Irene Lazuén y el color de la melancolía

Serenidad. Óleo sobre tela de Irene Lazuén.
Irene Lazuén tatuando.

Todavía existen personas que no consideran artista a quien tatúa, pero el tatuaje es totalmente una categoría artística. En el caso de Irene Lazuén (1992, Barcelona) no hay dudas. Además sus obras siguen dos líneas, por un lado la parte pictórica y por otro los diseños que posteriormente convierte en tatuajes. Especialista en tatuar realismo a base de rayismo o puntillismo, y en su pintura utiliza casi como sello personal el color azul, que se asocia a la melancolía. Qué mejor que conocer a una artista viendo sus obras y conociendo cómo piensa a través de una entrevista.

Sofía: Cuéntanos en qué artista o artistas piensas en primer lugar que te hayan influido de alguna manera o que simplemente te encanten:

Irene:
Un/a pintor/a: Maya Kulenovic
Un/a escultor/a: Theo Jansen
Un/a fotógrafa/a: Sarah Ann Loreth
Un/a ilustrador/a: Kristian Jones
Una canción: In the woods
Un grupo/cantante: Anathema
Una película: Babadook
Un/a director/a: Guillermo del Toro
Un actor/actriz: Evan Peters
Un libro: Coraline
Un/a escritor/a: J. R. R. Tolkien
Un edificio: El castillo de Monjuic
Una arquitecto/a: Antoni Gaudí
Una bailarín/a: Maddie Ziegler
Una tatuador/a: Lipa

Sofía: ¿Cuándo fue el momento concreto de tu vida en el que pensaste que no ibas a poder vivir sin dedicarte al mundo del Arte?

Irene: Cuando terminé la carrera de Bellas Artes estaba bastante quemada con el mundo del arte (consecuencia directa de la carrera). Acto seguido de terminar me metí de lleno en el mundo del tatuaje porque quería cambiar un poco y este mundo me despertaba curiosidad. Ahora, cuatro años más tarde y sin tiempo apenas para pintar o dibujar, ha sido el momento concreto en que he descubierto que necesito esas cosas en mi vida. Este “descubrimiento” ha sido duro y me ha generado muchos miedos, pero tengo la certeza de que es mi camino. Cuando se lo expliqué a mi madre ella respondió así a mis dudas: “¿Te ves tatuando toda la vida?” le dije que igual no. “¿Pero te ves pintando toda la vida?” y sin pensarlo dije que sí. Sin duda alguna.

Sofía: ¿Qué obra o serie ha sido la más personal de las que has realizado y que más te haya costado hacer por la carga emocional que conllevaba?

Irene: Me costaría decir una porque hay varias que me vienen a la cabeza, pero si he de elegir creo que “We’re worth it” gana. Las otras obras de la serie (The invisible ones) no significaron tanto para mí, pero esta, que además fue la primera de la serie, marcó para mí un antes y un después conceptual y estético. En la imagen aparezco yo de niña con la pared de mi colegio a mis espaldas y la mano de mi madre sosteniendo un papel con información sobre mí. Cuando elegí pintarla fue la primera vez que elegí poner una carga emocional tan fuerte en la imagen, en lo que transmite, lo que se intuye en ella. Eso también hizo que me sintiera culpable, por sentir que estaba utilizando la imagen de la mano de mi madre como algo desconocido, amenazante incluso, y durante el proceso tuve muchas dudas de si seguir adelante con él o no.

Sofía: ¿Creer que el arte es una herramienta para reivindicar aquello en lo que crees?

Irene: Por supuesto. De hecho, la serie The invisible ones trata sobre ello, esa serie fue planteada para funcionar como mensaje activista por los derechos animales. Quise representar todos los sectores de explotación animal que existen actualmente: alimentación, vestimenta, entretenimiento y experimentación. We’re worth it habla de la experimentación, Smooth-skinned sobre la explotación para pieles, One way journey sobre alimentación, el muro con agujeros por el que se asoma la niña es la pared de un camión de transporte de animales de granja. Same planet different world sobre el uso de animales para el entretenimiento, en la imagen se muestra una niña con un peluche en un espacio que a simple vista no se ve como una jaula, pero podemos ver insinuadas la silueta de unas personas que observan a la niña en el reflejo de la puerta del fondo. El motivo de utilizar la imagen de un niño es que quería establecer un paralelismo entre un niño y un animal, no en sentido despectivo (no debería serlo en ningún caso, nos suena despectivo por la imagen que tenemos nosotros de los animales) si no en términos de pureza, inocencia y fragilidad como individuos que no pueden hacer valer sus derechos por sí mismos. Además de esta similitud, el hecho de poner un niño en el lugar del animal que está viviendo esa realidad genera un evidente lazo emocional con el espectador que es, al fin y al cabo, lo que buscaba con estas obras.

Focalor. Tinta sobre papel de Irene Lazuén. 29,7 x 21 cm. 2019

Sofía: ¿Hasta dónde te gustaría llegar a nivel artístico?

Irene: ¡La verdad es que ni me lo planteo! [dice entre risas]. Nunca he sido de pensar muy a largo plazo porque luego sólo se cumple un 10% de lo que habías planeado (a pesar de eso, a corto plazo sí hago planes, muchos, demasiados, y me organizo a un nivel que podría considerarse obsesivo). Supongo que me limito a trabajar todos los días, experimentar, explorar, conocer, vencer mis miedos cada día un poquito más y ser feliz con mi vocación. Supongo que si sigo así, a largo plazo llegaré hasta donde me permitan mis recursos, mis ganas y mis ideas [afirma decidida].

Sofía: ¿Cuál crees que debería ser el objetivo de una artista? ¿Crees que como mujer tienes una responsabilidad moral mayor a la hora de reivindicar a través de tus obras?

Irene: Puede sonar muy a cuento de hadas pero honestamente creo que el objetivo de una artista debería ser el de ser feliz y sentirse realizada con lo que hace, hacer lo que le dice su instinto que haga, luchar por sus convicciones y sobre todas las cosas creer en sí misma. Como mujer artista, tatuadora, o mujer a secas, creo que siempre cargamos con una responsabilidad moral mayor para expresarnos. Nuestras emociones y nuestros discursos tienden metódicamente a ser desacreditados, cuestionados o infantilizados con mucha más frecuencia, y eso nos ha creado una presión tremenda a la hora de crear. Por eso está tan extendido sobretodo en mujeres de éxito el síndrome del impostor, por el que la persona de éxito siente que no lo merece y que en realidad es un fraude.

Cuervo de la rota. Tinta sobre papel de Irene Lazuén. 42 x 29,7 cm. 2018.

Sofía: ¿Alguna vez has sufrido algún tipo de discriminación a nivel personal o a nivel artístico por el hecho de ser mujer? ¿Has sentido que te tomaban menos en serio por ser joven y/o por ser mujer?

Irene: En el entorno del arte mi experiencia es corta todavía porque la he compaginado con el tatuaje, pero en este último ámbito sí que he notado mucha discriminación. Me he encontrado muy a menudo en situaciones en que se te “enseña” cómo hacerlo correctamente con matices condescendientes o paternalistas, se te corrige y aconseja sin haberlo solicitado (y en casos de personas ajenas completamente, no digo que no acepte consejos), también casos de discriminación más severa, como gente que ha pedido tatuarse conmigo sólo por interés en establecer un acercamiento físico (me han pedido hablar de presupuesto/diseño invitándome a una cerveza en vez de en el estudio) e incluso abuso, como enviar fotografías explícitas no solicitadas. También me he encontrado con clientes que no han aceptado tatuarse conmigo, a pesar de que les han gustado trabajos míos porque, textualmente “soy demasiado joven para saber lo que hago”.

Sofía: El hecho de representarte a ti misma en las obras, ¿es por comodidad como modelo, por una parte más personal, o porque no serías capaz de mostrarnos lo que nos cuentas a través de otra persona?

Irene: Sinceramente tiene un poco de todo eso [reconoce riendo]. Inicialmente fue por comodidad obviamente, necesitaba material y una siempre se tiene a sí misma disponible y puedes probar cosas que tal vez te daría apuro pedirle a otra persona. Obviamente la elección también es fruto de la voluntad de autoconocimiento que existe en todas las personas, pero tal vez más aún en los artistas de todas las disciplinas, uno siempre trabaja desde su filtro personal, sus vivencias, sus dudas y miedos. El representarse a una misma es una manera muy directa de enfrentarse y tratar de penetrar en esos rincones de nuestra propia mente que no percibimos con claridad si no lo pintamos. Siempre se puede representar lo que sea con otras imágenes, incluso con un paisaje, una naturaleza muerta o una abstracción, todos esos elementos también pueden transmitir miedo, dudas, misterio, fragilidad y toda clase de emociones que son al fin y al cabo lo que dicen nuestras obras.

Always remembering. Óleo sobre tela de Irene Lazuén. 97 x 130 cm. 2013

Sofía: ¿Hasta qué punto ha influido tu familia en tu vida artística y en la creación de tus obras?

Irene: La familia está literalmente presente en mis obras. He tenido la gran suerte de que desde muy pequeña se ha estimulado mi interés por el arte y se me ha dado la libertad y los medios para poder emprender lo que he querido. Como todos, mi personalidad, mi carácter y mi manera de ver las cosas han sido esculpidos por mi familia en gran parte, no podemos negar que nuestro origen, nuestras raíces nos marcan para siempre, eso es algo de lo que soy muy consciente y el serlo me sirve de estímulo para seguir creando.

Sofía: Me gustaría conocer el proceso artístico desde el momento en el que surge la idea de una obra hasta que la materializas. ¿Sueles anotar ideas, comienzas la obra antes de saber hasta dónde quieres llegar?

Irene: La verdad es que para ser lo organizada que soy mi proceso artístico es un poco caótico. Normalmente dedico una temporada a la preparación, y no sólo preparo una obra, si no que hago como una lluvia de ideas, en la que selecciono una serie de imágenes que me despiertan interés y juego con ellas, las edito, las modifico, las recorto, intento que saquen a la luz el motivo por el que me han interesado. A veces sale algo con futuro, a veces no (mi ordenador está lleno de fotografías editadas que nunca fueron a más). Cuando tengo algunas ideas que quiero sacar adelante siempre selecciono la que más me apetece hacer o la que más me gusta, ya durante la carrera me veía en la obligación de pintar cosas que no me apetecía pintar, trabajar en obras que no disfruté, y eso fue uno de los grandes motivos por los que acabé tan quemada. Ahora no quiero repetir eso más, sólo empiezo las obras que realmente me motiva empezar, y si durante el proceso me canso de ellas, que sucede muy a menudo, voy al punto inicial, reviso mi lluvia de ideas o hago otras y busco otra obra para ir avanzando simultáneamente. A veces trabajar en una sola cosa es mentalmente agotador y requiere distanciarse para poder continuarla como es debido.

Algunos de los tatuajes realizados por Irene Lazuén.

Sofía: ¿Crees que actualmente existe una discriminación positiva con artistas catalogadas como feministas?

Irene: Creo que eso de la discriminación positiva no existe. Existe si acaso un intento de compensar en algunos ámbitos la discriminación que se ha ejercido durante tantos años. Como eso de que se pida un número mínimo de mujeres en ciertos puestos de trabajo, la gente dice que no debería pedirse un número de mujeres solo por ser mujeres, que el que vale vale y ya está. Yo digo que el que vale vale, sí, pero que las mujeres en el ámbito laboral contamos con algo que se llama techo de cristal, que nos dificulta muchísimo poder alcanzar ciertos puestos o metas laborales a pesar de estar sin duda más que cualificadas para ello. Si ha existido una ausencia de presencia femenina hasta ahora en algunos sectores, es justo que ahora se trate de acabar con esa roca que cargamos todas y se nos faciliten los medios suficientes para librarnos de ella.

Sofía: ¿Qué factores crees que debe aportar el artista a la sociedad? ¿Crees que el artista debería pensar en el espectador a la hora de realizar sus obras, o ser fiel a lo que quiere crear? ¿Debería utilizarse el Arte únicamente como desahogo emocional para el artista?

Irene: Una frase muy conocida en el feminismo es que “lo personal es político”. Esto significa que las vivencias personales están conectadas directamente a las estructuras sociales. El papel del artista es mostrar su parte personal y hacerla pública con su obra. Pensar en las emociones de una misma, sus ideas, pensamientos, ideologías es intrínsecamente pensar en el espectador porque el espectador es el mundo y nuestra obra habla de cómo nosotras nos relacionamos con el mundo. No tiene porqué limitarse al desahogo, si no que se trata más de la voluntad de expresarse, de hablar, de proponer y de cambiar cosas.

Serenidad. Óleo sobre tela de Irene Lazuén. 22 x 27 cm. 2017.

Sofía: ¿Tu fin es vivir únicamente del Arte? ¿Crees que es posible en la actualidad? Eso sería maravilloso, ¿quién no querría vivir de lo que más disfruta hacer en el mundo?

Irene: Lamentablemente en la actualidad (y casi siempre ha sido así para la mayoría) vivir de esto únicamente es una tarea muy difícil. Nos encontramos con el siguiente panorama: terminamos nuestros estudios con veintipico, los trabajos que se nos plantean son precarios y el precio de la vivienda es obsceno. Es normal que pocos decidan lanzarse de cabeza a tratar de vivir del arte, porque la mayoría de artistas que realmente puedan decir que se ganan la vida con ello son probablemente profesores de la materia con más de 50 años o jubilados que ya han trabajado toda su vida y ahora dedican su tiempo a pintar y exponer. Una persona joven que quiera hacer esto se encuentra en la tesitura de elegir entre hacer lo que le gusta y rezar para que eso le lleve a algún lado o buscarse un trabajo aparte, hacer sus horas, ganar su dinero y poder tener una vida independiente, lo que le dejará con más bien poco tiempo para desarrollar su creatividad. Es posible hacerlo, sí, pero la soledad del artista que es escupido al mundo tras la universidad, donde ha pasado toda su vida siendo guiado en absolutamente todo por padres y profesores, es tan aterradora que muchos ni lo intentan.

Sofía: ¿Tienes una paleta propia con la idea de que la gente identifique tus obras como tuyas directamente sólo con ver la gama cromática de éstas?

Irene: Suelo darles a mis obras una tonalidad azul general, para mí el azul toma el papel de la memoria, le da a la obra ese filtro onírico y misterioso, casi tétrico, que me ayuda a representar aquello que quiero transmitir. No utilizo siempre unos colores concretos que repito como una fórmula, es más, me cuesta mirar los nombres de los colores, los elijo sin más. Quizá el azul prusia es el único que siempre tengo a mano.

Sofía: ¿Qué es lo que te mueve para crear?

Irene: No lo sabría decir exactamente, simplemente es lo que creo que he nacido para hacer, es lo que llevo haciendo toda mi vida y lo único que creo que seguiré haciendo siempre hasta que muera.

Sofía: ¿Hasta qué punto es importante el arte activista en tus obras?

Irene: Es importante en ciertos aspectos, he tenido épocas más activistas que otras, en las que he pretendido lanzar un mensaje más concreto al mundo. Intento siempre que mis obras muevan algo dentro del espectador, mi finalidad es que se les quede algo, incluso aunque no sea lo que yo tenía en mente originalmente, pero eso es lo divertido del arte, que es un poco como el juego del teléfono, el artista dice, la obra muestra y el espectador entiende, pero el mensaje en ese proceso ha ido mutando y cambiando porque cada persona tenemos un bagaje distinto y cada obra nos dice cosas distintas dependiendo de los ojos que la miren.

Sofía: ¿Qué papel juegan las redes sociales en tu trabajo?

Irene: Las utilizo para divulgar y para establecer conexiones con otros artistas o personas de mi interés.

Number 2016. Lápiz sobre papel de Irene Lazuén. 50 x 70 cm. 2013.

Sofía: ¿Te consideras educadora a través de tus ideales y tu reivindicación social a través de redes sociales?

Irene: En cierto modo sí, pero como he comentado anteriormente soy consciente de que muchas de las cosas que pretendo que lleguen a veces no llegan, se tergiversan o simplemente llegan a medias. El mensaje en el arte es importante, pero no es tan simple como expresar algo y que el otro sienta lo que tú has querido expresar, tú creas una imagen, una vez sale de ti, esa imagen es como un hijo, se relacionará con el mundo a su manera.

Sofía: ¿Crees que por fin se ha entendido el feminismo? ¿Te consideras una persona comprometida con este movimiento social?

Irene: Creo que le ha llegado su momento al feminismo, aunque eso no signifique que aún queda muchísimo camino por recorrer. Creo que se está empezando a entender la idea base del feminismo, pero ¿el feminismo al completo? Ni siquiera yo conozco gran parte del feminismo que existe o ha existido. Me considero comprometida con este movimiento porque no veo otro modo de cambiar las cosas salvo cogiendo las riendas y actuando. Hay mucho que educar, mucho que aprender y muchísimo que luchar todavía, no creo que vivamos lo suficiente para ver el fin de la cultura patriarcal, ¡pero espero que sí veamos algunos pasos más en esa dirección!

Sofía: Apenas aparecen hombres en tus obras, ¿cuál es el motivo?

Irene: Bueno, en mi caso aparecen niñas y niños, pero cierto que no hombres adultos. Supongo que no es una realidad con la que me identifique. Al final todos hablamos desde nuestro prisma, y no me sale de dentro hablar a través del prisma de un hombre, por una simple cuestión de que la relación de una mujer/niña/niño con los hombres siempre estará condicionada por el miedo en muchos casos. Empezar a conocer tu entorno siendo una niña y tener que vivir que un hombre intente tocarte, te siga por la calle, te haga comentarios obscenos es aterrador, luego creces con ello hasta ser adulta y ves que sigue sucediendo, pero a ello se le añade la violencia y el ensañamiento que vivimos en un mundo en el que tenemos que luchar por ser respetadas, escuchadas y vistas como personas. Darme cuenta de cómo es el ojo heteropatriarcal hizo que no conecte igual con la imagen de un hombre adulto.

Falling into shadows. Óleo sobre tela de Irene Lazuén. 55 x 46 cm. 2014.

Sofía: A nivel técnico, ¿te cuesta decidir cuándo una obra está terminada por completo? ¿Te consideras una persona exigente con tu trabajo?

Irene: Es muy complicado, muchas veces tengo que dejarlo sin más porque siempre le acabaría añadiendo algo. Me considero exigente, pero por suerte también soy impaciente, así que prefiero quedarme con la sensación de que le pueda faltar algo a quedarme estancada con una sola obra.

Sofía: ¿Crees que has encontrado tu sello propio?

Irene: Es realmente difícil diferenciar entre sello personal y repetición sin fin de una misma cosa. A pesar de que estéticamente puedan parecerse rara vez siento que me estoy repitiendo, pero aún así siento que soy demasiado joven para ser capaz de ver si esto es lo que seré, al fin y al cabo vamos cambiando y evolucionando toda la vida.

Sofía: ¿Cómo imaginas el mundo del Arte para las mujeres artistas dentro de 10 años?

Irene: Pues espero que más sencillo e igualitario, la maternidad por ejemplo es una gran traba porque socialmente lo han convertido en eso para el recorrido laboral de una mujer. Confío que eso se trabaje hasta que las mujeres no tengamos que elegir entre una carrera de éxito y una familia.

Sofía: Si te hicieran elegir entre el mundo del tatuaje y el mundo de la pintura, ¿cuál elegirías? ¿Crees que es compatible?

Irene: ¡La pintura! No nací tatuando, pero sí pintando [dice entre risas]. Pueden llegar a ser compatibles, así lo llevo creyendo mucho tiempo, aunque es algo sumamente difícil y yo he pasado muchos problemas intentando compensarlo todo correctamente. Recientemente he pasado una etapa de crisis al darme cuenta de que no le estaba dando lo que debía a la pintura, de que no le daba el tiempo requerido y que eso me estaba asfixiando. Llevaba tiempo sintiendo esa asfixia, esa ansiedad sin saber de dónde venía, hasta que finalmente vi que era algo tan sencillo como que estaba tomando un camino equivocado. Puedo tatuar, sí, y me gusta, pero jamás debo dejar que eso me impida dedicarme a lo que realmente amo: la pintura.

Nebulosa. Óleo sobre lienzo de Irene Lazuén. 65 x 81 cm. 2017.

Más imágenes de las obras de Irene Lazuén en su página web:

https://irenelazuen.portfoliobox.net/

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Sofía Martínez Hernández

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