Feminismo andaluz: nombrar(nos) desde el territorio

Mesa camilla sobre feminismo andalúz en el Fem Fest Málaga. Foto: Taifa Camisetas

El pasado 17 de noviembre nos juntamos un grupo de mujeres en torno a una mesa camilla. Mujeres que militamos en diferentes espacios y llevamos proyectos muy diversos y a las que nos unía una cosa en común: Andalucía. Esta mesa camilla, que fue dinamizada por las compañeras de La Poderío, pretendía juntar las voces que desde diferentes rincones del sur y desde Despeñaperros p´arriba, estamos tejiendo dinámicas, estrategias, teorías, saberes y recuperando historias desde el sentir andaluz.

La Faraona de Jerez de la Frontera, Comando Sororidad, La Medusa, Lisístrata, Labio Asesino y Peineta Revuelta fueron los proyectos que se sentaron al calor de las faldillas en un patio lleno de comadres que luego también formaron parte activa de la tertulia. Dos preguntas iniciales: ¿Por qué un feminismo andaluz? ¿Cuáles son las principales tareas a llevar a cabo? La respuesta a cada una de ellas se fue completando con cada una de las intervenciones.

Un feminismo andaluz, en primer lugar, por la necesidad de crear desde nuestra territorialidad las condiciones adecuadas de actuación, teniendo en cuenta nuestras particularidades, teniendo presente nuestra cultura, costumbres e idiosincrasias (esas que tan defenestradas parecen para el imaginario español). Porque si el sujeto mujer ha sido silenciado por la historia, la interseccionalidad que atraviesa al sujeto mujer/andaluza hace que haya sido doblemente silenciado y es nuestro deber rescatarlo. Porque nosotras tenemos que ser quienes creemos nuestro propio relato sobre lo que nos ensarta, sobre nuestra memoria y debemos hacer frente al relato que han creado desde los discursos hegemónicos y centralistas que no nos representan…

Las tareas a llevar a cabo también son muchas. Crear un feminismo desde nuestros barrios, lo más cercano a las prácticas y necesidades cotidianas, desde las violencias que nos atraviesan y desde las resistencias que nos proporcionan nuestros propios elementos culturales, pensándonos desde la clase, la raza y el género.  Rescatar a nuestras referentes históricas, a nuestras ancestras, mujeres que fueron importantes en la lucha por los derechos y las libertades que hoy tenemos. Rescatar también las prácticas de nuestras abuelas, madres y vecinas, quienes nos han transmitido la herencia cultural generación tras generación desde lo cotidiano. Poner en valor el flamenco como resistencia.  Hablar de un feminismo desde los bordes, desde lo rural, desde la disidencia, un feminismo gitano, afro, trans. Luchar contra la andaluzofobia que nos estereotipa creando una imagen distorsionada y ofensiva y que se da incluso en espacios feministas cuando sales de Andalucía…

La mesa camilla terminó con un ratico de cháchara junto a las que habían estado frente a nosotras escuchando nuestras respuestas. Llegamos así, de forma bilateral/multilateral, a explicitar esas cosas que nos tocan a todas y que nos unen a pesar de no ser siempre dichas. Y es que cuando preguntaron las compañeras de La Poderío quiénes eran nuestras referentes, aquello se convirtió en todo un alegato a nuestras madres, abuelas, compañeras de militancia, amigas de toda la vida… las cercanas, las que podemos tocar, las que gracias a su ejemplo nos han hecho quiénes somos y estar donde estamos.

Patio de la Casa Invisible durante la mesa camilla. Foto: La Poderío.

Todo esto sucedió en el Fem Fest Málaga, un festival feminista que se celebró del 15 al 18 en La Casa Invisible, un lugar de resistencia que encarna la lucha por una cultura desde el pueblo y para el pueblo, un edificio histórico en pleno centro de la capital que lleva ya once años de okupación; un periodo en el que no han cesado las actividades culturales y políticas. Las compañeras que organizaron este festival no podían haber elegido mejor lugar. Y dejaron el listón bien alto en cuanto a organización se refiere. Fueron cuatro días cargados de actividades: talleres, charlas, presentaciones de libros, recitales… y hasta un karaoke. Y todo desde la premisa: aquí se viene a hacer feminismo andaluz.

Cuenta Ana Burgos, como exiliada andaluza, que está viendo un movimiento feminista muy potente en Andalucía, el cual está creando un discurso muy necesario. Y es que, según ella, puede hablarse de feminismo andaluz por dos cuestiones fundamentales; en primer lugar, debido a que Andalucía ha sido un territorio sometido históricamente. Por ejemplo desde la conquista de Granada, con todo el proceso de conversión al cristianismo encontramos una invisibilización brutal que ha silenciado una parte de nuestra historia. Ni siquiera es conocido en profundidad el genocidio del pueblo andaluz durante la Guerra Civil y el franquismo, con sucesos casi desconocidos como La Desbandá o el bombardeo del 1 de abril de 1937 en Jaén. Tampoco se habla sobre la masiva migración de los años 60 y 70 debido al empobrecimiento que existía. En segundo lugar, continúa Ana, por el fuerte patriarcado existente que se da por diversas razones, una de ellas por la gran concentración de riqueza en manos de unos pocos. Estas dos razones, sigue Burgos argumentando, son elementos importantes a la hora de pensar(nos) como feministas andaluzas.

Algo que comparto con ella es ese pensarse como andaluzas cuando sales de Andalucía. Esto fue precisamente lo que me impulsó a mí a compartir, junto con otras compañeras que sí residían en Andalucía, la premisa de un feminismo andaluz. Verme ridiculizada o sancionada por mi acento, exotizada por mi procedencia, expuesta como cómica o vaga, incluso recibir comportamientos ofensivos en asambleas feministas, me han hecho poner un muro de resistencia. Muchas mujeres que llevan tiempo viviendo en Madrid y son andaluzas me han llegado a confesar que han tenido que “quitarse” el acento porque el entorno nos lo pone bien complicado, por ejemplo, al buscar trabajo.

Lavanderas trabajando en El Fontanal de Priego de Córdoba durante la Segunda República.

Sin embargo, y volviendo a esa mesa camilla, son muchas las voces que ya estamos creando cosas que pongan nombre a lo que siempre ha existido. Proyectos como Mujeres Andaluzas que Hacen la Revolución, que pretende rescatar biografías de esas mujeres que han sido silenciadas por la historia pero que, sin embargo, han sido de gran importancia en el trascurso de los acontecimientos; porque en Andalucía somos folclóricas, sí, pero somos mucho más, por ejemplo somos las Cabras Montesas de Gilena, las jornaleras de Marinaleda, las mujeres de la Revolución de la Faeneras de Málaga, las mujeres en las colectividades de 1936… También proyectos como Lumbre Estudios Históricos de Intervención Social, que se centra en la investigación, especialmente en la Provincia de Cádiz, y que está haciendo un gran trabajo de recuperación y divulgación en su territorio. O Herstóricas, que gracias a sus investigaciones, que plasman en talleres, visitas y paseos, van En Busca de las Granaínas para  mostrárnoslas. También el proyecto Como vaya yo y lo encuentre que se define como «[Transh]er feminismo andalú y otras prendas que tú no veías».

Estamos nombrando lo que ha sido silenciado durante mucho tiempo. Estamos nombrando(nos) desde el territorio. Es importante no caer en fundamentalismos ni esencialismos. Lo importante es construir en base a lo más cercano y es precisamente el horizonte que estamos transitando. Tenemos mucho más que decir. Ya lo estamos diciendo. Tenemos mucho más que construir. Ya lo estamos construyendo. Yo animo a que mujeres de otros territorios se nombren, se reconozcan, se rescaten. Así podremos abrir horizontes juntas sin caer en prejuicios.

Araceli Pulpillo

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