El exorcista (William Friedkin, 1973)

La experiencia del Festival de Sitges no significa lo mismo si vives a cinco minutos en tren de las salas del certamen. Así uno puede despertarse después de una noche no demasiado allá, llevar a los niños al colegio, bajar a tus otros niños al patio a recoger hojas, hacer una guardia, entregar un horario firmado, dar el puré al pequeño, comer, echar una pequeña siesta y a los pocos minutos tras un día tan gris y tan hermoso al mismo tiempo encontrarte clavado en una butaca de cine y ver entrar en la sala nada más y nada menos que a William Friedkin.

Es difícil explicar qué extrañísima sensación se te queda teniendo a dos palmos de tu mirada a un mito del cine de los 70 y del cine en general después de un día tan absolutamente normal. Tiene todo algo de película de David Lynch. Nos presentan a Friedkin y nos levantamos al unísono de un estruendoso aplauso. A mí se me pone la carne de gallina y algo cercano a una lágrima se asoma a mi rostro.

La película que se va a proyectar es El exorcista, de la que me pongo a explicar en escasas líneas, o al menos en no demasiadas, por qué se trata de una película que amo especialmente, más allá de su indiscutible adscripción al cine de terror, sin la cual sería incomprensible pero además de su adscripción al cine de terror.

Miren, al margen de las cosas que nos comentó Friedkin, que tenían sin duda un enorme interés, aunque no he asistido a ningún coloquio donde lo dicho haya vencido en interés a la emoción fetichista de la presencia del invitado, les propongo olvidarse en lo que dura esta crónica de la documentación acerca de la película y muchísimo más aún de la traducción de sus significados.
Friedkin nos decía que era un film sobre la “fe”, que creía posible todo lo que allí pasaba porque no se podía filmar cine siendo un “escéptico”.

El exorcista  es sin duda un film sobre un terror exterior, sobre el Mal con mayúsculas y sobre la existencia de fuerzas y entes que no comprendemos. No hay dobles sentidos ni dobles lecturas, no hay nada agazapado detrás de eso pero al mismo tiempo es una representación inmejorable, insisto en que dejen al margen si lo pretende o no, de un misterio interior que está presente en todas las películas verdaderamente grandes de misterios exteriores.

Solaris sin duda es un caso paradigmático al respecto. Lem y Tarkovski les contarán, y no hay motivo para dudar de ellos, que es un film sobre una inteligencia superior, sobre Dios y sobre el Absoluto y su misterio. Sin embargo hay que ser muy prejuicioso para obviar que detrás de esa satanizada “historia de amor”, que nos parece siempre una simplificación de los temas “verdaderamente importantes”, hay una novela y un film poderosos sobre la incapacidad de la Humanidad para relacionarse plena y satisfactoriamente consigo mismos y con sus congéneres. Sobre la incapacidad de amar.

O en La semilla del diablo, entrando en el subgénero de los trances vitales, sin sugerir que todo lo que acaece sean imaginaciones de Rosemary, cómo no ver en la película una gran obra sobre las convulsiones vitales que sufre una mujer cuando está embarazada.

En El exorcista nos lo ponen francamente fácil. Regan es una niña de 12 años en un tránsito vital de paso a la adolescencia. El malestar físico y mental de ese momento vital donde tanto sufrimiento y tanta enfermedad eclosiona.

Sus padres están separados y la relación con su progenitor no es fácil. Vive en la convulsa América de los años 70, que solo intuimos en off a través de la película que rueda su madre, que trabaja como actriz. A día de hoy las convulsiones de la adolescencia siguen siendo un misterio, y el malestar un reto nunca asumido, los trastornos de conducta siguen siendo un terreno pantanoso donde se mezcla la absoluta incapacidad de la Ciencia, que prescribe innumerables y agotadoras pruebas médicas y un sinfín de medicinas, se mezcla digo, con la Moral, aquí travestida de Religión, que pretende inculcar sus pautas de “normalidad” a través de su pura enunciación moralista, como la que se realiza en la representación que aquí observamos de un exorcismo. “Sal de su cuerpo” parece bastar para solucionarlo todo.

En El exorcista  Ciencia y Religión se dan un tortazo contra lo inexplicable, contra lo inasible, contra un malestar personal imposible de detectar, justificar o explicar. Insisto en que son evidentes dos cosas:

1. Que no es un film que esté documentado que pretenda expresar esto pero me parece absurdo no poner aquí de manifiesto que lo expresa inmejorablemente .

2. Que sin sus ropajes de película de género, en la que es absolutamente brillante e inmejorable, nada de esto tendría sentido pues la expresión de ese malestar se diluiría en una masa amorfa o demasiado explícita en la que sería imposible entender nada.

La condición sin equa non para que El exorcista consiga un nivel tan alto de sentido es tener una puesta en escena extraordinaria donde Friedkin articula toda la acción entorno a dos escaleras (la de entrada y la de salida a la habitación de Regan). No tiene ninguna prisa por llegar al apogeo de la acción, como en Psicosis o Los pájaros. Y eso que al mismo tiempo economiza y nos ahorra antítesis demasiado obvias, pues es en el propio padre Karras en el que se dirime el fracaso de Ciencia y Religión.

Durante años el mito de El exorcista se ha comido a la propia película. Y mucho más habiendo padecido un doblaje como el español. Solo la versión original cuando empezamos a ver televisión digital nos devolvió la película que verdaderamente era y nos habíamos perdido. Hemos recuperado El exorcista y hemos constatado nuevamente como el mejor cine de género es capaz de mostrar como ninguno el verdadero misterio, que digan lo que digan los exégetas sobre lo divino siempre es el misterio humano.

 

Ficha técnica

.Título original:The Exorcist Año:1973 Duración:121 min.País:Estados Unidos Director: William Friedkin Guion:William Peter Blatty (Novela: William Peter Blatty) Música:Jack Nitzsche Fotografía:Owen Roizman Reparto:Linda Blair, Max von Sydow, Ellen Burstyn, Jason Miller, Lee J. Cobb, Kitty Winn, Jack MacGowran, Arthur Storch, Barton Heyman, Gina Petrushka Productora Warner Bros. Pictures

 

Sergio Sánchez

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