Fragmentos

Hace un mes: no quiero escribir sobre mí y mi momento vital, no tengo ganas de compartirlo tan públicamente. Hace 15 días: además son lugares comunes, mejor un relato corto o alguna reflexión sobre algo interesante. La semana pasada: me rindo, mi cerebro no va a ser capaz de producir algo en un formato diferente a esto que he escrito.

Escribo de forma fragmentada, acuciada por las exigencias externas. Duermo en tramos de hora y media, a veces menos. Últimamente sueño mucho. Cago por fascículos. Como por turnos. Tengo pocas ocasiones para cortarme las uñas. Han venido a tomar un té y aprovecho para escabullirme y escribir estas 4 líneas. Ahora es 12 de enero.

21.17 pm. Contesto guasaps como quien hace los deberes después de cenar. Me alegra saber que la gente me quiere, pero desearía sólo recibir comunicaciones y que se sintiesen atendidas con verse en leído. Tengo muchas cosas que decirles, pero se me atragantan cuando lo hago para tachar algo de mi lista de tareas. Me debato entre escribir una línea a toda la lista de pendientes: «Gracias, yo también me acuerdo mucho de ti, te echo de menos, te escribo más largo en estos días» ; o contestar a una o dos personas en condiciones. Esta noche procastinar  me dejaría más tranquila, pero sería pan para hoy y hambre para mañana.

«Me hizo mucha ilusión verte ayer!! Lo bueno de mi declive neuronal es que normalmente algo hubiera intuido de la fiesta, pero esta vez fue sorpresa sorpresa.
Oye, perdona los silencios telefónicos, ando en un momento en el que el cotidiano me arrolla y los guasaps se me acumulan y lanzan las conversaciones al final de una lista interminable! Que no es excusa, pero es explicación.

Nos v…»                                                                                      Enviar

Me quedo a medias de lo segundo porque no hilo las palabras a mi velocidad habitual, o porque algo me interrumpe, ya no me acuerdo. Y la lista crece, y crece, y crece… A veces grabo un audio polivalente y se lo envío a varias personas. Me cae mal la última actualización de guasap porque ahora se ve si lo reenvío.

Vivo más rodeada que nunca de todo tipo de artilugios que cumplen o sustituyen funciones vitales. Electrónicos, eléctricos, mecánicos. Desplazamiento, comunicación, alimentación… Ahora mismo estoy manejando dos en simultáneo y enganchada, literalmente, a un tercero.  Tengo que levantarme a bajar el fuego de la olla a presión.

En la habitación de al lado hablan muy bajito, eso me ayuda a pensar mejor. O no. Últimamente he desarrollado una sensibilidad especial para los sonidos, es imprescindible estar atenta al más mínimo ruido, comentario, quejido. No puedo perderme nada.

Por más que me esfuerzo no consigo acordarme de esa idea tan interesante que tuve en el duermevela de esta madrugada. ¿Sabes esas veces que piensas algo y te parece una reflexión imprescindible para la humanidad, y la repites una y otra vez en tu cabeza para acordarte al día siguiente, sabiendo que en realidad: a) no te vas a acordar y nunca sabrás si el universo va a ser peor por tu culpa; o b) al día siguiente vas a descubrir que es una soberana tontería y que la noche te confunde?

Me gusta la palabra random. Ahora puedo utilizarla todo el rato, mis días son rutinariamente random. Mis neuronas procesan y responden en esa modalidad. Extrañamente sobrevivo y todavía no me he cortado un dedo ni he perdido un tren ni me he quedado sin nada para comer en la nevera (eso casi). Aunque se me olvidan conversaciones, tareas pendientes y lo que iba a hacer cuando llego a la cocina. Nada es gratis, alguien (con nombre y apellidos) está haciendo ese trabajo por mí y, por supuesto, no está cobrando por ser mi asistente personal.

Escucho un telediario y por un rato conecto con el mundo exterior. Irene Montero ministra de igualdad y Beatriz Gimeno directora del Instituto de la Mujer. Algunos medios la acusan de defender la quema de iglesias durante la república. Me llega un artículo por el enésimo grupo de guasap. Lidia Falcón opina, en su sección La verdad es siempre revolucionaria, que Simón de Beauvoir era una filósofa de pacotilla que, instrumentalizada por su maridísimo Sartre y en un arranque de existencialismo barato y desclasado, inauguró el movimiento queer con su obra El segundo sexo. Por lo visto también es culpable del movimiento a favor de la regularización del trabajo sexual, de los vientres de alquiler, la pervivencia del patriarcado y el fortalecimiento del capitalismo. El tema del sujeto político del feminismo se nos está yendo de las manos. De pronto me veo defendiendo a Simone de Beauvoir como mi amiga Ana defiende la Constitución española en sus clases de bachillerato para reforzar el antifascismo. Así de radicales estamos, señoras.

¡Mierda! Se me ha olvidado pedir que me rebanen el pan. Si me pongo a cortarlo antes de congelarlo probablemente me quede sin tiempo para… ¿Qué tenía que hacer hoy? Mi mundo de ilusiones a día de hoy: saber en qué día vivo, dormir más de dos horas seguidas, comer despacio, recuperar mi… ¿Qué estaba escribiendo? Recuperar mi estado mental habitual: despierta, atenta, capaz de recordar las conversaciones y de diferenciar unos días de otros. No hay mal que por bien no venga: me he convertido en una persona a la que se le pueden dar sorpresas.

Otra vez el sujeto del feminismo se me aparece en un grupo de guasap. Se está librando una auténtica batalla dentro de algunos espacios del movimiento, en concreto las comisiones del 8M. Grupos articulados boicotean, con premeditación y alevosía, asambleas y espacios de trabajo. Las redes arden en una lucha encarnizada: ¿cómo se atreven esas troyanas de la igualdad a nombrarse como convocantes de las movilizaciones y acciones este #8M?, espetan abolicionistas transmisóginas desde el calor de sus pantallas. Las académicas se revuelven en sus asientos mientras sienten que pierden el poder de definir el movimiento y repartir los carnets de asociadas. Mientras tanto, las compañeras en las calles y las asambleas, que son sujetos le pese a quien le pese, se dejan la piel. La amiga que nos lo cuenta cierra la conversación:

«Te come el espíritu […] es insoportable […] lo cuento casi a modo de terapia.»

¿Quién las sujeta a ellas? ¿Reconoce el PIB el trabajo que hacen las activistas día a día por los derechos y libertades de todas nosotras?

Leo y releo antes de dar por terminada la espiral textual. Detecto ciertas reverberaciones. Cuestiones de aseo y cuidado personal. Aunque no he hablado de la dificultad de sacar tiempo para lavarme los dientes o beber agua cuando lo necesito. El sujeto del feminismo, ¡oh sorpresa sorpresa! La otra es el guasap. Nuevo modo y modelo de comunicación que nos mantiene conectadas a través de una conversación infinita e inconclusa y nos aísla así de los hola, adiós, un beso. Historias de vida sin inicio, nudo y desenlace. Con emoticonos, incluso sonido, pero sin interacción simultánea ni derecho a rectificación.

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Viernes, desayunando. Piensa rápido, el domingo se publica. Frases cortas. El sábado debería estar cerrado, editado y programado en el blog. Se me enfría la tostada. Mañana lo termino, tengo que lavarme el pelo.

Estarás pensando en la causa, la razón, el motivo de mi estado vital. Quizá haya desarrollado algún tipo de enfermedad física o mental y sólo tiene fogonazos de lucidez que cuando comienzan no sabe cuánto van a durar. ¿Le habrán dado un puesto en el nuevo gobierno? O tendrá 3 empleos: ha empezado a trabajar en Glovo mientras los fines de semana los pasa en casa de amigues para alquilar su habitación en AirB&B y así poder pagar el alquiler. Quizá tenga a su cargo a una persona gran dependiente: ¿será su madre? ¿Habrá tenido una criatura? Creo recordar que no tenía hermanas… Igual está trabajando de interna.  ¿Qué suena más plausible?

Ahora imagina que soy un tío cis y reorganiza la lista de probabilidades. Si te parece, yo mientras voy a ducharme.

Sua

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