Europa, entre el abismo y la esperanza

Parlamento Europeo | Vía Pixabay/Jai79

La historia de Europa es convulsa desde sus inicios. Ha sido un continente marcado por guerras y conquistas constantes. A partir de los años cincuenta, después de la Segunda Guerra Mundial, los países europeos comenzaron un proceso de integración y construcción para pacificar Europa.  Este largo camino ha tenido episodios muy difíciles y los problemas han sido constantes. En los últimos tres años Europa ha experimentado acontecimientos de gran importancia que han puesto en entredicho sus propios principios. La crisis de civilización europea —y occidental en general— es palpable.  En la actualidad, se encuentra en un momento especialmente crítico.

En abril de 2014 estalló la guerra civil en el este Ucrania. Tras la revolución del Maidán y la expulsión del expresidente Yanukóvich, se produjo en el país un golpe de estado con el beneplácito de la Unión Europea y los Estados Unidos. Esta confrontación ha puesto más en relieve las conflictividades existentes con la Rusia de Putin.

En enero de 2015, el terrorismo islámico atacó a la revista satírica francesa Charlie Hebdo.  Los debates sobre terrorismo, multiculturalidad, libertad de expresión, xenofobia y islam resurgieron. Prácticamente un año más tarde, el 14 de noviembre, se producía el atentado en la sala Bataclán de París. Hace unos días, le tocaba a Niza. Los franceses suman más de 200 muertes en apenas un año.

Entre febrero y junio del 2015, la deuda y la situación económica de Grecia estuvieron en el centro de la agenda de la Unión. El gobierno de Alexis Tsipras estuvo negociando a capa y espada con los tecnócratas europeos. Sus intentos fallaron y SYRIZA acabó aceptando las políticas neoliberales.

El verano pasado, la crisis de los refugiados sacudió los cimientos de Europa, cuando aparecieron las fotos del niño Aylan muerto en las orillas del mar Egeo. La campaña emprendida por Angela Merkel con los refugiados hizo crecer la supuesta solidaridad europea con los más desfavorecidos. Europa se comprometió a dar asilo a miles de sirios. De las promesas a la realidad, hay un gran paso.

En junio de este año los británicos votaron por la permanencia en la Unión Europea y decidieron salir. Los mecanismos para la salida de la UE están en marcha y el Reino Unido está dividido. El valor de la libra ha bajado y los mercados se alertan. Tiempos de incertidumbre para el país.

El escritor anglo-pakistaní Tariq Ali explica que la Unión Europea está «sumida en el desorden» y que «las estrellas de la bandera de la UE están empezando a perder su brillo». También, el polémico periodista del The Guardian, Seumas Milne, cree la Unión Europea se encuentra en un proceso especialmente crítico, en el que «la ideología neoliberal, los privilegios de las grandes empresas y la ortodoxia de mercado quedaban más profundamente incorporados con cada revisión del Tratado».

Al fin y al cabo, la Unión Europea es ante todo un tratado basado en intereses económicos. Y esas relaciones económicas entre los países miembros son profundamente desiguales y reflejan la estructura de poder existente. La Unión Europea siempre ha tenido primacía por la economía que por la política. Aunque los últimos tratados europeos han ido reforzando el papel del Parlamento Europeo y el protagonismo de los ciudadanos, la Unión Europea sigue siendo una estructura de poder —de acuerdo a Milne— basada en intereses económicos, antidemocrática y asimétrica.

La Unión tiene dos opciones: la esperanza o el abismo. Aunque representan las dos caras de la misma moneda. Por un lado está la brújula, que permite redirigir y tomar otro camino. Por otro lado está el ancla, que no permite mover al barco. Para la tripulación, mover el barco es esperanzarla, mientras que quedarse anclado en mitad de la tormenta representa el abismo. Pero hay veces en que ni la brújula ni el ancla son la solución. Y es que la Unión parece no tener solución.

Martín Madridejos

3 comentarios

  1. Hoy por hoy, el problema de Europa es que se ha convertido en una organización dirigida por y para las élites -si es que dejó de serlo alguna vez- y donde resulta evidente que su dirección se ha distanciado tanto de la realidad social de sus conciudadanos que poco o nada tiene que ver con los mismos.

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