Ilustrofobia (Javi de Castro y VV.AA, Underbrain Books, 2014, pp. 45).

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Hace algunos años me fijé en una edición de El Cuervo de Poe ilustrada a tamaño folio, y a los pocos meses ella me regaló por mi cumpleaños otra edición con acuarelas de Las flores del mal, que hoy todavía siguen en las cajas de la mudanza. Más o menos desde entonces mantengo el secreto placer por las imágenes que dan forma a los textos y últimamente asisto con cierto interés al triunfo absoluto de los libros ilustrados en el mercado editorial.

La apuesta no es siempre sencilla, ni la fórmula garantía de éxito. Si hace algunas semanas hablábamos de Blackie Books y sus clásicos, hoy tengo encima de la mesa un libro de relatos ilustrados de Underbrain Books, Ilustrofobia (2014, 45 pp.), una edición minimalista en formato cuartilla en la que Javi de Castro pone viñetas a una serie de relatos hiperbreves que tratan sobre el miedo.

Ilustrofobia es de esos libros que primero te entran por los ojos, gracias a la maquetación y al diseño de su portada, y también al título, que sintetiza con el neologismo el contenido de la obra: una colección de hiperbreves en el que se ficcionalizan diferentes sensaciones vinculadas a las fobias humanas: oscuridad, celos, suicidio, esquizofrenia, adicciones, fuego, perfiles falsos, difuntos, monstruos interiores y monstruos exteriores, incluso el miedo a las mujeres guapas.

La colección de relatos tiene una cierta intención conciliadora, pues trata de hacer visible una parte de la realidad que suele mantenerse oculta en la abstracción de los sentimientos. La de aquellos miedos, irracionales o psicológicos, que nos hacen la vida un poco más difícil. Los relatos se eligieron por concurso en la web de UnderBrain y se ajustan a las definiciones del género hiperbreve: pocas líneas que preparan una intriga con sorpresa final.

Los dibujos de Javi de Castro (1990) muestran el talento de la nueva generación. La exigencia del blanco y negro permiten al ilustrador concretar lo abstracto del miedo a través de detalles que permiten inventarse una historia, como un rey de corazones ardiendo, como una chica desperezándose con la primera luz de la mañana. Japón, Estados Unidos y hasta Paco Roca en las influencias de los trazos de personajes de todos los colores. Hay un miedo en cada uno de nosotros.

El miedo, el miedo sensitivo, ese instante en el que el cuerpo se congela, ese instante hiperbreve, como los relatos, aunque que nos cuesta la vida superarlo. Miedo con terror e ironía, con conciencia social y con distancia literaria. Un miedo que va con nosotros, este Ilustrofobia, como en la cita que abre el conjunto: “El miedo es mi compañero más fiel, jamás me ha engañado para irse con otro” (Woody Allen).

Victor M. Sanchis

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