La encuesta

En medio de esta algarabía que se ha convertido la política española y ha trasformado en una auténtica bufonada las sesiones parlamentarias, desde que una oposición airada se empeñó en saltarse el veredicto de las urnas para derrocar a toda costa a un gobierno ya de por si poco conciliador, haciendo uso incluso y sin el menor escrúpulo de una pandemia universal para ello, ha elegido ahora también la figura del rey como ariete de su particular cruzada.

Lo que nos trae hoy a esta sección de la revista es que en medio de tanto alboroto acerca de una cuestión tan baladí en estos duros que tiempos que corren como es la cosa dinástica, se ha publicado en toda regla una encuesta realizada a instancias de la Plataforma de Medios Independientes por una de las más importantes empresas demoscópicas de este país 40dB, dirigida por Belén Barreiro la que fuera en su día presidenta del CIS.

Usando la misma metodología exhaustiva que el organismo público, 3000 encuestas con una amplia dispersión geográfica, ha venido a decir que el 40,9 % de los ciudadanos, caso de celebrarse un referéndum al respecto, votaría a favor del establecimiento de una república como forma de estado por solo el 34,9 € de españoles que seguirían apostando por la monarquía.

El arte de la persuasión

Dado el alto nivel de indecisos, del mismo modo el 38,7 % de los encuestados frente al 31 % de los mismos, creen que caso de celebrarse dicho referéndum –por el que se apuesta de forma mayoritaria 47.8 % vs 36.1 %-, el resultado sería favorable a la monarquía.

A buen seguro, semejante contradicción se deba no ya al elevado número de indecisos sino sobre todo por la segura influencia al respecto de unas élites por las que no ha pasado el tiempo y que entienden la monarquía como su eje vertebrador así como por la capacidad de persuasión, dado el caso, de su poderosa industria mediática.

Ya en el pasado mes de Agosto, 40dB realizó otra encuesta para el diario El País, en relación a la «tocata y fuga» del rey emérito, aunque obviamente tratándose de dicho medio de manera mucho más sutil pero que, en cualquier caso, venía a percibir resultados muy parecidos.

Desde 2015, el CIS no pregunta sobre la monarquía. Sin duda, la valoración negativa de la misma desde 2011 hizo desistir a la institución de seguir realizando encuestas sobre la cuestión para evitar así la puesta en evidencia de la pérdida de confianza de los ciudadanos.

Pero no así por parte de otras empresas que sí han seguido trabajando sobre la materia para, en general, llegar a la conclusión que España, desde al menos bastante tiempo no puede considerarse un país de gran arraigo monárquico.

Si acaso, en los primeros años de la restauración democrática, más que proclive a la monarquía podría decirse que de afán «juancarlista», algo que el propio Juan Carlos I se encargaría por si solo de acabar dinamitando con el paso del tiempo.

Tiempos que pasan

Del mismo modo que el principal motivo para la aparición de grupos populistas de ultra derecha es consecuencia de la nefasta gestión política de los problemas de nuestro tiempo, el principal responsable del desprestigio de la monarquía no es otro que ella misma.

En el caso que nos ocupa, las conocidas correrías de Juan Carlos I y sus líos de faldas, las reiteradas sospechas sobre su patrimonio, los problemas de su hija Cristina y su yerno con la justicia y la falta de empatía de su hijo con la realidad social y política del momento vienen a ser el principal embrión de la desafección de buena parte de la ciudadanía hacia la monarquía.

Por todo ello, el actual rey Felipe VI no supera el aprobado en la mayoría de las encuestas que de manera independiente se han venido realizando en los últimos tiempos. Víctima, probablemente, de haber sido incapaz de proyectar nuevos aires en una institución que cada vez parece más alejada de los problemas reales de los ciudadanos, más allá de su vano discurso y sus estereotipadas apariciones públicas.

Por otra parte, resulta significativo que en relación a dichas encuestas, especialmente la última que sirve de pábulo a este artículo, no tengan eco en los principales medios de comunicación españoles, lo que se ha denunciado incluso desde CC.OO. en el caso de RTVE.

A pesar de haberlo intentado no hemos encontrado referencia a la misma en ninguna de las televisiones generalistas –ni siquiera en La Sexta, a pesar de su pretendida línea editorial- o, en su mismo caso, en una cadena de radio supuestamente también de carácter progresista como es la Cadena SER.

Mantener la apariencia

Sin embargo, sí que buena parte de esos mismos medios de comunicación se han hecho eco del video de apoyo al monarca que la ínclita Cayetana Álvarez de Toledo ha echado a rodar por las redes sociales. En el mismo 183 personajes conocidos del escenario español proclaman su particular ¡Viva al rey! Aunque se desconoce el número de invitaciones cursadas al respecto, según la promotora «muchas», lo que viene a poner aún más en duda el éxito de la propuesta.

El empecinamiento de la derecha política por hacer suya la monarquía de la misma manera que con su enconada españolidad menosprecia a todo aquel que no hace apología de tan rancio patrioterismo, es más que probable que perjudique a la misma más que le beneficia, especialmente al procurar su posicionamiento de forma tan definida.

En una monarquía parlamentaria el rey, por mucho que la Constitución Española le atribuya cualidades inéditas, exonerándole de cualquier responsabilidad y haciéndole inviolable en todo caso, contradiciendo incluso los preceptos fundamentales de la misma, debe estar sujeto a la crítica y al veredicto de la justicia como cualquier otro ciudadano.

Máxime, teniendo en cuenta ese criterio de ejemplaridad que le avala y le consigna el cargo por una mera cuestión hereditaria por encima de cualquier designación popular.

No es momento ahora, en cualquier caso, para tales planteamientos por cuanto problemas mucho más acuciantes abordan este país que cuestiones que, qué duda cabe, podamos reconocer que tienen mucho más allá de lo meramente rimbombante. Pero la gravedad de los acontecimientos aconseja en verdad dejar semejante anatema en un segundo plano, al menos, hasta que el viento calme.

Cuestión de tiempo

En cualquier caso y a la vista de los resultados de la encuesta la monarquía, al menos la española, es un referente no exento de anacronismos que la frialdad de los datos nos augura que tiene los días contados.

El que solo la franja de edad por encima de los 65 años contemple sensiblemente la persistencia de la monarquía como modelo de estado pone en entredicho la continuidad de la institución por un largo periodo de tiempo.

Siempre he dudado que Leonor, a la que por cierto lamento le hayan robado su infancia, pueda llegar a reinar. A lo más, ser otro referente de esas casas reales sin corona que hacen las delicias de la crónica rosa y poco más.

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