La fabricanta: el realismo de la ideología de la domesticidad

Dolors Monserdà
Dolors Monserdà, fotografía extraída del Instituto Catalán de las Mujeres

Realismo persistente

A Maria Àngels P. B.

Entre la novela histórica y la novela intimista, La fabricanta (1904 y 1908) de Dolors Monserdà narra la historia del ascenso personal, social y económico de Antonieta Corominas, una mujer de origen humilde en la Barcelona de mediados del siglo XIX. Es también en Barcelona donde la autora sitúa otras novelas como La Montserrat (1893) y La família Asparó (1904).

Si bien podría haberse enmarcado en el Noucentisme catalán, Monserdà presenta un relato más próximo al Realismo, a través de las descripciones de los oficios, de los trajes y de las ceremonias religiosas. Se trata de una historia que expone minuciosamente las motivaciones y las costumbres de la época. A ese rara avis literario, hay que añadir el personaje de Antonieta, donde la autora se distanció de aquella literatura que presentaba a las mujeres como seres pasivos. Sin duda alguna esto debía ser algo inconcebible para Monserdà que, además de poeta, novelista y ensayista, consagró su vida a diferentes asociaciones relacionadas con la defensa de la lengua catalana y la mejora de la clase obrera, como por ejemplo la fundación del Patronat per a les Obreres de l’Agulla.

Aunque los hechos están basados en la historia real de Eulàlia Escuder y Ramon Vilumara, Monserdà prefirió cambiar los nombres y algunos episodios. Esta decisión fue tomada para, por una parte, preservar la privacidad, y por otra parte, para poder ensayar libremente su cosmovisión sobre el papel de la mujer, especialmente en la relación social entre la burguesía y la clase obrera catalana.

Antonieta: la fabricanta

Antonieta Corominas es una mujer cercana a los 30, huérfana de padre y madre, que vive con su hermano en una casa muy modesta del barrio de La Ribera, Barcelona. Ésta también mantiene contacto con su tía y su prima Florentina, mucho más joven que ella. Ya en las primeras líneas de La fabricanta, Dolors Monserdà realiza una escueta descripción de estas dos mujeres que nos anuncia cuán diferentes van a ser los dos modelos de mujer que van a conformar la historia:

“(…) i dues noies que, a la vista, no semblaven pas germanes; puix mentre la una d’esvelta figura i molt agraciada fesonomia, era blanca i rossa, l’altra morena, baixeta i prima (…)»

A esta diferencia física, Monserdà va añadiendo a lo largo de la novela las diferencias de carácter de estos dos personajes femeninos. Mientras que Antonieta es un mujer pragmática, trabajadora y resiliente, Florentina es una mujer idealista, aristócrata y con gran dificultad para gestionarse emocionalmente. A pesar de esta confrontación de personalidades, llevada también al plano relacional, puesto que Florentina no quiere mantener ningún vínculo con su prima y posterior cuñada Antonieta, ambas tienen algo en común: el malestar que produce ser un objeto, la desazón de estar en el margen de una sociedad que presenta al hombre como actante y a la mujer como sujeto pasivo.

De forma casi fortuita, Antonieta conoce a Pere Joan en una fiesta en el barrio de Gracia. A partir de ese momento, su vida gira en torno a la posibilidad de verlo a través de la ventana y del balcón. Este episodio muestra como para la mujer de aquella época el amor y, más concretamente, el amor con fines al matrimonio, constituían una parte importante de su vida.

“Des d’aquella tarda, i durant totes les darreres del mes de juliol, los jorns per l’Antonieta sols tingueren quatre instants, que foren aquells en què en Pere Joan, ben lluny de pensar en l’efecte que la seva presència hi produïa, passava indiferent pel carrer Mitjà per anar i retornar al seu treball: les demés hores no existien per a ella (…)”

Ese relato de la espera paciente en el hogar, que tantos capítulos ha llenado la literatura del XIX, constituye la misma espera, si bien cambiando el hogar por el College, que tan bien presentó Betty Friedan en La mística de la feminidad (1963). Sí, por supuesto que Monserdà pertenece a otro tiempo y a otro lugar; Monserdà formó parte de una burguesía catalana católica e intelectual y vivió entre finales del XIX y principios del XX. Pero Monserdà con Antonieta y Florentina nos está relatando el mismo malestar que no tiene nombre de Friedan. Refugiada en su casa, días tras día, sólo esperando a que llegue su hermano del trabajo y, posteriormente, su amado Pere Joan, Antonieta sólo tiene una distracción: hablar con un jilguero encerrado en una jaula.

Gracias a un familiar pero también por determinación de la protagonista, Antonieta conoce en persona a Pere Joan y en un plazo corto de tiempo, se casan y forman una familia. Antonieta es ahora inmensamente feliz. Mientras tanto, su hermano Josep pide en matrimonio a su prima Florentina y ésta acepta. Sin embargo, la soberbia de Florentina, que ve en el matrimonio de su cuñada con un trabajador una forma de descender en la escala social, provoca la negativa de Josep a ofrecerle la dote que merece. Este suceso, lejos de constituir un capricho narrativo de la autora, sirve a Monserdà para explicar las injusticias y penurias que enfrentaba una mujer a la que se le negaba la dote matrimonial. Monserdà nos deja bien claro que la mujer no constituía ningún sujeto jurídico y, por lo tanto, quedaba a merced de la buena voluntad de un hombre.

A partir de ese momento, los hermanos se distancian. Sólo la posible separación hacia el final de Florentina y Josep hace que éstos vuelvan a reencontrarse. Mientras dura este proceso de distanciamiento, Monserdà avanza la historia unos cuantos años y describe el paso de la artesanía del textil a la mecanización, transformación que lleva a cabo la pragmática y trabajadora Antonieta. Y es que si hay algo que agradecer de la historia es justamente eso: el protagonismo activo de un personaje femenino en una novela del XIX. Esto queda reflejado en la petición de Antonieta la misma noche de bodas cuando abre el patio de luces de su casa y le muestra los telares desmontados, los hilos y las lanzaderas y le explica:

“Tot això, que semblen desferres, són los dos telers amb què el meu pare començar a treballar. Jo m’hi he criat entremig d’ells (…) Això vol dir que des de criatura he vist com de dos telers se’n posaven quatre, i com d’aquells quatre se n’omplia tota una quadra, que és lo que, amb l’ajuda de Déu, farem nosaltres (…)”

Pero aún hay más, el papel de Antonieta no será sólo el de esposa y madre, Antonieta tiene muy claro lo que hay que hacer y utiliza ese “nosotros” porque ella se siente partícipe de ese momento:

“Amb aquests tres dies muntarem los telers i arreglarem l’ordit, i el dilluns, en lloc d’anar a treballar a casa de l’Escudé, tindrà los telers a punt per a teixir a casa nostra. (…) Jo t’ajudaré com ho feia la mare i buscaré la manera de vendre a les botigues los mocadors que tu teixiràs i que, amb l’ajuda de Déu, seran los fonaments de la fàbrica de Can Grau.”

Pere Joan que se queda maravillado de la determinación de su joven esposa sencillamente responde:

“Faré lo que tu vulgues!”

Es así como Monserdà aprovecha la historia de un matrimonio para reivindicar el sujeto femenino más allá de la condición de ángel del hogar que el siglo XIX impuso sobre la mujer. Sin embargo, el feminismo de Monserdà, quien además estuvo en contra del sufragio femenino, iba encaminado a la mejora de las condiciones de trabajo de la mujer trabajadora, pero en ningún caso puso en duda que el matrimonio y la maternidad no constituyeran las labores más importantes de la mujer. En La fabricanta, Antonieta reivindica el modelo de familia tradicional católica. A pesar de estas ideas, sorprende el discurso aleccionador que Antonieta espeta a su hermano cuando éste le comenta que su mujer se ha marchado de casa:

“Mira, Noi, jo crec que a la barca del matrimoni, quan a l’un li falta esma o aptitud per a manejar los rems, precisa que s’hi posi l’altre (…) I vosaltres, los homes, hi viviu massa creguts de què tot se us deu… de què per la vostra part amb guanyar lo pa i deixar-vos estimar ja feu prou… I a vegades les dones serien felices amb tan poca cosa…! Una atenció davant de la gent…! Una paraula carinyosa…!”

Florentina: el amor romántico

Decíamos también que el personaje de Florentina presenta y representa el malestar que no tiene nombre. Para Florentina la mujer solo es en tanto que esposa y en tanto que madre, pero tras cumplir con ambos roles, Florentina pierde todo interés. Monserdà nos presenta una mujer ambiciosa y soberbia, pero también melancólica, poco social, enamorada de la naturaleza y apasionada de las novelas. Evidentemente, puede verse en ella algo de Emma Bovary, especialmente hacia final de la novela cuando Florentina se enfrenta a su esposo que la acusa de no valorar todo lo que le ha comprado y proporcionado.

“També per molts anys l’hi he hagut jo amagada al cor aquesta serp que em rosega, però ja que ha arribat lo dia de retreure’m tots los sacrificis que dius que has fet per mi, te diré, que jo donaria tot aquest luxo, totes aquestes fastuositats que sols encarnen lo refinament de la materialitat de la vida, per una sola felicitat; per un home que m’estimés per sobre de totes les coses; que no tingués més desig que jo; que no tingués altre pensament que jo; que no tingués altre afany, ni altre somni, ni altre il·lusió, que la meva persona!”

El final de Florentina es más que evidente. Atrapada en la imposibilidad de hacer efectivo un divorcio, huye a la segunda residencia donde aparecerá un Leon Dupuis, con el que Florentina obtendrá lo que tanto desea: el amor romántico de todas esas novelas que lleva leyendo desde que era niña.

El feminismo conservador

La fabricanta es una novela realista que describe el paso de la artesanía a la mecanización, el aumento demográfico y las trasformaciones sociales y urbanas de la Barcelona de finales del XIX. También, y así lo han sostenido Teresa Pàmies y Maria Aurèlia Capmany, La fabricanta es una novela feminista. Por supuesto, no nos estamos refiriendo a un feminismo liberal sufragista (contemporáneo a la novela), sino a lo que se ha denominado feminismo conservador catalán.

Constituido por un grupo de mujeres pertenecientes a la burguesía y influidas por el reformismo católico y el nacionalismo catalán -Carmen Karr, Rosa Sensat, Francesca Bonnemaison y Dolors Monserdà- denunciaron a través de diferentes vías la desigualdad política y educativa de las mujeres, la discriminación legal y la segregación de género en el trabajo asalariado. Debemos tener en cuenta que, aunque esta crítica ponía en duda la ideología de la domesticidad, Dolors Monserdà – y así se sostiene en La fabricanta– no cuestiona la institución del matrimonio. Un año más tarde, Monserdà escribe Estudi feminista (1909) donde expone que los movimientos laicos que comenzaban a progresar en Cataluña constituían doctrinas disolventes y desmoralizadoras que sólo tenían como propósito la anulación de los principios católicos y los principios de la familia.

Sin embargo, a pesar del conservadurismo del feminismo catalán del siglo XIX, Capmany acertó al decir que si algo hay que reconocer a Dolors Monserdà fue la valentía. La valentía de presentar una novela realista que -por mucho que pesara a autores como Narcís Oller- describía con sinceridad y lejos del intelectualismo noucentista el papel de la mujer urbana en la Barcelona de finales del XIX.

Título: La fabricanta
Autora: Dolors Monserdà
Editorial: Horsori
Nº de páginas: 294
Encuadernación: Tapa blanda

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