiar ligeramente su aspecto: se suelta el cabello y sus ropas asumen una tonalidad más clara. A pesar de que ella confiesa que sus sentimientos no triunfarán sobre su inteligencia, lentamente se va sumiendo en un proceso de sumisión, para lograr que su estudiante la acepte, que acabará en la violencia desmedida y la humillación a manos de Walter Klemmer.

El cambio de fuente de satisfacción sexual que la profesora experimenta, de sus visitas a cines porno a la admisión de la conquista del alumno, también puede estar asociado a algunas ideas de Freud. Él plantea que la complacencia para la pulsión solo es parcial y, por consiguiente, insatisfactoria, por eso existen tantos medios de placer sexual como la pornografía o la masturbación y cuando uno de ellos no es efectivo se sustituye o se complementa con otro, siempre en la búsqueda del pleno gozo. Esto provoca entonces que la fuerza pulsional subliminada también sea parcial, por eso la actividad desexual se convierte en una práctica cotidiana e importante para el sujeto, como lo es la música para Erika, siempre sobre el intento de ser insuperable. Ambos hechos justifican el por qué la profesora hiere de gravedad a su talentosa estudiante: aparentemente representaba una amenaza para su nuevo medio de satisfacción libidinosa que ya el subconsciente había codificado, el joven Walter, y también para la tarea que desviaba su fuerza pulsional, la música de Schubert.

Este personaje demuestra que la sublimación es uno de los cuatro modos de defensa empleados por “el yo”contra los excesos de la libido. Una pulsión es sublimada cuando su fuerza es desviada de su primera finalidad, obtener una satisfacción sexual, para ponerse al servicio de una finalidad social, ya sea artística, intelectual o moral. Por lo tanto, la sublimación consiste en reemplazar el objeto y el fin sexual de la pulsión por un objeto y un fin no sexual.

Erika ha renunciado a su libido por una carrera en la música, por eso ha llegado a vivir su sexualidad de una forma patológica como una voyeur, en las salas de cine pornográfico, en el dolor de la automutilación o dando indicaciones de naturaleza sadomasoquista a otros. Ese es el punto al que llega la separación entre su vida real y su deseo sexual.

Director: Michael Haneke Guión: Michael Haneke (Novela: Elfriede Jelinek) Título Original: La pianiste Año: 2001 País: Francia-Austria-Alemania Productora: Wega-Film / MK2 / Les Films Alain Sarde  Duración: 130 min. Fotografía: Christian Berger Música: Martin Achenbach Reparto: Isabelle Huppert, Benoît Magimel, Annie Girardot, Anna Sigalevitch, Susanne Lothar, Udo Samel

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *