Yo he venido aquí a hablar de su libro – Elena Casero

Foto cortesía de la autora

Hoy en Yo he venido aquí a hablar de su libro entrevistamos a Elena Casero, que ha publicado recientemente un nuevo libro, en esta ocasión de microrrelatos, Luna de perigeo.

Elena nació en el siglo pasado en València, donde vive. Tiene colgado de una pared el título de Técnico de Empresas Turísticas, algo amarillento, según nos dice. Ahora está prejubilada a tiempo parcial de la multinacional Ford España S.L. donde han transcurrido cuarenta y dos años de su vida.

La curiosidad la ha llevado a ser corredora, escritora y músico. Esta última faceta es de la que más orgullosa dice sentirse.Ha publicado cuatro novelas: Tango sin memoria (Mira Editores y reeditada por Talentura), Demasiado tarde (Mira Editores), Tribulaciones de un sicario (Talentura Libros) y Donde nunca pasa nada (Talentura Libros). También tiene un libro de relatos, Discordancias (Talentura Libros), y el más reciente es de microrrelatos, Luna de perigeo (Ediciones Enkuadres S.L). Asimismo, ha participado en varios libros colectivos de microrrelatos: De antología. La logia del microrrelato y Despojos del ReC (ambos publicados por Talentura Libros), y en los recopilatorios anuales de La Microbiblioteca en tres ocasiones.

Amanece Metrópolis: Elena, ¿cómo fueron tus comienzos en el microrrelato?
Elena Casero: Llegué al microrrelato por curiosidad, como casi todo en la vida. Quería explorar otro género distinto, ya que antes de empezar a escribir micros ya había publicado dos novelas. Aunque empecé escribiendo relatos. Algunos de ellos, con el tiempo, se convirtieron en un libro.
Le debo el gusanillo, casi el vicio, de escribir micros a los concursos, en especial a Relatos en Cadena (ReC) y a Wonderland y a las lecturas de otros blogs, como el de Manu Espada, Lola Sanabria, Jesús Esnaola, Agustín Martínez Valderrama, Susana Camps o Rosana Alonso.

A.M: Tu último libro de microrrelatos, publicado en la editorial Enkuadres, lleva el sugerente título Luna de perigeo, que a su vez da título a uno de los cuentos. ¿Qué te llevo a elegirlo?
E.C: El micro que da nombre al libro participó en el concurso Esta noche te cuento, en el año 2014. No ganó ni fue finalista, pero se quedó guardado porque el micro siempre me gustó. El año pasado, al seleccionar los microrrelatos que podían formar parte del libro, vi que había unos cuantos que hacían referencia a la luna llena y su influjo. Me pareció que el título era el más apropiado.

A.M: En Luna de perigeo encontramos bastantes relatos con contenido social y crítico, como ““La nevera de Sor Asunción”, “Yo que tú”, “Visión de futuro”… ¿Crees que el micro puede ser un arma eficaz de denuncia?
E.C: Sé que hay escritores que no opinan lo mismo pero yo estoy convencida de que para denunciar situaciones sociales cualquier medio es bueno. Lo importante es darle voz a los personajes.

A.M: Algo que llama la atención al leer el libro es la reiterada aparición de niños en los relatos. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?
E.C: Los niños me sirven para mostrar también el punto de vista, a veces cruel, del ser humano. En este mundo hay pequeños energúmenos. Y muchos de ellos crecen.
Pero reconozco que hay algo de nostalgia en alguno de ellos. En especial, en los que hablo de mis recuerdos. También fui niña, aunque hace mucho.

A.M: La presencia del humor es palpable en Luna de perigeo, ya sea en forma de ironía, sátira, humor negro… ¿Dirías que es una constante en tus textos?
E.C: Nunca busco el humor cuando escribo. Es mi manera de ser y de ver lo que me rodea. Hasta en los momentos más difíciles le saco punta a la vida. El humor, la risa, la ironía son necesarios para evitar la pena o la tristeza. Es cierto que, al final, mi sentido del humor se ha convertido en una seña de identidad, que no me molesta en absoluto porque me divierto mucho escribiendo, aunque eso se nota más en las novelas, donde puedo jugar más con las situaciones.

A.M: El libro contiene textos de longitud variada, desde apenas tres líneas ―“Caza menor”― a “Cirugía plástica” o “Los O´Flannery”, de un par de páginas. ¿Hay alguna extensión en la que te suelas encontrar más cómoda o todo viene determinado por la historia?
E.C: Generalmente, viene definida por la misma historia. Conforme voy escribiendo me doy cuenta de la longitud que puedo o debo alcanzar. Siempre me encuentro más cómoda en la media distancia, como cuando hacía atletismo. En el caso de la escritura lo situaría entre cien y doscientas palabras. No se me dan bien los relatos muy cortos, me cuesta mucho escribir los de ciento cuarenta caracteres, por ejemplo. En el caso de la novela es completamente distinto, aunque tampoco sé escribir novelones. Cuando menos me doy cuenta he sacado la tijera de podar.

A.M: ¿Cómo definirías tu estilo?
E.C: No se me ha ocurrido nunca pensarlo. En todo caso, por poner una etiqueta diría que es como mi propia vida. Dicen que soy muy realista, con los pies en el suelo y la cabeza un poco en las nubes. Cada vez más, por cierto. Debe de ser por la edad. Intento no perder la perspectiva de las cosas, ni el sentido del humor, aunque mate a los personajes, algo que me sale de manera natural. En resumen, diría que mi estilo es realista e irónico.

A.M: ¿Usas la típica libreta para apuntar ideas o eres más de nuevas tecnologías (que, por cierto, es el título de uno de tus relatos)?
E.C: Teniendo en cuenta que soy muy anárquica, necesito apuntar las ideas en una libreta que suelo llevar en el bolso, otra en la mesilla de noche y otra en el escritorio. Y si no tengo nada de eso a mano, en el móvil. Si es preciso, en un trozo de servilleta. Y como último recurso, repetirme constantemente la frase que se me ha ocurrido hasta encontrar dónde escribirla.

A.M: ¿Cuál es tu rutina a la hora de escribir un micro?
E.C: Volvemos a la falta de rutina. Si tengo la idea, la anoto. La rumio en la cabeza. Voy escribiendo. Algunas veces sale el micro de un tirón. Otras no. Después lo trabajo hasta que me gusta cómo ha quedado. La siguiente fase es dormirlo. Una vez que lo rescato, viene la última corrección. A partir de ahí, decido si lo envío a un concurso — algo que se me suele olvidar — o lo dejo para mejor ocasión.

A.M: Para terminar, nos gustaría que nos comentases qué libros y/o autores de microrrelato nos recomiendas y por qué.
E.C: Los niños tontos, de Ana María Matute y Crímenes ejemplares, de Max Aub, fueron dos de mis primeras lecturas de microrrelatos. Aparte de ellos, creo que es imprescindible leer a José María Merino, a Juan Pedro Aparicio, a Julia Otoxa o a Ana María Shua. Y no podemos olvidarnos de Manu Espada, Javier Puche, Miguel A. Zapata, Ginés Cutillas, Iván Teruel, Patricia Esteban Erles, Gemma Pellicer, Susana Camps, Rosana Alonso o Lola Sanabria. Ni, por supuesto, de mis compañeros de Enkuadres, Ana Vidal, David Vivancos, Kike Parra y Víctor Lorenzo. Merece la pena leerlos.

Y para conocer de verdad las letras de Elena, nada mejor que leer algunos de sus micros.

CONCATENACIÓN DE LOS HECHOS FORTUITOS

Cuando el cometa Magnussen atravesó el espacio, la marea ascendió un metro y medio. Las olas alcanzaron los barracones de la playa asustando a los bañistas quienes, con sus gritos, ahuyentaron a las gaviotas. Una de ellas, en su vuelo errático, chocó contra un tranvía cuya catenaria se salió de la guía y provocó un brusco frenazo. Para no chocar contra él, el conductor de un carro tuvo que hacer un giro imprevisto y así evitar la caída de la carga. Sin embargo, no logró sujetar al caballo y éste salió corriendo hasta impactar contra la puerta de un bar, donde unos hombres descansaban de la jornada matutina.
El griterío de la gente se confundió con las voces de los niños que jugaban en la calle, de tal manera que Isabel, que estaba preparando la comida del mediodía para Antonio, su marido, no pudo saber que era la última vez que lo hacía.

CAZA MENOR

Sonreía mientras lo veía correr espoleado por el pánico.
El eco aplaudió su puntería. Satisfecho, recogió de boca de su lebrel un pedazo de tela de rayas.

LUNA DE PERIGEO

De los estudios llevados a cabo por el profesor Wigenstein von Wigenstein de la Universidad de la Baja Renania en los primeros años del siglo diecinueve, se pudo concluir que los cambios experimentados en las condiciones vitales de determinados seres de la naturaleza eran coincidentes con el máximo apogeo del astro lunar.
Algunos ratones de la especie Colaerum ratonum contrajeron un índice notable de locura, dándose el caso de convertirse en voladores. Se hallaron apuntes sobre primates Risitorum convertidos en expertos bailarines de ballet. Así como el hallazgo de ofidios trapecistas y marsupiales cantantes de ópera.
El profesor desapareció una noche de San Lorenzo, en plena luna de perigeo. Sus apuntes y estudios quedaron, aparentemente, inconclusos. Meses después fueron retomados por una alumna llamada Steinwigen von Steinwigen de la cual, hasta la fecha, no se tenía noticia.

Ana Fúster

2 comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *