La especie humana

En relación con la evolución de la especie humana, se distinguen dos procesos: homonización y humanización.

El primero, homonización, se refiere al conjunto de cambios que sufrieron nuestros antepasados, los primeros homínidos, al pasar de una fisionomía parecida a la de los simios hasta el estado actual: cambios en la cara y los dientes, tamaño del cerebro, caminar sobre dos pies, adquisición del lenguaje… Un proceso muy largo, un proceso evolutivo, biológico y que se prolongó millones de años

Después de este largo proceso de homonización empezó un largo proceso , también evolutivo pero no biológico, por el cual tendemos a ser cada vez más «humanos»; es un proceso relacionado con la serie de logros fundamentales relacionados con la dignidad del ser humano, es decir, se refiere a la forma como los seres humanos han ido manifestando, claramente, su humanidad.

Entre estos dos procesos, homonización y humanización, existe una importante diferencia. Mientras que el ser humano crece orgánicamente hasta cierto punto, tras el cual deja de crecer, en humanización puede estar creciendo sin restricciones hasta su muerte. No existe, ni existirá, según los expertos, una especie superior a la especie humana. La evolución se detiene en el Homo sapiens. El proceso de humanización permite la transformación del Hombre en Ser Humano. A través de este proceso se han ido estructurando las manifestaciones intelectuales, afectivas, sociales del ser humano, que nos van separando, cada vez más, del resto de las especies animales con las que compartimos el planeta Tierra en que vivimos: nuestro hogar.

Inventar la humanidad

Dice el filósofo y sociólogo, Edgar Morin (1921- ), corresponde a la educación acelerar o catalizar el proceso de humanización.

A principios de la segunda mitad del siglo XX, el filósofo, paleontólogo y miembro de la Orden Jesuita, Teilhard de Chardin, autor del libro El factor humano, al defender la teoría de la humanización del hombre, indicó que era de «lenta y difícil elaboración a través del tiempo».

Esa característica de la especie humana ya fue descubierta en el siglo XVI por Pico della Mirandola, prototipo del de hombre del Renacimiento (siglos XV y XVI), una etapa de transición entre la Edad Media y la Modernidad.

Carlos Goñi, doctor en Filosofía, es autor de un libro que dedica a exponer la vida de Pico della Mirandola. Según Pico, la suma generosidad del Creador le ha concedido al hombre tener lo que desea, ser lo que quiere. El resto de los animales tiene inscrito en sus genes lo que van a ser, no pueden ser por toda la eternidad sino lo que desde el inicio son. En cambio, en los seres humanos puso Dios, desde su nacimiento, semillas de toda clase y gérmenes de todo género de vida, de modo que, lo que cada cual cultivara fructificará. Si nos dejamos llevar por nuestra parte vegetativa, nos convertiremos en vegetales; si nos quedamos en lo sensual, nos embruteceremos; si usamos la razón, seremos animales celestes, y si cultivamos la inteligencia, no convertiremos en ángeles e hijos de Dios.

Carlos Goñi pone el siguiente ejemplo. Si queremos sembrar petunias, por ejemplo, compraremos semillas. Que suelen comerciarse en sobrecitos con la foto de petunias, que nos indica exactamente cómo serán las flores cuando crezcan. Puede ocurrir que las semillas se hielen o que no germinen por cualquier otro motivo, pero si lo hacen, salen igual que en la foto. Porque todas las petunias son iguales, están determinadas a ser de una misma manera: cada petunia repite con exactitud la forma de ser de las petunias. Cada ser humano, en cambio, es una novedad radical: nos resulta imposible hacer una previsión exacta de lo que va a ser, cada persona debe inventar la humanidad y hacerlo a su manera, Por eso todas las petunias son iguales, y por eso cada persona es diferente. La naturaleza nos ha dejado inacabados para que podamos inventar la humanidad.

No se trata de una libertad para obrar, sino para ser; no una libertad para hacer, sino para hacerse: una libertad para inventarse.

Según Pico, «ya que nacemos con la posibilidad de ser lo que queremos ser, tenemos el deber de no defraudar a quien nos ha otorgado tal posibilidad. Esta responsabilidad nos debe llenar de la santa ambición de no contentarnos con las cosas mediocres, sino que anhelemos las más altas y luchemos por conseguirlo con todas nuestra fuerzas». Si queremos, nos exhorta Pico, podemos.

Ética y economía

En esa lenta elaboración a través del tiempo, el proceso de humanización ha experimentado avances e inesperados retrocesos. Numerosas personas, preocupadas por este tema, señalan que en los últimos años hemos experimentado un retroceso en el proceso de humanización. Una consecuencia del retroceso en el proceso de humanización es la pérdida de ética.

El Consejo Social de la Universidad de Valladolid organizó en el otoño de 2001 un ciclo de conferencias bajo el título Ética para la sociedad civil. Uno de los conferenciantes fue el profesor de Filosofía Moral de la Universidad de Valencia, Jesús Conill Sancho, que habló sobre El horizonte ético de la economía (2003: 99-126).

En su conferencia, Jesús Conill llevó a cabo un breve recorrido histórico para conocer «las razones que han provocado el cambio desde los orígenes éticos de la economía hasta la actual situación no-ética de la economía» y cómo «el pensamiento económico se ha ido haciendo cada vez más influyente en nuestra vida moderna, hasta transformar el modo de pensar y analizar las cosas».

Desde su categoría de profesor de Filosofía Moral, Conill recuerda que estos procesos han sido fruto de una series de decisiones y de acuerdos internacionales y que, por ello, no se hace «ningún favor a la causa de la mejora con sentido ético el remitirnos a un fantasma, sino que sería mucho mejor detectar puntos neurálgicos y proponer alternativas viables». En definitiva, comportándose como verdaderos seres humanos, sin evadirse de las correspondientes responsabilidades en cada nivel de la vida personal e institucional.

Según este profesor, cabe esperar que, si se hace el esfuerzo necesario, se conseguirá, en el futuro, un cambio en el enfoque económico, es decir, es posible otro mundo en el que ética y economía avancen juntas.

El premio Nobel de Economía 1998, Amartya Sen, considerado por sus compañeros como la conciencia de la profesión, en su libro Sobre ética y economía, mantiene que «la naturaleza de la economía se ha visto empobrecida sustancialmente por el distanciamiento entre ética y economía».

En estos momentos, como decía Immanuel Kant y repite el profesor Conill Sacho, son los ciudadanos los responsables de obligar a cambiar. El hecho de presentar una configuración humana no es suficiente para pertenecer a la especie humana: hay personas que con sus actos han dejado de pertenecer a ella. Los seres humanos estamos legitimados para defendernos de quienes, teniendo nuestra misma configuración, no pertenecen a la especie humana, es decir, estamos legitimados para establecer un sistema económico-social que sea verdaderamente humano.

Referencias
  1. http://www.philosophica.info/voces/pico_della_mirandola/Pico_della_Mirandola.html
  2. El Pais suplemento Ideas. Avance editorial , 23 de agosto de 2020

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